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De
la Oración
Fue
después una sacerdotisa la que le pidió: << Háblanos de la
Oración.>>
A lo que él contestó:
Oráis
en vuestra desgracia y en vuestra necesidad, ¡ojalá oraseis así
mismo cuando os sentís completamente felices y en vuestros días
de abundancia!
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Pues
¿qué es la oración sino la expansión de vuestro ser en el éter vivo?
Y si para vuestro consuelo vertéis vuestra oscuridad en el espacio,
asimismo es para vuestra satisfacción vaciar en él la aurora de
vuestro corazón. Y si solamente podéis llorar cuando vuestra alma
os incita a rezar, ella también os incitará una y otra vez, aunque
llorando, hasta que lleguéis a reír. Cuando estáis orando os eleváis
para hallar en el aire a quienes están rezando en ese mismo instante,
y a los cuales fuera del momento de la oración no podríais hallar.
Por lo tanto, haced que vuestra visita a ese templo invisible no
sea más que para el éxtasis y la comunión amable. Pues si penetraseis
en él solamente para humillaros, no seríais levantados. Y si lo
hacéis para orar por el bienestar de otros, no seréis oídos. Es
suficiente con que penetréis en el templo invisible.
* *
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No
puedo enseñaros cómo se reza con palabras. Dios no oye vuestras
palabras salvo cuando es Él mismo quien las expresa a través de
vuestros labios. Y no puedo enseñaros la oración de los mares, de
las selvas y de los montes. Pero vosotros, los que habáis nacido
en los montes y en los mares podéis hallar su oración en vuestro
corazón. Y si escucháis en la quietud de la noche, les escucharéis
decir silenciosamente: "Dios nuestro, que eres nuestro ser
alado, que la voluntad que está en nosotros sea la misma nuestra.
Que Tu deseo en nosotros sea también Nuestro deseo. Que Tu anhelo
en nosotros sea el que cambie nuestras noches, que son Tuyas, en
días que son también Tuyos. No podemos rogarte cosa alguna porque
Tú sabes nuestras necesidades antes de que estas se produzcan en
nosotros. Tú eres nuestra necesidad; y dándonos más de Ti mismo,
te nos da por entero".
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