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Hubo
quienes llegaron hasta vosotros y a los cuales, por doradas promesas
hechas a vuestra fe, les habéis otorgado riquezas, poder y gloria.
Menos
que una promesa os he dado yo y, no obstante, habéis sido más generosos
conmigo. Me habéis dado mi anhelo más profundo después de la vida.
Os aseguro que no existe regalo mayor para un hombre que el que
cambia todos sus propósitos en unos labios quemantes, y la vida
entera en una fuente.
Y en esto estriban mi honor y mi recompensa.
De
forma que siempre que vengo a beber a la fuente, hallo sedienta
a la propia agua viviente. Y ella bebe de mí mientras yo bebo de
ella.
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Algunos
de entre nosotros me habéis fuzgado altivo y huraño para recibir
dádivas. Desde luego soy demasiado altivo para recibir jornales,
mas no dádivas. Y aunque haya comido bayas silvestres entre las
montañas, cuando habríais deseado tenerme sentado a vuestra mesa.
Y dormido en el pórtico del templo, cuando gustosos me hubierais
dado albergue. Sin embargo, ¿no fue vuestro cariñoso cuidado de
mis días y mis noches lo que hizo dulce a mi boca el alimento y
rodeó mi sueño de visiones?
* *
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Por
esto os bendigo más:
Es
mucho lo que dais sin siquiera saber que disteis. Realmente, la
benevolencia que se mira así misma en un espejo, se hace de piedra.
Y una buena acción que se llama a si misma con nombres tiernos,
termina siendo la causa de una maldición.
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Y
algunos de entre vosotros me habéis llamado altanero y embriagado
de mi propia soledad. Y habéis dicho: "Celebra consejo con
los árboles del bosque, mas no con los hombres. Se sienta sólo en
la cima de los montes y mira hacia abajo a nuestra ciudad".
Verdad es que he escalado las cimas y andado por lugares remotos.
¿Cómo puedo haberos contemplado, a no ser desde una gran altura
o desde una larga distancia? ¿Cómo puede uno hallarse cerca a menos
de que se encuentre lejos?
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Y
hubo otros que me llamasteis y, aunque no con palabras, me dijisteis:
"Extranjero, extranjero, enamorado de las cimas inaccesibles,
¿por qué moras en las cumbres donde las águilas hacen sus nidos?
¿Por qué buscas lo inasequible? ¿Qué tempestades pretendes atrapar
en tu red? Y qué aves vaporosas cazas en el cielo? Ven y sé uno
de nosotros. Desciende y aplaca tu hambre con nuestro pan, y calma
tu sed con nuestro vino".
Estas cosas las dijeron en la soledad de su corazón. Mas su soledad
era más profunda de cuanto creéan, por lo que solamente busqué el
secreto de vuestra alegría y de vuestro dolor. Y sólo pude cazar
vuestra mejor personalidad, la que va camino al cielo. Pero también
el cazador resultó cazado. Pues muchas de mis flechas salieron de
mi arco, solamente para ir en busca de mi propio pecho. Y el que
volaba tuvo que reptar. Porque cuando mis alas fueron desplegadas
al sol, su sombra sobre la tierra era una tortuga. Y yo el creyente,
fui también el descreído. Porque a menudo he colocado el dedo en
mi propia llaga para poder tener una fe mayor en vosotros y en el
máximo conocimiento vuestro.
* *
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Y
con esta fe y con este conocimiento os digo:
No
estáis prisioneros dentro de vuestro cuerpo, ni confinados en viviendas
o campos. Pues lo que es vuestro, tiene su morada por encima del
monte y vaga con el aire. No es algo que se arrastra al sol en busca
de calor, o cava agujeros en la oscuridad en busca de un sitio seguro.
Sino algo libre, un espíritu que envuelve la tierra y se mueve en
el éter.
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Si
éstas son palabras vagas, no tratéis de aclararlas. Vago y nebuloso
es el principio de todas las cosas, mas no su fin. Y me agradaría
ser recordado por vosotros como un principio de la vida, y todo
lo que vive, es concebido en la niebla y no en el cristal. ¿Y quién
sabe si el cristal no es niebla que mengua?
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Desearía
que esto lo recordarais al acordaros de mi: "Que aquello que
asemeja más débil y confuso en vosotros, es lo más fuerte y más
definido".
¿No
ha sido vuestro aliento el que ha erigido y endurecido la estructura
de vuestra osamenta? Y no es un sueño que ninguno de vosotros recuerda
haber soñado edificar vuestra ciudad y formar todo lo que existe
en ella? Si os fuera dado ver las oleadas de ese aliento, dejaríais
de ver todo lo demás. Y si os fuera dado oír el murmullo del sueño,
no podríais oír ningún otro sonido.
* *
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Pero
vosotros no veis, ni oís, y eso está bien. El velo que nubla vuestros
ojos será rasgado por las manos que lo tejieron. Y la arcilla que
tapa vuestros oídos será agujereada por aquellos dedos que la amasaron.
Y veréis. Y oiréis. Entonces no deploraréis haber sabido lo que
es ceguera, ni lamentaréis haber estado sordos. Pues en ese día
conoceréis los propósitos ocultos que existen en todas las cosas.
Y bendeciréis la oscuridad al igual que bendeciréis la luz.
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