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Cuando
hubo dicho todas estas cosas, miró a su alrededor, y vio al piloto
de su nave de de pie junto al timón, mirando ora las velas desplegadas
y ora el horizonte.
Y
dijo: "Paciente, más que paciente es el capitán de mi nave.
El viento sopla, y las velas se encuentran inquietas y el tirnonel
pide el rumbo. Sin embargo, tranquilo, mi capitán aguarda mi silencio.
Y estos marinos míos, que han oído el coro del mayor de los mares,
también me han oído pacientes. Ahora no esperarán más. Estoy listo.
El arroyo ha llegado al mar, y una vez más la gran madre mantiene
al hijo junto a su seno".
* *
*
¡Adiós,
pueblo de Orfalis! Este día ha concluido. Está cerrándose sobre
nosotros lo mismo que el nenúfar sobre su propio mañana. Lo que
hoy nos fue otorgado, lo conservaremos. Y si no fuera bastante,
entonces habremos de venir juntos otra vez, y extender unidos las
manos hacia el Dador. No olvidéis que regresaré a vosotros.
Un solo instante, y mis afanes reunirán polvo y espuma para otro
cuerpo. Un solo instante, un momento de reposo sobre el aire, y
otra mujer me concebirá.
* *
*
¿Adiós
a vosotros y a la juventud que pasé con vosotros! Sólo fue ayer
cuando nos hallamos en un sueño. Habéis cantado para mí en la soledad,
y yo, con vuestros anhelos, he eregido una torre en el cielo. Mas
ahora nuestro deseo de dormir ha volado, nuestro ensueño ha finalizado,
y el amanecer no está lejos. El momento de la culminación se encuentra
sobre nosotros y nuestro semidespertar contempla un día más, y debemos
partir.
Si en el crepúsculo del recuerdo nos encontramos una vez más, unidos
hablarermos de nuevo, y vosotros me cantaréis una canción más profunda.
Y si nuestras manos volvieran a encontrarse en otro sueño, erigiremos
otra torre en el cielo.
* *
*
Y
así diciendo, hizo una seña a los marinos, e inmediatamente izaron
anclas, dejando al barco libre de sus amarras, e iniciaron la marcha
hacia Oriente.
Y un clamor salió de todo el pueblo como si se tratase de un solo
corazón, y fue elevándose hacia la oscuridad y fue llevado sobre
el mar como un gran trompetazo.
Sólo
Almitra guardó silencio, contemplando el barco hasta que desapareció
entre la niebla.
Y
cuando el pueblo entero se dispersó, aún siguió sola sobre el muelle,
recordando esta frase en su corazón: "Un solo instante, un
momento de reposo sobre el aire, y otra mujer me concebirá".
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