Brotes verdes

LAS COMPRAS DE DOLARES PARA ATESORAR Y PARA VIAJAR AL EXTERIOR SUMAN 25.728 MILLONES DESDE EL COMIENZO DEL GOBIERNO DE MACRI HASTA FIN DE AGOSTO.

Sin señales de recuperación económica pese al deseo de la red de voceros oficiosos, lo único que se mantiene firme es la fuga hacia el dólar, que está siendo atendida por un vertiginoso endeudamiento externo.

 Por Alfredo Zaiat

Las cifras que proporciona el anexo estadístico del balance cambiario del Banco Central son muy ilustrativas de los brotes verdes en la economía. En el período enero-agosto, la demanda para atesoramiento de dólares, ahorro en divisas transferido al exterior y turismo a otros países fue de 23.106 millones de dólares. Brote verde es la figura botánica que economistas ofrecen para explicar el inicio de una recuperación del nivel de actividad. El único que hoy muestra la economía de Macri es la compra de dólares pese al esfuerzo de su amplia red de voceros de que sean de la actividad económica. Si se agregan las compras de diciembre a partir del día 10, cuando comenzó la liberalización del mercado cambiario con la nueva administración, la suma trepa a 25.728 millones. Este monto es el principal indicador para evaluar la intensidad de la presión cambiaria en la gestión macrista. Si no fuera por la inmensa red oficial de sugestión colectiva desplegada en estos meses, esta impresionante dolarización de activos sería anotada como una de las corrida cambiarias más impresionante de los últimos años.

Restado los ingresos de dólares contabilizados en esos rubros, el resultado neto sigue siendo igual muy elevado, al sumar 14.599 millones desde el inicio del gobierno de Macri hasta fin de agosto. Es en el período que teóricamente hubo un shock de confianza en el mundo de los negocios. Hasta ahora, más allá de deseos de funcionarios y consultoras de la city macristas, el único brote verde de la economía es la fuga de ahorro en pesos hacia el dólar. Este acelerado proceso de dolarización fue atendido con los billetes obtenidos del vertiginoso endeudamiento externo a nivel nacional, provincial y del sector privado. Otra vez, como en el ciclo económico iniciado en 1976 que estalló en el 2001, la deuda externa esta financiando la fuga de capitales.

Es tal el desequilibrio de las cuentas fiscales provocado por el Ministerio de Finanzas y Deshacienda y la intensidad de la corrida cambiaria que el ritmo de endeudamiento externo no puede detenerse pese a la promesa oficial. El gobierno necesita más dólares para cubrir el déficit fiscal auto infligido, por la eliminación de aranceles de exportación (retenciones) y reducción de impuestos, y la recesión económica que deteriora los ingresos tributarios. También los necesita para atender la demanda creciente de divisas que se fugan y para cubrir la demanda para viajes al exterior. Para no desentonar con la devaluación rápida de la palabra oficial en estos meses, Finanzas anunció que habrá una nueva emisión de deuda en mercados europeos. El secretario Deutsche Bank de Finanzas, Luis Caputo, había asegurado en un acto en la Bolsa de Comercio de Córdoba, a principios de mayo, que el país no volvería a tomar deuda del exterior hasta el 2018. Hace pocos días el ministro Alfonso Prat-Gay adelantó que antes de fin de año el gobierno emitirá un bono nominado en euros.

Dolarización

No hay lluvia de inversiones ni shock de confianza en los primeros diez meses de la administración Macri. Los discursos de apoyo y de satisfacción de corporaciones locales y extranjeras por las políticas pro mercado son útiles para encubrir una acelerada dolarización de activos, en niveles iguales o superiores a las peores corridas padecidas por el kirchnerismo, en 2008 y 2011. El elemento diferente es que las actuales autoridades no consideran que la fuga sea un problema, e incluso el presidente del Banco Central, Federico Sturzenegger, manifiesta despreocupación por esa dolarización o por el stock de reservas. Afirma que la apertura plena de la cuenta capital (ingreso sin restricciones de capitales especulativos y facilidad de endeudamiento externo) no exige acumular reservas. Asegura además que la reducción de la tasa de inflación desalentará la compra de dólares y fortalecerá las colocaciones en pesos. En caso de alcanzar el objetivo de una desaceleración de precios, en situaciones similares, como en la convertibilidad, no hubo una menor dolarización, por el contrario, se profundizó. La respuesta que ofrece Sturzenegger es que ahora el tipo de cambio es libre, y que su ajuste lo definirá el mercado. Lo que minimiza el titular del Central es que en ese esquema puede avanzar el atraso del tipo de cambio, y en ese caso también aumentará la presión compradora de dólares, y si por el contrario se produce una devaluación habrá un nuevo shock inflacionario, lo que desalentará la inversión en pesos y fortalecerá la opción de acumular dólares.

Esa tendencia a la dolarización de ahorros por una u otra expectativa de los agentes económicos (atraso cambiario o devaluación) se profundizó en julio pasado cuando las compras en bancos y casas de cambio se ubicaron en un piso de 1500 millones. Al mes siguiente las compras brutas de billetes totalizaron 1567 millones concretadas por unos 647.000 clientes. Casi la mitad fue por operaciones de hasta 10.000 dólares. El Central eliminó el monto tope para la adquisición mensual de dólares por cliente. Primero repuso el máximo de 2 millones mensuales, luego lo elevó a 5 millones, para finalmente dejarlo sin límite. De ese total de compradores contabilizados por el Central en agosto pasado, 38.820 personas o empresas (6 por ciento) concretaron operaciones por encima de 5 millones sin justificar cuál sería el destino de esos dólares. A esas transacciones se le agregaron las compras de dólares canalizadas vía transferencias al exterior de libre disponibilidad, que en ese mes totalizaron 776 millones efectuadas por unos 700 clientes, y más de la mitad por sumas superiores a 5 millones.

El Banco Central reafirma en el último reporte del balance cambiario que las nuevas regulaciones establecen que las operaciones se pueden cursar sin la obligación de justificar con documentación cada una de ellas. Además que las compras de dólares dejaron de estar sujetas a un límite de monto y que se eliminaron las restricciones de acceso al mercado vinculadas a operaciones de derivados con contrapartes del exterior. También señala que se simplificaron las normas en materia de pagos de importaciones de bienes y de servicios, rentas, transferencias corrientes y activos no financieros no producidos y que se flexibilizaron las regulaciones en materia de ingreso y cancelación de deudas financieras.

Bicicleta

La amplia desregulación del mercado cambiario está acompañada de una impresionante emisión de títulos de deuda Lebac equivalente a la totalidad de la base monetaria y que terminará devengando intereses por más de 200 mil millones de pesos en el año. Este déficit cuasi fiscal creciente, que tarde o temprano se monetizará, es una presión adicional a futuro sobre la cotización del dólar. Para dilatar ese desenlace de la bicicleta ofrecida en bandeja al sistema financiero, la tasa de interés está siendo mantenida por encima de la inflación proyectada. Pero esa estrategia monetaria y cambiaria ahoga a la actividad productiva, sumergiendo a la economía en un círculo vicioso recesivo.

El millonario costo financiero de las Lebac para desalentar la dolarización de activos, objetivo que apenas lo está logrando, tiene como resultado un acelerado deterioro patrimonial del Banco Central. La entidad monetaria también ha instrumentado una política que ha derivado en una perdida de calidad en la integración de reservas (casi toda es en dólares de deuda externa) y ha dispuesto una desarticulación de la normativa de regulación financiera. Es un combo de medidas que constituye una fuente de inestabilidad inquietante. Se trata de una lógica neoliberal en desuso puesto que las propuestas de organismos internacionales conservadores (FMI, Bank for International Settlements – BIS-) orientan a que las bancas centrales de economías periféricas dispongan de mecanismos macroprudenciales básicos para minimizar los riesgos de crisis: control de capitales especulativos, acumulación de reservas, evitar el descalce de monedas. La gestión de Sturzenegger hace todo lo contrario.

La aceleración de la dolarización está poniendo presión sobre las reservas, que sólo se están alimentando de divisas que ingresan por vía de deuda. En el lapso enero-agosto, la inversión extranjera directa sumó apenas 1642 millones de dólares, pero la remisión de utilidades y dividendos a casas matrices totalizó 1916 millones. El saldo fue negativo en 274 millones. En lugar de una lluvia de inversiones, hasta ahora lo que ha sucedido es un retiro de fondos neto de la economía argentina por parte de empresas internacionales, agentes económicos a los que el gobierno está dirigiendo todo su esfuerzo de convocatoria. Sólo se han registrado ingreso de capitales de carácter especulativos, atraídos por elevadas tasas de interés de las Lebac y para jugar en la plaza bursátil con acciones y bonos. El monto de esos capitales fue de 1291 millones de dólares hasta fin del mes pasado, que por sus características resulta ser muy volátil. Permanecen en el mercado mientras pueden acumular una diferencia especulativa hasta que en un momento deciden abandonarlo para realizar ganancias, lo que deriva en inestabilidad financiera. El último informe de FIDE advierte que “el hecho de que el magro aumento de las reservas internacionales esté constituido por dólares ‘prestados’ se suma al listado de fenómenos que han provocado un aumento de la vulnerabilidad externa”.

Expectativas

El aumento en los despachos de cemento de agosto en 6,6 por ciento respecto al mismo mes del año pasado fue el dato clave para lanzar la campaña oficial “brotes verde”. Funcionarios, analistas que actúan como voceros oficiosos, periodistas que hasta hace poco se hacían denominar independientes y consultores de la city empezaron a difundir que ese indicador de consumo de cemento es una señal fuerte de la reversión del ciclo recesivo general. Tan entusiasmado estuvieron con las mayores ventas de Loma Negra, Cementos Avellaneda y Holcim (Juan Minetti) que los motivó a sentenciar que ya se produjo el punto de inflexión y se ha iniciado el sendero del crecimiento. En los últimos días medios oficialistas han empezado a dibujar escenarios positivos para los próximos meses cuando no existen indicadores consistentes de salida de la recesión. Es un aporte al optimismo fomentado por el departamento de propaganda y realidad virtual de la Jefatura de Gabinete de Ministros, concentrado en construir expectativas positivas acerca de las perspectivas económicas y en montar escenas publicitarias insólitas, como la un viaje simulado del presidente en un colectivo del conurbano. Sin subestimar la probada capacidad de esa dependencia pública de influenciar sobre un sector de la sociedad para convencerla de la existencia de una mejoría general pese a la caída real de su poder adquisitivo, la información de cada uno de los sectores industriales de agosto muestra resultados negativos sin señales por ahora de un cambio de esa tendencia. Por el momento, en los casi diez meses de gobierno de Mauricio Macri, el único brote verde que se ha consolidado fue la compra de dólares para atesoramiento y compra de pasajes y viajes al exterior.

azaiat@pagina12.com.ar

Fuente: http://www.pagina12.com.ar/diario/economia/2-310234-2016-09-25.html

Se dice y no se dice sobre la Argentina

Por Mario Rapoport *

En los últimos meses, en junio y agosto de este año, uno de los más prestigiosos diarios franceses, Le Monde, publicó varios artículos sobre la Argentina.

Resulta interesante reproducir algunos de sus conceptos para tener una mirada externa acerca de nuestra realidad. En uno de ellos, del 25 de junio, se señala que “El milagro argentino fue un engaño” y que “diez años después de haber repudiado parte de su deuda, el país no tiene acceso al mercado de capitales”. Pero lo más importante, a mi juicio, es cuando dice que “Grecia sería mal asesorada si se inspirara en este precedente”.

Estas frases, tomadas de títulos y subtítulos explican adónde conduce la nota, por cierto bastante extensa: no está dirigida a la Argentina sino que tiene por objeto advertir a Grecia lo que no debe hacer.

En otro artículo del mismo diario, el gobernador del Banco de Francia expresa claramente que “la voluntad de autonomía de los Estados de la Zona Euro debe borrarse” (Le Monde, 29 de junio de 2012).

Grecia no puede de ningún modo salir del euro, retornar al dracma, devaluar su moneda y repudiar su deuda como hizo la Argentina, a la que le terminó yendo –según los autores del primer artículo– bastante mal.

Cierto que se desendeudó, expandió sus exportaciones y tuvo altas tasas de crecimiento por varios años, algo que le atribuyen a una casualidad, los elevados precios de la soja; sin mencionar la reindustrialización ni la recuperación del mercado interno, de los salarios, de la ocupación o de las jubilaciones. Tampoco la suerte que tuvo el FMI al poder recobrar su deuda.

En verdad, la nota que comentamos del 25 de junio relata en forma no demasiado ordenada la trayectoria argentina de las últimas décadas.

Parte de equiparar los controles sobre el dólar y las medidas proteccionistas del actual gobierno con la crisis de 2001 y señala el malestar de muchos por el proceso inflacionario y la aparición de un dólar paralelo.

En aquel momento, hay que recordarlo, la crisis afectaba a la mayoría de la población y las protestas que suscitó eran por otras razones y contra otro gobierno, cuyos responsables el artículo no nombra, como tampoco menciona las políticas que llevaron a esa crisis, la más profunda de la historia argentina.

El FMI, al que los autores de la nota afirman que muchos argentinos llamaban el Fondo de la Miseria Internacional, era el que dictaba las políticas económicas de entonces como ahora dicta el nuevo plan económico griego. Posiblemente en el futuro los griegos lo rebauticen también con ese nombre.

Citando a dos ex banqueros centrales latinoamericanos que arriman la bocha diciendo que “la experiencia argentina debería disuadir más que estimular a seguir tal vía”, el artículo continúa tratando de desmitificar lo que denomina el “milagro argentino”.

Tras afirmar que no se han terminado de pagar los costos de la crisis de 2001 se pregunta si eso “¿no será por qué el milagro argentino le ha costado caro al país? Muy caro.Antes que la economía se recupere, el PIB cayó un 20 por ciento, el año del default, y la inflación era del 23 por ciento […] la devaluación masiva arruinó a ahorristas y empresas, y más de la mitad de la población cayó bajo el umbral de la pobreza”.

Se deja suponer, sin duda, que a Grecia le sucedería lo mismo y no menciona cómo se tuvo que llegar a ese extremo, porque en 2001, cuando verdaderamente se expropió con el “corralito” el ahorro de los argentinos, la deuda externa superaba ampliamente el PIB y la desocupación y la pobreza ya asolaban al país.

El Producto no cayó en un año un 20 por ciento por la devaluación, sino a consecuencia de políticas que lo endeudaron y regalaron sus principales activos, destruyendo el empleo y provocando la desindustrialización y destrucción del aparato productivo.

Un proceso que empezó con el terrorismo de Estado de la dictadura militar en 1976 y fue profundizado con los últimos gobiernos democráticos de la década del ’90. Todos bajo la supervisión de ese Fondo de la Miseria Internacional que el artículo menciona. Algo parecido a lo que les está pasando ahora a muchos países europeos y en primer lugar a Grecia.

Recordemos que todo esto sucedía cuando Argentina tenía pleno acceso a los mercados internacionales de capitales, en momentos en que Michel Camdessus, entonces presidente del mencionado Fondo, felicitaba a un presidente argentino porque el país se había incorporado al Primer Mundo.

Nadie pensaba entonces que todo se basaba en una paridad con el dólar insostenible, quizá similar a la actual situación de muchos países de la Zona Euro, que no cumplían los requisitos para entrar a ella, salvo, como en el caso griego, por las maniobras ilícitas de Goldman Sachs experta en esta cuestión, como nos cuenta Galbraith, desde la crisis de 1929.

Cabe recordar además a los autores del artículo que la Argentina no repudió su deuda como señalan, sólo llamó a los acreedores a un canje de la misma, y que parte de ella era deuda odiosa, proveniente de una sangrienta dictadura militar.

En síntesis, sobre la cuestión del acceso a los mercados de capitales, debemos reconocer que a la Argentina le fue muy mal cuando estuvo en ellos, aunque llegó a ser felicitada por su conducta y ahora es calificada clase “D”.

Un segundo tema es el del proteccionismo, al que se refiere más extensamente otro artículo del mismo diario del 24 de agosto y que se titula “El proteccionismo argentino es de más en más atacado por sus partenaires de la OMC”.

Todo por el hecho de que la Argentina reclama que no se le prohíba la entrada de carnes y limones en los Estados Unidos, mientras aplica medidas proteccionistas, lo que el periodista define en forma alarmista, no muy al estilo del prestigioso diario, como “una nueva escalada en la guerra comercial que opone la Argentina al resto del mundo”.

En la crisis actual, iniciada en Estados Unidos y Europa y que afecta sobre todo al mundo desarrollado, muchos economistas y políticos ya preconizan el retorno al proteccionismo para huir de las finanzas internacionales y de su trampa y proteger las producciones nacionales.

En cualquier caso, es necesario cambiar las reglas del juego del comercio internacional, donde los únicos que pueden ser proteccionistas son los países ricos.

Preguntemos si no, si se ha suprimido la Política Agraria Común de la UE. O si el proteccionismo no fue también permanente en la política de Estados Unidos desde su independencia hasta casi mediados del siglo XX (y sigue siéndolo para muchos de sus productos agrarios a través de subvenciones).

Lo mismo ocurrió durante la crisis de los años treinta en la política de numerosos países, incluida la campeona del libre comercio, Gran Bretaña, y los gobiernos conservadores, ideológicamente liberales, de la Argentina de entonces. No constituye en sí una política de encerramiento económico; es la crisis mundial la que empuja a los países en este sentido.

Si ambos artículos suenan alarmantes, por supuesto con eco en la Argentina, deberíamos decirles que lo que nos piden ya lo tuvimos, y que la expropiación de los ahorros, realizada varias veces por gobiernos militares y civiles –mediante inflaciones, hiperinflaciones, planes Bonex o leyes de convertibilidad–, poco tiene que ver con el control de cambios, que no significa expropiación alguna, salvo para aquellos que lo equiparan a verse impedidos de fugar capitales.

Los inversores extranjeros no querrán venir a la Argentina, pero nunca se quejaron de las grandes ganancias y remisión de utilidades que enviaron a sus respectivos países, entre ellas una empresa que se llama Repsol.

Todo indica que lo que se quiere es volver en la misma Europa a un capitalismo del siglo XIX y cualquier ejemplo en contrario les duele un poco.

Pero más les va a doler cuando los “indignados” se sacudan en serio de la trampa en la que cayeron, desde las “subprime” a la pérdida de sus empleos.

En cuanto a los argentinos, quizás algunos recuerden con igual furor los 500 millones de dólares que confiaron en el gentleman Bernard Madoff, billetes verdes que nunca más verán, o que invirtieron en las ahora desvalorizadas propiedades de Miami o de las costas españolas, verdaderos cantos de sirena.

* Economista e historiador.

Fuente: http://www.pagina12.com.ar/diario/economia/2-204158-2012-09-25.html

“No somos empleados ni subordinados de nadie” asi de claro, lo dice la Presidenta

Cristina Fernández de Kirchner

Réplica de Cristina a países que votaron en contra en el BID

No vamos a ser empleados ni subordinados de nadie, somos un país libre con dignidad y orgullos nacional“. Con esa frase Cristina de Kirchner replicó duramente a los países que votaron contra la entrega de un crédito del BID a la Argentina.

Durante un acto realizado en Entre Ríos, la Presidente rechazó el veto de Estados Unidos, España y Alemania a un préstamo solicitado ante el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) destinado a la provincia de San Juan.

Todavía en este mundo, que se ha caído y derrumbado, en este mundo que se mostraba ideal, nos siguen castigando porque somos el mal ejemplo de que un país se puede construir sin tutelaje de afuera“, afirmó la mandataria.

Somos ejemplo de un país que vota a un presidente y que ese es el que toma las decisiones, somos ejemplo de que en la más brutal de las crisis hemos crecido más que en los últimos 200 años de historia“, completó.

La jefa de Estado recordó que durante la gestión de Néstor Kirchner “se mandó al diablo” al Fondo Monetario Internacional (FMI) y apuntó contra los economistas y dirigentes políticos que “decían que no éramos capaces de hacer las cosas o que no éramos valientes”.

Se animó a bajar los cuadros (del represor Jorge Rafael Videla), a mandar al diablo al FMI… Eso es lo que nunca le van a perdonar: que haya demostrado contra todos los teóricos del desánimo que se podían hacer las cosas necesarias para que los argentinos vivan mejor“, sentenció.

En otro tramo del discurso, Cristina de Kirchner resaltó la política exterior de su gobierno y destacó las alianzas económicas de los países de América latina. “Se puede tener una política exterior que reconozca a los hermanos latinoamericanos cuál es nuestra verdadera casa y la asociación estratégica aquí, en América del Sur“, sostuvo, y agregó: “Antes había algunos que miraban deslumbrados al Norte y decían ‘para qué ser amigo de los vecinos si son pobres’, y que ‘era mejor ser amigo de los ricos‘”.

Por último, en un enfático discurso luego de la presentación de obras viales y de infraestructura, la Presidente remarcó que “la Argentina no va a dar un solo paso atrás en cada una de las conquistas logradas“.

Ámbito Financiero reveló este jueves que el créditos finalmente se aprobó para la Argentina, pero que los rechazos trajeron cierta preocupación al Gobierno. Se sabía que Estados Unidos (por lobby de los fondos buitre y las empresas que litigan en el CIADI) y España (por la expropiación de las acciones en YPF de Repsol) votarían en contra de nuevos créditos.

Pero la sorpresa fue Alemania, que se sumó al intento de bloquear los desembolsos. Ahora el Gobierno deberá acelerar su estrategia diplomática para futuros préstamos del Banco Mundial, donde los países desarrollados tienen mayor poder de voto. En el Gobierno aseguran que con la acción de Brasil, China, Rusia, India y los países en desarrollo, continuarán los créditos. Están en juego unos u$s 1.000 millones hasta fin de año. Es trascendental en épocas de sequía de divisas.