De las Moradas

Fue después un albañil quien se adelantó para decir: <<Háblanos de las moradas.>>

A lo cual él respondió:

Construid con la imaginación una enramada en la selva antes que una casa dentro de la ciudad. Pues aun cuando en vuestro ocaso sintáis el deseo del hogar, así ese otro yo vagabundo que hay en vosotros, anhelará la lejanía y la soledad.

Vuestra mayor morada es vuestro cuerpo. Se desarrolla al sol y duerme en la tranquilidad de la noche; y no carece de sueños. ¿No sueña vuestra morada? Y al soñar ¿no abandona la ciudad para buscar el bosquecillo o la cumbre de la montaña?

* * *

Quisiera poder juntar vuestras moradas en la palma de mi mano, y cual sembrador poder esparcirlas por bosques y praderas. Desearía que los valles fuesen vuestras calles y las verdeantes sendas vuestras callejuelas, que os pudierais buscar los unos a otros por entre los viñedos, y retornar con el aroma de la tierra en vuestros vestidos.

Pero estas cosas no pueden suceder aún. En su miedo, vuestros antepasados os colocaron demasiado cerca unos de otros. Y ese miedo aún perdurará un poco más. Un poco más tendrán las murallas de vuestra ciudad separadas vuestras moradas de los campos que os pertenecen.

* * *

Y decidme vosotros, pueblo de Orfalis, ¿qué tenéis en estas casas? ¿Y qué es lo que escondéis con puertas aherrojadas?

Tenéis paz, esa tranquila necesidad que revela vuestra fuerza?

Tenéis recuerdos, esas arcadas relucientes que ligan las cumbres de la mente?

Tenéis belleza que es lo que conduce al corazón desde las cosas fabricadas en madera y piedra hasta la sagrada montaña?

Decidme, ¿tenéis todo esto en vuestras moradas? ¿O tenéis solamente comodidad, y el afán de la comodidad, que a escondidas penetra en la casa como huésped, se convierte más tarde en anfitrión y termina siendo el dueño?

* * *

Ay! y llega a ser domador, y armado con arpón y látigo hace que se vuelvan marionetas vuestros máximos anhelos.

Aunque sus manos son de seda, su corazón es de hierro. Os arrulla sólo para poder quedarse a la cabecera de vuestro lecho y mofarse de la dignidad de la carne. Hace escarnio de vuestros rectos sentidos, y los pone sobre algodón cual frágiles vasijas.

La realidad es que el anhelo por la comodidad mata la pasión del alma, y luego camina riéndose en el funeral.

* * *

Mas vosotros, hijos del espacio, los que no reposáis en el descanso, no seréis atrapados ni domados. Vuestra morada no será ancla, sino mástil.

Tampoco será membrana reluciente que tapa una herida, sino el párpado que guarda la pupila.

No doblaréis vuestras alas para cruzar las puertas, ni agacharáis vuestras cabezas para que no se peguen contra techo alguno, ni tendréis temor de respirar para que las paredes no se agrieten y se abatan.

No moraréis en tumbas hechas por el muerto para el vivo. Y, aunque magnificerite y esplendoroso, vuestras moradas no aprisionarán vuestro secreto ni guardarán vuestros deseos más vehementes.

Porque todo aquello que es ilimitado en vosotros mora en la mansión celestial, cuya puerta es la neblina matutina, y cuyas ojivas son las canciones y los silencios de la noche.

 

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