La perspectiva bélica de la Seguridad Nacional

En décadas pasadas se difundió otra perspectiva bélica, conocida como de seguridad nacional, que comparte con la visión comunicativa del poder punitivo su carácter de ideología de guerra permanente (enemigo disperso que da pequeños golpes).  Por ello, sería una guerra sucia, contrapuesta a un supuesto modelo de guerra limpia, que estaría dado por una idealización de la Primera Guerra Mundial (1914 – 1918), curiosamente coincidente con el culto al heroísmo guerrero de los autoritarismos de entreguerras (la camaradería de trincheras, los colosos musculosos, etc.).  Se razonó que, dado que el enemigo no juega limpio, el estado no estaría obligado a respetar las leyes de la guerra, argumento con el cual se entrenaron fuerzas terroristas que no siempre permanecieron aliadas a sus entrenadores.  Con este argumento, se consideró una guerra lo que era delincuencia con motivación política y, pese a ello, tampoco se aplicaron los Convenios de Ginebra, sino que se montó el terrorismo de estado que victimizó a todos los sectores progresistas de algunas sociedades, aunque nada tuviesen que ver con actos de violencia.  La transferencia de esta lógica perversa a la pretendida guerra contra la delincuencia permite deducir que no sería necesario respetar las garantías penales y procesales por razones semejantes.  De este modo, así como la guerrilla habilitaba el terrorismo de estado y el consiguiente asesinato oficial, el delito habilitaría el crimen de estado.  Por este camino, la guerrilla habilitaba al estado a ser terrorista y el delito a ser criminal; en cualquier caso la imagen ética del estado sufre una formidable degradación y, por ende, pierde toda legitimidad.

Eugenio R. Zaffaroni, Manual de Derecho Penal, Parte General, 2da Edición, EDIAR, Bs As, 2010, Cap. 1: Poder punitivo y derecho penal, Pág. 18.