| De
las Dádivas
De
inmediato un hombre adinerado dijo: <<Háblanos
de las Dádivas.>>
A lo que él respondió:
Sólo
dais muy poco cuando donáis de lo que es vuestro. Es cuando donáis
de vosotros mismos cuando en realidad dais.
¿Qué
son en realidad vuestras posesiones sino cosas que guardáis y vigiláis
por miedo de perderlas mañana?
Y
el mañana, ¿qué aportará el mañana al perro excesivamente previsor
que entierra sus huesos en la arena carente de huellas mientras
va en pos de los peregrinos que se dirigen a la ciudad santa?
Acaso
no es la verdadera necesidad el temor a la necesidad? ¿Por qué el
temor de sufrir sed si vuestro pozo se encuentra lleno? ¿No es la
vuestra una sed insaciable?
* * *
También
existen aquellos que dan poco de lo mucho que poseen, y ello para
que les queden agradecidos, resultando que sus ocultos deseos hacen
que esas dádivas suyas sean indeseables.
En
cambio los hay que poseyendo poco lo dan todo. Son
éstos los que aman la vida y en su generosidad, su cofre jamás se
encontrará vacío.
Existen
otros que donan con alegría y esa misma alegría es su recompensa.
Y los hay quienes donan con dolor, por lo que ese dolor es su bautismo.
Y
están esos otros más que donan y no sienten dolor en ello, ni buscan
placer con ello, ni donan porque pretendan ser virtuosos. Donan
como en el valle el mirto perfuma la atmósfera con su aroma.
Dios
habla a través de las manos de los que son como éstos, y así mismo
a través de sus ojos sonríe Él sobre la tierra.
Siempre
el dar es cuando se nos pide, bueno pero mejor aún es dar sin que
se nos pida, por comprensión. Y para el generoso, la búsqueda del
necesitado es mayor placer que la dádiva misma.
¿Y existe alguna cosa que desearais guardar? Todo lo que tenéis
será dado algún día.
Así
que donad ahora, que la estación de las dádivas pueda ser vuestra
ahora y no de vuestros herederos.
* * *
Con
frecuencia soléis decir: Yo daría, pero solamente a quien lo amerita.
No es así como hablan los árboles en vuestro huerto, ni los rebaños
que pacen en vuestras praderas. Dan porque así pueden vivir, ya
que guardar es morir.
Con
seguridad aquel que es digno de recibir sus días y sus noches, es
digno igualmente de recibir de vosotros. Y aquel que fue digno de
beber del océano de la vida, es digno de llenar su copa de vuestro
arroyuelo.
¿Y
qué desierto más grande puede existir sino en el que yace el valor
y la confianza, y no la caridad de recibir?
¿Y
quiénes sois vosotros delante los cuales tienen los hombres que
abrir su pecho y desvelar su orgullo para que podáis mirar sus méritos
al desnudo y su orgullo sin rubor?
Ved
primero si merecéis vosotros ser donadores e instrumento para la
dádiva. Porque en realidad es la vida lo que da vida, mientras que
vosotros, que os consideráis donadores, no sois más que testigos.
* * *
Y
vosotros los que recibís, todos vosotros sois recibidores, no aceptéis
peso alguno de gratitud, no pongáis ese yugo sobre vosotros ni sobre
aquel que da.
Mejor alzaos junto con el donador por encima de sus dádivas como
sobre alas. Porque una sobreestimación de vuestra deuda, es poner
en duda la generosidad del liberal, cuya madre es la tierra y cuyo
padre es Dios.
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