| Del
Trabajo
Después
un labrador pidió: <<Háblanos
del Trabajo.>>
Y
él contesto, diciendo:
Trabajad
para que podáis conservar la paz con la tierra y con su alma. Porque
el permanecer ocioso es volverse un extraño para las estaciones,
y dejar la procesión de la vida, que anda con majestad y orgullosa
sumisión hacia el infinito.
* * *
Cuando trabajáis os convertís en una flauta a través de cuyo corazón
se transforma en música el murmullo de las horas. ¿Quién de vosotros
desearía ser una chirimía, muda y silenciosa, mientras todo lo demás
canta cual un coro al unísono?
* * *
Siempre se os ha dicho que el trabajo es una maldición y la labor
una desgracia.
Pero yo os digo que cuando trabajáis cumplís con una parte del sueño
más remoto de la tierra, el cual os fue asignado cuando ese sueño
nació.
Y al estar siempre en el trabajo, estaráis en realidad amando la
vida. Y el amor a la vida por medio del trabajo, es intimar con
su secreto más hondo.
* * *

* * *
Pero
si en vuestra aflicción llamáis dolor al nacimiento y al sostén
de la carne una maldición impresa sobre vuestra frente, entonces
yo os advierto que nada que no sea el sudor de vuestra frente podrá
borrar lo que en élla ha sido impreso.
* * *
También
se os ha sido dicho que la vida es penumbra, y en vuestro cansancio
os hacéis eco de lo que os fuera dicho por el cansado. Y yo os advierto
que la vida es, efectivamente, penumbra excepto cuando en ella hallamos
estímulo. Y todo estímulo es ciego si no existe conocimiento, Y
todo conocimiento es inútil, si no va acompañado por el trabajo,
Y todo trabajo es cosa vacía salvo cuando existe amor.
Y cuando trabajáis con amor os juntáis uno al otro y también a Dios.
* * *
¿Y
qué es trabajar con amor? Es tejer la tela con hilos sacados de
vuestro corazón, es como si vuestro ser más amado tuviera que vestirse
con esa tela.
Es
construir una casa con cariño, como si vuestro ser más amado hubiese
de morar en ella. Es como poner la semilla en el surco con ternura
y recolectar la cosecha con alegría, como si vuestro ser más amado
hubiera de comer su fruto.
Es
impregnar todas las cosas que efectuáis con el aliento de vuestro
propio espíritu. Y saber que todos los muertos benditos se alzan
frente a vosotros y os miran.
* * *
Con frecuencia os he oído decir, como si hablaseis en sueños: El
que trabaja el mármol, y talla la forma de su alma en la piedra,
es más noble que aquel que ara la tierra. Y el que se adjudica el
arco iris para plasmarlo en un lienzo y convertirlo semejante al
hombre, es más valioso que aquel que hace las sandalias para nuestros
pies. Pero yo os aseguro, no en sueños, sino en la vigilia del mediodía,
que el aire no habla con más dulzura a los robles gigantescos que
a la minúscula brizna de hierba. Y sólo es grande aquel que convierte
la voz del aire en un cántico que su amor hace más dulce.
El
trabajo es un amor que se hace tangible. Y si no podéis trabajar
con amor sino tan sólo con desagrado, será preferible que dejéis
de trabajar y toméis asiento a la entrada del templo a pedir limosna
a los que trabajan con alegría.
Porque
si cocináis el pan con indiferencia estáis cociendo un pan amargo
que alimenta sólo a medias el hambre del hombre. Y
si pisáis las uvas con disgusto, ese disgusto será como un veneno
destilado en el vino. Y
si cantáis como ángeles, pero no amáis el canto, tapáis el oído
del hombre para que no pueda escuchar las voces del día y las de
la noche.
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