Brotes verdes

LAS COMPRAS DE DOLARES PARA ATESORAR Y PARA VIAJAR AL EXTERIOR SUMAN 25.728 MILLONES DESDE EL COMIENZO DEL GOBIERNO DE MACRI HASTA FIN DE AGOSTO.

Sin señales de recuperación económica pese al deseo de la red de voceros oficiosos, lo único que se mantiene firme es la fuga hacia el dólar, que está siendo atendida por un vertiginoso endeudamiento externo.

 Por Alfredo Zaiat

Las cifras que proporciona el anexo estadístico del balance cambiario del Banco Central son muy ilustrativas de los brotes verdes en la economía. En el período enero-agosto, la demanda para atesoramiento de dólares, ahorro en divisas transferido al exterior y turismo a otros países fue de 23.106 millones de dólares. Brote verde es la figura botánica que economistas ofrecen para explicar el inicio de una recuperación del nivel de actividad. El único que hoy muestra la economía de Macri es la compra de dólares pese al esfuerzo de su amplia red de voceros de que sean de la actividad económica. Si se agregan las compras de diciembre a partir del día 10, cuando comenzó la liberalización del mercado cambiario con la nueva administración, la suma trepa a 25.728 millones. Este monto es el principal indicador para evaluar la intensidad de la presión cambiaria en la gestión macrista. Si no fuera por la inmensa red oficial de sugestión colectiva desplegada en estos meses, esta impresionante dolarización de activos sería anotada como una de las corrida cambiarias más impresionante de los últimos años.

Restado los ingresos de dólares contabilizados en esos rubros, el resultado neto sigue siendo igual muy elevado, al sumar 14.599 millones desde el inicio del gobierno de Macri hasta fin de agosto. Es en el período que teóricamente hubo un shock de confianza en el mundo de los negocios. Hasta ahora, más allá de deseos de funcionarios y consultoras de la city macristas, el único brote verde de la economía es la fuga de ahorro en pesos hacia el dólar. Este acelerado proceso de dolarización fue atendido con los billetes obtenidos del vertiginoso endeudamiento externo a nivel nacional, provincial y del sector privado. Otra vez, como en el ciclo económico iniciado en 1976 que estalló en el 2001, la deuda externa esta financiando la fuga de capitales.

Es tal el desequilibrio de las cuentas fiscales provocado por el Ministerio de Finanzas y Deshacienda y la intensidad de la corrida cambiaria que el ritmo de endeudamiento externo no puede detenerse pese a la promesa oficial. El gobierno necesita más dólares para cubrir el déficit fiscal auto infligido, por la eliminación de aranceles de exportación (retenciones) y reducción de impuestos, y la recesión económica que deteriora los ingresos tributarios. También los necesita para atender la demanda creciente de divisas que se fugan y para cubrir la demanda para viajes al exterior. Para no desentonar con la devaluación rápida de la palabra oficial en estos meses, Finanzas anunció que habrá una nueva emisión de deuda en mercados europeos. El secretario Deutsche Bank de Finanzas, Luis Caputo, había asegurado en un acto en la Bolsa de Comercio de Córdoba, a principios de mayo, que el país no volvería a tomar deuda del exterior hasta el 2018. Hace pocos días el ministro Alfonso Prat-Gay adelantó que antes de fin de año el gobierno emitirá un bono nominado en euros.

Dolarización

No hay lluvia de inversiones ni shock de confianza en los primeros diez meses de la administración Macri. Los discursos de apoyo y de satisfacción de corporaciones locales y extranjeras por las políticas pro mercado son útiles para encubrir una acelerada dolarización de activos, en niveles iguales o superiores a las peores corridas padecidas por el kirchnerismo, en 2008 y 2011. El elemento diferente es que las actuales autoridades no consideran que la fuga sea un problema, e incluso el presidente del Banco Central, Federico Sturzenegger, manifiesta despreocupación por esa dolarización o por el stock de reservas. Afirma que la apertura plena de la cuenta capital (ingreso sin restricciones de capitales especulativos y facilidad de endeudamiento externo) no exige acumular reservas. Asegura además que la reducción de la tasa de inflación desalentará la compra de dólares y fortalecerá las colocaciones en pesos. En caso de alcanzar el objetivo de una desaceleración de precios, en situaciones similares, como en la convertibilidad, no hubo una menor dolarización, por el contrario, se profundizó. La respuesta que ofrece Sturzenegger es que ahora el tipo de cambio es libre, y que su ajuste lo definirá el mercado. Lo que minimiza el titular del Central es que en ese esquema puede avanzar el atraso del tipo de cambio, y en ese caso también aumentará la presión compradora de dólares, y si por el contrario se produce una devaluación habrá un nuevo shock inflacionario, lo que desalentará la inversión en pesos y fortalecerá la opción de acumular dólares.

Esa tendencia a la dolarización de ahorros por una u otra expectativa de los agentes económicos (atraso cambiario o devaluación) se profundizó en julio pasado cuando las compras en bancos y casas de cambio se ubicaron en un piso de 1500 millones. Al mes siguiente las compras brutas de billetes totalizaron 1567 millones concretadas por unos 647.000 clientes. Casi la mitad fue por operaciones de hasta 10.000 dólares. El Central eliminó el monto tope para la adquisición mensual de dólares por cliente. Primero repuso el máximo de 2 millones mensuales, luego lo elevó a 5 millones, para finalmente dejarlo sin límite. De ese total de compradores contabilizados por el Central en agosto pasado, 38.820 personas o empresas (6 por ciento) concretaron operaciones por encima de 5 millones sin justificar cuál sería el destino de esos dólares. A esas transacciones se le agregaron las compras de dólares canalizadas vía transferencias al exterior de libre disponibilidad, que en ese mes totalizaron 776 millones efectuadas por unos 700 clientes, y más de la mitad por sumas superiores a 5 millones.

El Banco Central reafirma en el último reporte del balance cambiario que las nuevas regulaciones establecen que las operaciones se pueden cursar sin la obligación de justificar con documentación cada una de ellas. Además que las compras de dólares dejaron de estar sujetas a un límite de monto y que se eliminaron las restricciones de acceso al mercado vinculadas a operaciones de derivados con contrapartes del exterior. También señala que se simplificaron las normas en materia de pagos de importaciones de bienes y de servicios, rentas, transferencias corrientes y activos no financieros no producidos y que se flexibilizaron las regulaciones en materia de ingreso y cancelación de deudas financieras.

Bicicleta

La amplia desregulación del mercado cambiario está acompañada de una impresionante emisión de títulos de deuda Lebac equivalente a la totalidad de la base monetaria y que terminará devengando intereses por más de 200 mil millones de pesos en el año. Este déficit cuasi fiscal creciente, que tarde o temprano se monetizará, es una presión adicional a futuro sobre la cotización del dólar. Para dilatar ese desenlace de la bicicleta ofrecida en bandeja al sistema financiero, la tasa de interés está siendo mantenida por encima de la inflación proyectada. Pero esa estrategia monetaria y cambiaria ahoga a la actividad productiva, sumergiendo a la economía en un círculo vicioso recesivo.

El millonario costo financiero de las Lebac para desalentar la dolarización de activos, objetivo que apenas lo está logrando, tiene como resultado un acelerado deterioro patrimonial del Banco Central. La entidad monetaria también ha instrumentado una política que ha derivado en una perdida de calidad en la integración de reservas (casi toda es en dólares de deuda externa) y ha dispuesto una desarticulación de la normativa de regulación financiera. Es un combo de medidas que constituye una fuente de inestabilidad inquietante. Se trata de una lógica neoliberal en desuso puesto que las propuestas de organismos internacionales conservadores (FMI, Bank for International Settlements – BIS-) orientan a que las bancas centrales de economías periféricas dispongan de mecanismos macroprudenciales básicos para minimizar los riesgos de crisis: control de capitales especulativos, acumulación de reservas, evitar el descalce de monedas. La gestión de Sturzenegger hace todo lo contrario.

La aceleración de la dolarización está poniendo presión sobre las reservas, que sólo se están alimentando de divisas que ingresan por vía de deuda. En el lapso enero-agosto, la inversión extranjera directa sumó apenas 1642 millones de dólares, pero la remisión de utilidades y dividendos a casas matrices totalizó 1916 millones. El saldo fue negativo en 274 millones. En lugar de una lluvia de inversiones, hasta ahora lo que ha sucedido es un retiro de fondos neto de la economía argentina por parte de empresas internacionales, agentes económicos a los que el gobierno está dirigiendo todo su esfuerzo de convocatoria. Sólo se han registrado ingreso de capitales de carácter especulativos, atraídos por elevadas tasas de interés de las Lebac y para jugar en la plaza bursátil con acciones y bonos. El monto de esos capitales fue de 1291 millones de dólares hasta fin del mes pasado, que por sus características resulta ser muy volátil. Permanecen en el mercado mientras pueden acumular una diferencia especulativa hasta que en un momento deciden abandonarlo para realizar ganancias, lo que deriva en inestabilidad financiera. El último informe de FIDE advierte que “el hecho de que el magro aumento de las reservas internacionales esté constituido por dólares ‘prestados’ se suma al listado de fenómenos que han provocado un aumento de la vulnerabilidad externa”.

Expectativas

El aumento en los despachos de cemento de agosto en 6,6 por ciento respecto al mismo mes del año pasado fue el dato clave para lanzar la campaña oficial “brotes verde”. Funcionarios, analistas que actúan como voceros oficiosos, periodistas que hasta hace poco se hacían denominar independientes y consultores de la city empezaron a difundir que ese indicador de consumo de cemento es una señal fuerte de la reversión del ciclo recesivo general. Tan entusiasmado estuvieron con las mayores ventas de Loma Negra, Cementos Avellaneda y Holcim (Juan Minetti) que los motivó a sentenciar que ya se produjo el punto de inflexión y se ha iniciado el sendero del crecimiento. En los últimos días medios oficialistas han empezado a dibujar escenarios positivos para los próximos meses cuando no existen indicadores consistentes de salida de la recesión. Es un aporte al optimismo fomentado por el departamento de propaganda y realidad virtual de la Jefatura de Gabinete de Ministros, concentrado en construir expectativas positivas acerca de las perspectivas económicas y en montar escenas publicitarias insólitas, como la un viaje simulado del presidente en un colectivo del conurbano. Sin subestimar la probada capacidad de esa dependencia pública de influenciar sobre un sector de la sociedad para convencerla de la existencia de una mejoría general pese a la caída real de su poder adquisitivo, la información de cada uno de los sectores industriales de agosto muestra resultados negativos sin señales por ahora de un cambio de esa tendencia. Por el momento, en los casi diez meses de gobierno de Mauricio Macri, el único brote verde que se ha consolidado fue la compra de dólares para atesoramiento y compra de pasajes y viajes al exterior.

azaiat@pagina12.com.ar

Fuente: http://www.pagina12.com.ar/diario/economia/2-310234-2016-09-25.html

JP al poder

En este nuevo ciclo político, inicialmente puede no haber contradicciones porque está en línea con la fórmula Macri al gobierno-JP al poder, pero en su transcurso y con sus previsibles efectos negativos en la economía esa sociedad puede empezar a padecer un deterioro en su legitimidad social y política. En las últimas semanas se manifestó en el mercado cambiario.

JP al Poder

Por: Por Alfredo Zaiat

JP Morgan cotizó los bonos a la mitad, y el BCRA aceptó. Fue una transacción abusiva de la banca, además con un costo financiero de 300 millones de dólares por la tasa de interés pactada.

El ministro de Hacienda y Finanzas, Alfonso Prat-Gay, fue ejecutivo de JP Morgan en Nueva York y Londres. El secretario de Finanzas, Luis Caputo, trabajó en el JP Morgan en Buenos Aires y Nueva York. El director Ejecutivo y jefe para América Latina del JP Morgan, Vladimir Werning, fue designado como secretario de Política Económica y Planificación del Desarrollo.

Uno de los directores del Banco Central Demian Reidel comenzó su carrera en el sector financiero en el área de investigación sobre mercados emergentes en JP Morgan. El mismo origen de estos funcionarios motivó al titular de la asociación que reúne a la banca extranjera en el país, Claudio Cesario, a definir al primer equipo económico del gobierno de Macri como “el Barcelona”. Por los resultados conseguidos hasta ahora en los partidos actividad económica, empleo, inflación y mercado cambiario, es el Barcelona que perdió por goleada global 7 a 0 con el Bayern Munich en la semifinal de la Champions League 2012/2013.

La primera tarea requerida al JP Morgan fue que determine el valor de tres nuevos títulos Bonar con diferentes fechas de vencimiento (2022, 2025 y 2027), sin cotización en el mercado. Esos bonos nacieron del Megacanje II. La definición de ese valor teórico fue clave para fijar el monto de dólares que un grupo de bancos extranjeros (uno de ellos JP Morgan, además del Santander, HSBC, Citi, BBVA Deutsche, UBS) entregó al Banco Central para abultar las reservas. Fueron unos 5000 millones de dólares a cambio de bonos por 10 mil millones de dólares en garantía de ese pase financiero. JP Morgan cotizó los bonos a la mitad, y el BCRA aceptó. Fue una transacción abusiva de la banca, además con un costo financiero de 300 millones de dólares por la tasa de interés pactada, facilitada por haber definido antes el también costoso Megacanje II. Esos papeles surgieron de ese trueque de papeles entre el Tesoro y el BCRA, operación que debe considerase como el disparo de largada para un nuevo ciclo de endeudamiento gigantesco. El JP Morgan participará también en la colocación de deuda para conseguir los dólares del pago en efectivo a los fondos buitre.

Este aporte del equipo económico es razón suficiente para el elogio de la banca extranjera, aunque las previsiones y resultados iniciales de la gestión no sean para celebrar. Antes de asumir como ministro, Prat-Gay publicitaba que la eliminación de las regulaciones cambiarias no iba a provocar una escalada inflacionaria porque los precios estaban fijados en un valor entre 13,50 y 14,50 pesos. No fue así. Prometió transparencia en el manejo del Indec y estalló una nueva crisis de credibilidad sobre cómo se elaborarán los indicadores con la designación como director técnico del Instituto de Fernando Cerro, a quién él denunció en la justicia por manipulación de los índices. Recibió una economía con un déficit fiscal de 2,3 por ciento y con contabilidad creativa y con propias medidas de desfinanciamiento del Estado (eliminación de retenciones y reducción de impuestos) lo infló hasta el 7,0 por ciento, cifra que le sirve como excusa para el ajuste y el endeudamiento. En una presentación que hizo ante la Corte de Apelaciones de Manhattan como amicus curiae a favor de Argentina en el litigio con los buitres, en 2013, había afirmado “¿qué tan justo sería que los holdouts consigan un mejor acuerdo, así sea un centavo más que los que entraron en el canje?”. Ahora presenta un pacto con los fondos buitre que es la capitulación argentina, como lo describen en detalle los principales medios financieros internacionales. No sólo se reconocerá el capital, intereses y punitorios a los buitres, sino que Argentina se comprometió a pagar los gastos de los abogados de Paul Singer por unos 250 millones de dólares.

Sin presentar un programa fiscal y financiero, Prat-Gay lanzó una amenaza: si no se aprueba el acta de rendición a los buitres, el ajuste fiscal será mayor y las provincias no serán asistidas por la Nación para financiar obras o desequilibrios de las cuentas. No es así. Claudio Scaletta lo explicó en varias oportunidades en sus editoriales en el suplemento económico Cash, la convocatoria a participar de un endeudamiento extraordinario de Prat-Gay no servirá para aliviar el déficit fiscal. La deuda que se tomará es en dólares, no en pesos. El déficit de las cuentas públicas es en pesos. Los dólares de la nueva deuda permitirán atender el déficit de cuenta corriente, no el fiscal. La Nación y las provincias pagan en pesos sus gastos, no en dólares. Gobernadores y legisladores deben conocer esta diferencia conceptual y práctica para eludir los mecanismos extorsivos que ha desplegado el oficialismo para conseguir el respaldo a las condiciones de rendición a los buitres.

Las divisas que ingresarán al Banco Central por la colocación de deuda (de la Nación, provincias y empresas) tendrán como contrapartida la emisión de pesos. Como la conducción de la entidad monetaria es ortodoxa monetarista, y tiene como dogma que la emisión es la causa de la inflación, diseñará una estrategia de absorción monetaria de esa expansión provocada por el endeudamiento en dólares. Aumentará así la deuda en pesos vía Lebac del Banco Central. El saldo será entonces un doble endeudamiento: en dólares para pagar a los buitres y para cubrir el desequilibrio del sector externo, y en pesos en el balance del BC para limitar la expansión monetaria de esa nueva deuda. Un resultado inquietante en relación al nivel de solvencia global de las cuentas públicas.

Si se trata de financiar el desequilibrio autoinfligido por el macrismo de las cuentas públicas y de asistir financieramente a las provincias, el Banco Central contará con abultados recursos ociosos por las ganancias en pesos que contabilizará por la megadevaluación. Pero el fundamentalismo monetarista predomina con el JP en el poder, y bien vale una recesión y alza de la desocupación en el altar de un dogma que es un fiasco por sus resultados económicos y sociolaborales.

La estrategia de la extorsión no es una originalidad del macrismo. En los noventa fue habitual con Domingo Cavallo en Economía y el FMI auditando cada tres meses las cuentas de la economía. Las leyes de privatización de empresas públicas, flexibilización laboral o de déficit cero eran presentadas como la salvación o el caos. Ahora es firmar la capitulación ante los buitres o un ajuste aún más fuerte. Quien ha definido los términos de la extorsión política fue el juez Thomas Griesa, quien para avalar el pacto con los buitres exigió a los representantes del gobierno argentino la derogación de las leyes Cerrojo y Pago Soberano y que se cancele los compromisos del juicio antes del 14 de abril. El equipo de Prat-Gay aceptó esas ofensivas condiciones.

Cuando se ingresa en ese círculo vicioso de acceder a ese tipo de exigencias del dispositivo de poder de las finanzas globales, e incluso festejarlas como hizo el ministro en conferencia de prensa, se pierde el control sobre la gestión de la política económica doméstica. Esta queda dominada por los intereses de los financistas. En este nuevo ciclo político, inicialmente puede no haber contradicciones porque está en línea con la fórmula Macri al gobierno-JP al poder, pero en su transcurso y con sus previsibles efectos negativos en la economía esa sociedad puede empezar a padecer un deterioro en su legitimidad social y política. En las últimas semanas se manifestó en el mercado cambiario.

Una conducción del Banco Central que se presentó en sociedad como experta y profesional fue puesta a prueba dejando al descubierto su inexperiencia y soberbia. Dejó el control de una variable clave (el tipo de cambio) en manos del mercado (complejo agroexportador y bancos) desatando una corrida inesperada y muy intensa teniendo en cuenta que fue contra un gobierno “amigable con el mercado”, en luna de miel con la mayoría de la población, con protección mediática y alivio en el mundo de los negocios por el regreso del neoliberalismo. Bajo esas extraordinarias condiciones favorables el Banco Central perdió reservas por casi 2500 millones de dólares en un bimestre (el 50 por ciento del pase oneroso con la banca extranjera) y la cotización del dólar superó los 16 pesos.

Los resultados poco favorables en materia de inflación y en las variables financieras motivó al gobierno a disfrazarlos con una sobreactuación acerca de la herencia recibida. La gestión económica, cambiaria y monetaria improvisada (por caso, el Banco Central subió fuerte la tasa de interés, luego la bajó, para después volver a subirla, bruscos movimientos en menos de tres meses) es un potente motor de inestabilidad económica. La ortodoxia dura exige más ajuste fiscal, opción que sólo acelerará el sendero de la crisis construida por el macrismo. Esos fundamentalistas del orden de las cuentas públicas están esperando que el grupo de ex JP culmine el trabajo de capitulación con los fondos buitre para saltar del banco de suplente y mandar a los vestuarios a este equipo económico, que más que Barcelona se mostró como un rejunte de jugadores amateurs que sólo saben de negocios financieros para rédito de sus anteriores empleadores.

Fuente: http://www.telesurtv.net/opinion/JP-al-poder-20160307-0017.html

Prat Gay dibujó los números para inventar un déficit fiscal de 7 puntos

El diputado Nacional por el FPV y ex ministro de Economía del kirchnerismo, explica paso a paso cómo el actual ministro de Hacienda y Finanzas, Alfonso Prat Gay, tuvo que dibujar los números de la economía para llevar la “pesada herencia recibida” de 2,3 puntos de déficit fiscal al mágico número de 7 puntos del PBI, en línea con lo que Macri sostuvo durante la campaña

Axel Kicillof

A esta altura de los acontecimientos a nadie se le puede escapar que el gobierno de Macri está implementando un clásico programa de ajuste. Tampoco se le puede escapar a nadie que ha decidido usar como “justificación” para su plan económico la presunta “pesada herencia” que recibió de Cristina. Claro está que lo sucedido en los primeros dos meses de gobierno contrasta con las declaraciones de Macri en campaña, cuando por ejemplo el 17 de noviembre dijo en el programa de Jorge Rial: “No vamos a devaluar, es una mentira”. O como cuando un recién asumido Prat-Gay, el 12 de diciembre, dijo: “La Argentina está en buenas condiciones (…) no hay urgencias (…) Nos dejan una herencia complicada pero no se compara con otros momentos del país”; y negó que estuviera en sus planes “abrumar” con “una batería de medidas”.

En la historia argentina, los grandes planes de ajuste vinieron siempre precedidos de una grave y evidente crisis económica. Se proponía entonces un gran sacrificio para salir de un gran desastre. Por eso los ministros de Economía se hicieron célebres con frases como “hay que pasar el invierno”; “el que apuesta al dólar, pierde”; “les hablé con el corazón y me contestaron con el bolsillo”; “con la Convertibilidad habrá más de seis décadas de crecimiento y prosperidad en la Argentina”; “el que depositó pesos recibirá pesos, el que depositó dólares, recibirá dólares”.

El “pequeño detalle” es que el gobierno de Macri no recibió una economía en crisis, ni mucho menos. No es que lo diga yo –una parte interesada–, sino que es lo que muestran absolutamente todas las consultoras privadas. Durante el año 2015, la economía brasileña se contrajo cerca de un 3 por ciento, por caso. Pero para Argentina 2015 no fue un año recesivo. Según la consultora Ferreres, la economía creció un 1,7 por ciento, la industria 1,1 y la inversión un 1 por ciento. Para el FMI, el crecimiento fue del 1,5 por ciento. Es decir, la economía no estaba estancada ni en caída, ni siquiera para los detractores del gobierno de Cristina. Tampoco se sufría una aceleración inflacionaria. Es más, todas las consultoras privadas reconocían que la inflación venía cayendo fuertemente desde 2014. Comparando eneronoviembre de 2014 con el mismo lapso de 2015, según Elypsis la inflación había caído del 31,4 al 18,2 por ciento, es decir, una marcada desaceleración del 13,2 por ciento. Las estadísticas de la Ciudad de Buenos Aires mostraban lo mismo, ya que la inflación pasó de ser del 33,6 por ciento en 2014 al 19,7 en 2015, es decir, la desaceleración fue del 13,9 en un año. Lo mismo para el IPC Congreso que pasó del 33,5 por ciento al 20,4, es decir, se redujo un 13,1 por ciento. Las reservas estaban al 10 de diciembre en 25 mil millones de dólares, después de pagar en octubre el vencimiento más grande de la década: 5900 millones de dólares del Boden 15. Recordemos también que Néstor Kirchner recibió en 2003 reservas por 11 mil millones, y que recién después de tres años arañaba los 25 mil.

En síntesis: ni aumento del desempleo, ni caída de la actividad, ni aceleración de la inflación, ni drástica caída de reservas. La crisis no se veía por ningún lado. Pero Macri y su equipo económico ortodoxo estaban decididos a aplicar de todos modos y en cualquier caso su política económica de ajuste.

A toda esta construcción marketinera, hay que agregar un punto más: el déficit fiscal. Muchas veces en la historia argentina hubo déficit e insolvencia del Estado Nacional. Esta situación lleva a que no se puedan pagar o se demore el pago de jubilaciones, sueldos del Estado, giros a las provincias. Pero nada de eso pasó. Por el contrario, luego de asumir, el gobierno de Macri comenzó a cumplir sus promesas de campaña “perdonando” impuestos a sectores concentrados como los sojeros o mineros y a dar subsidios a otros, como los petroleros. Ese “derroche” deja a las claras que “problemas de caja” no parece tener. Por lo tanto, el déficit fiscal apremiante pasó a ser lisa y llanamente una inmensa mentira, para justificar la política de ajuste que Macri iba a implementar de todos modos. Tal como lo reconoció el propio Prat-Gay en su segunda conferencia de prensa del 13 de enero.

Para empezar, el ministro de Hacienda dijo que el déficit fiscal de 2015 –medido como lo hacen todos los países del mundo– alcanzó el 2,3 por ciento del PIB. Pero ese nivel de déficit no servía como excusa para su plan, ni tampoco es “alarmante”. De hecho, tener déficit ha sido la condición normal de los países en esta etapa: según el FMI, de 188 países sólo 18 tuvieron superávit financiero y 34 superávit primario en 2015. Y países como Estados Unidos, Brasil, España, Japón, Reino Unido tuvieron más déficit que Argentina.

El porcentaje de déficit fiscal se calculó utilizando la metodología usual, que respetan todos los países y que proviene del Manual del Fondo Monetario Internacional. Pero en su conferencia de prensa, Prat-Gay decidió utilizar otra metodología, de su invención. El objetivo era “elevar” ese déficit para que cumpliera el papel propagandístico. Lo que sigue es algo técnico, pero fácil de comprender.

Luego de reconocer el 2,3 por ciento, Prat-Gay comenzó con una ensalada de sumas y restas para concluir que –según su propio método– el déficit era del 7 por ciento. ¿Qué sumó? Primero, sumó los gastos que quedaron sin pagar y pasaron al año siguiente, por un 1 por ciento del PIB. Ningún país del mundo lo suma cuando calcula el déficit. ¿Por qué? Porque todos los años quedan ciertos gastos que se pagan el siguiente ejercicio. Lo mismo había ocurrido en 2014, de modo que si quiere “sumar” los gastos que quedan para el año próximo, debería al menos “restar” los pagos que se hicieron en 2015 pero eran del año anterior. Si no, es una verdadera burrada. Pero como el objetivo era “construir” un déficit alto, parece que valían las burradas.

Engordado así, el supuesto déficit solamente alcanzaba el 3,5 del PIB. Había que seguir sacando conejos de la galera. Por eso Prat Gay decidió “restar” todos los ingresos que el Banco Central le giró al Tesoro Nacional. Como todo el mundo sabe y tal como se refleja en la Carta Orgánica del BCRA, el Estado Nacional es el único dueño del Banco Central. Las ganancias del banco van a su dueño, el Estado. Es un procedimiento habitual, por ejemplo, el 29 de enero de este año pudimos saber que el Banco Ciudad había girado sus ganancias al Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. Bien, Prat Gay decidió “descontar” este ingreso del Estado para engrosar el supuesto déficit, que entonces llegó artificialmente al 5,8 del PIB.

Aplicando contabilidad creativa, ya habían logrado sacar dos conejos de la galera, y así exagerar la situación de la caja. Pero no alcanzaba todavía, porque durante toda la campaña repitieron el mágico número del 7 por ciento para hablar de déficit. Recurrió entonces a un verdadero hallazgo. Sumó al presunto déficit que dejó Cristina ni más ni menos que… ¡las promesas de campaña de Mauricio Macri! Veamos cómo lo dijo textualmente:

Sobre la herencia, para ser completamente honestos y transparentes, tenemos que agregar las cosas que nosotros prometimos en campaña. Ustedes saben que prometimos muchas cosas en campaña y que las hemos ido cumpliendo… ¿Cuál es el costo de esas promesas de campaña? (… eso implica alrededor de casi 1 punto y medio del PBI. Entonces, el punto de partida de herencia, más promesas, y toda la herencia adentro, es un déficit primario del 7 por ciento del PBI. Eso sí, hay que irse 40 años atrás para encontrar este nivel de déficit o de desequilibrio, o el título que ustedes quieran”.

Créalo o no. El déficit verdadero, aceptado por Prat-Gay, fue el 2,3 por ciento. Pero alguien le habrá dicho: “No, Alfonso, querido, no vas a reconocer ese número, si toda la campaña dijimos 7. Inventá algo, dibujá y llegá al 7”.

El resultado de este juego de ilusionismo no es, sin embargo, ni ilusión y ni fantasía. Todo lo contrario, es una verdadera pesadilla. Este déficit totalmente inventado es el que están usando como justificación para echar gente, achicar el Estado, quitar subsidios, modificar el régimen de jubilaciones y aumentar tarifas. Es penoso confirmar que lo que dijimos una y otra vez en la campaña electoral se va cumpliendo paso a paso. El verso del “déficit fiscal descontrolado” es sólo una mala excusa para seguir recortando derechos.

Fuente: http://portaldenoticias.com.ar/2016/02/18/kicillof-detallo-como-prat-gay-dibujo-los-numeros-para-inventar-un-deficit-fiscal-de-7-puntos/