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De
la Religión
un
anciano sacerdote dijo: << Háblanos de la Religión.>>
A lo cual el respondió:
¿Es
que os he hablado en este día de algo diferente? ¿Es que no son
religión todos los actos y todas las meditaciones? ¿Y aquello que
no es acto ni meditación, sino un milagro y una sorpresa que emana
siempre en el alma, aun cuando las manos cincelen la piedra o están
armando el telar? ¿Puede alguien separar su fe de sus acciones,
o su creencia de sus ocupaciones? ¿Quién puede extender sus horas
ante él, exclamando: Esto para Dios y esto es para mí. Esto para
mi alma y esto otro para mi cuerpo? Todas vuestras horas son alas
que baten el espacio de un ser a otro ser. Aquel que se cubre con
su moral como si se tratase de su mejor vestido, sería preferible
que andara desnudo. El viento y el sol no agrietarían su piel. Y
el que define su conducta con filosofías es como si encerrase a
su ave canora en una jaula.
* *
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La
canción más libre no brota por entre barrotes y rejas. Y aquel para
quien la adoración es una ojiva, que se abre pero que también se
cierra, todavía no ha visitado la morada de su alma, cuyas ojivas
están abiertas de par en par.
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Vuestra
vida cotidiana es vuestro templo y vuestra religión. Siempre que
penetréis en ella llevaos íntegro todo lo que os pertenece. Llevad
el arado y la forja, el mazo y el laúd. Las cosas que habéis creado
por necesidad o por deleite. Porque en el ensueño no podéis levantaros
por sobre vuestras hazañas ni caer por debajo de vuestros fracasos.
Y llevad con vosotros a todos los hombres: Porque en la adoración
no podéis volar más alto que sus esperanzas, ni humillaros más bajo
que su desesperación.
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Y
si conocierais a Dios no tendríais enigmas que descifrar. Mejor
será que miréis en torno a vosotros y le veréis jugando con vuestros
hijos. Y contemplad el espacio: Le veréis andando entre las nubes,
extendiendo. Sus brazos en el relámpago y descendiendo en la lluvia.
Le veréis sonriendo en las flores para después elevarse y agitar
sus manos en los árboles.
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