Del Sustento

Un anciano, el dueño de una hostería, dijo: <<Háblanos sobre el sustento.>>

Y él respondió:

Quisiera que pudierais vivir del aroma que emana de la tierra, y que al igual que una planta aérea fuerais sustentados por la luz. Pero como tenéis necesidad de matar para comer, y quitar al recién nacido la leche de su madre para calmar vuestra sed, permitid, pues, que ello se transforme en un acto de adoración. Y permitid que vuestra mesa sea un altar donde son sacrificados los puros e inocentes del bosque y de la pradera en aras de lo que en el hombre existe de más puro y más inocente.

* * *

Cuando déis muerte a un animal decidle en vuestro corazón:

Por la misma fuerza que te sacrifica, también yo seré sacrificado; e igualmente seré consumido. Púes la ley que te colocó en mis manos, me colgará en otras más poderosas. Tu sangre y la mía no son más que la savia de la cual se nutre al árbol de los cielos.

* * *

Y cuando mordáis una manzana con vuestros dientes, decidle en vuestro corazón:

Tus semillas habitarán en mi cuerpo. Y los capullos de tu futuro florecerán en mi corazón. Y tu aroma será mi aliento. Y juntos gozaremos a través de todas las estaciones del año.

* * *

Y en el otoño, cuando cosecháis las uvas en vuestros viñedos para transportarlas al lagar, decidles en vuestro corazón: 'También yo soy un viñedo, y mi fruto será recogido para transportarlo igualmente al lagar. E igual que el vino nuevo seré guardado en tinajas eternas'.

Y llegado el invierno, cuando bebáis el vino, permitid que vuestro corazón eleve un cántico con cada copa. Y permitid que en el cántico exista una remembranza para los días del otoño, para el viñedo, y para el lagar.

 

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