Del canibalismo social a la democracia participativa

Por Mónica Peralta Ramos *

Canibalismo SOcialHacia fines de 2012 se inicia una nueva escalada de la ofensiva desatada un año antes contra el gobierno de CFK.

Esta ofensiva es liderada por los sectores económicos más poderosos: aquellos que controlan los principales medios de comunicación y los segmentos clave de la producción, distribución, acopio y comercialización de bienes y servicios.

Un conjunto de sectores políticos y sindicales que pretenden rescatar al “verdadero” peronismo y convertirlo en el eje aglutinador de la oposición se suma a esta ofensiva, constituyendo una alianza espuria que incluye a distintos sectores de la derecha y de la izquierda. No es casual que esto ocurra cuando se avecinan elecciones legislativas que pueden dar lugar a cambios legislativos de importancia estratégica para el país.

En este contexto, el poder de veto de los sectores con mayor poder económico se ejerce creando y recreando mercados y canales “informales”: espacios que –a nivel cambiario, financiero, impositivo, etc.– operan en abierta transgresión de las normas vigentes, eludiendo así el control del Estado sobre las transferencias de ingresos y provocando una sangría de recursos indispensables para concretar las políticas del gobierno. Este poder de veto también se ejerce tejiendo ininterrumpidamente una narrativa sobre nuestro presente, nuestro pasado y nuestro futuro que se presenta como la única verdad posible.

Construida a partir de un sistemático ocultamiento de los intereses que impulsan las acciones de los diversos actores sociales, esta narrativa utiliza todo tipo de recursos para vaciar de contenido los fenómenos sociales, volviendo invisible su vinculación con determinadas relaciones de poder.

Este doble ejercicio del poder de veto cristaliza instalando la inflación en el centro de la escena política. Una inflación que se presenta totalmente desvinculada de la existencia de mercados informales o “negros”, del desabastecimiento y de determinados intereses económicos. Así, la existencia de una relación íntima y simbiótica entre el mercado informal del dólar blue y las “expectativas” de ganancias de los grupos económicos formadores de precios desaparece totalmente.

Como por arte de magia, un mercado cambiario ilegal y virtual –con un caudal ínfimo de operaciones comparado con las que ocurren en el mercado oficial– pasa a regir las actividades económicas del mundo real.

Los grupos monopólicos con capacidad de formar precios en puntos estratégicos de la economía transfieren a sus precios sus “expectativas” de ganancias centradas en la evolución de un dólar virtual. Y al compás de esta música –alimentada también por la especulación de aquellos cuya actividad económica facilita la tenencia de dólares–, el dólar blue se contorsiona mientras los “especialistas” y los grandes medios de comunicación explican esta danza a partir de la necesidad de ahorro de un “chiquitaje” aterrorizado por la pérdida de valor del peso.

Y así como se ignora el poder decisivo que tienen los monopolios y oligopolios sobre la economía real, también se desconoce la incidencia que la capacidad de formar precios y el desabastecimiento en puntos estratégicos de las cadenas de valor tienen sobre las peripecias y corridas del propio dólar blue. La inflación, en cambio, es siempre el “resultado lógico” de las malas políticas del Gobierno.

Desde nuestra perspectiva, la inflación es hoy día expresión de la intensidad alcanzada por el conflicto principal, es decir, por el enfrentamiento entre un proyecto de sociedad y de desarrollo económico que propugna la inclusión social y la democracia participativa, y otro que impulsa la concentración del poder económico y mediático y el derecho “natural” de los monopolios y oligopolios a controlar no sólo la realidad económica sino la vida del conjunto de la sociedad.

Así, los formadores de precios provocan transferencias de ingresos a su favor, reproduciendo la exclusión social y ocultando al mismo tiempo las raíces de la estructura de poder al “instalar” en la percepción y en la acción colectiva el predominio del “mundo al revés”.

En este mundo, los intereses económicos y políticos de los actores sociales y del conjunto de la población se vuelven invisibles. Predomina en cambio el interés individual: la defensa del bolsillo de cada uno, independientemente de lo que pueda ocurrir con el bolsillo de los demás, incluso con el bolsillo de aquellos que comparten los mismos niveles de pobreza.

Esta búsqueda de un beneficio individual impide ver que más allá de los individuos hay un conjunto social, y que la solidaridad social trasciende los intereses individuales. Se ignora entonces que una lucha que tiene por objetivo principal y único el bolsillo propio, una lucha que se aísla de otras luchas que conciernen al conjunto de la sociedad y explican el tamaño de los distintos bolsillos, lleva necesariamente al “sálvese quien pueda”, al caos, a la anarquía y al canibalismo social.

La inflación reproduce entonces al infinito la confusión respecto de sus verdaderas causas enraizadas en una estructura de poder que impulsa el canibalismo social. En el pasado, el Gobierno minimizó el problema y usó una estrategia de negociación con algunos grupos económicos. Esta estrategia no dio los resultados esperados. Ahora, el Gobierno ha decretado un control de precios a ser aplicado en los supermercados y en algunas empresas de productos electrodomésticos, e intenta bajar el precio de los bienes de consumo, disminuyendo algunos costos de los supermercados.

Estas medidas, si bien han expuesto la divergencia de intereses entre distintos sectores empresarios según su ubicación en la economía, no son suficientes, ni resuelven el problema central: la formación monopólica de precios en puntos estratégicos de las cadenas de valor.

Mas recientemente el Gobierno ha anunciado la posibilidad de abrir las importaciones para impedir el desabastecimiento de ciertos productos. Esto es un avance en el reconocimiento del problema; pero para que las intervenciones del Estado tengan un efecto decisivo se requiere de otro ingrediente, hasta ahora ausente.

En efecto, si bien conciliar intereses y negociar entre sectores es de fundamental importancia en la vida de un país, el Estado no es un instrumento inerte y neutro: es un ámbito donde se ejercen relaciones de fuerza. Los cambios esenciales en las relaciones de fuerza se producen a partir de la participación organizada de la ciudadanía en la vida política y en la toma de decisiones.

De ahí la importancia de crear canales institucionales para la participación ciudadana en el control de precios en todas las instancias de las cadenas de valor. Esto implica plantearse algo nuevo: la creación de mecanismos que permitan ejercer una democracia participativa donde, “desde abajo hacia arriba”, se ejerza el derecho y el deber de los ciudadanos a participar en la elaboración de políticas, y en el control de su gestión. Esto legitimará las políticas que se apliquen.

Ahora bien, a pesar del canibalismo social, no todo es oscuridad en la coyuntura actual. El liderazgo carismático de CFK define hoy día la agenda política, y ha contribuido a poner de relieve los grandes obstáculos a la inclusión social y a la democracia participativa.

Esto ha dado lugar a una definición cada vez más explícita del conflicto principal, abriéndose así nuevas grietas en el espeso velo que oculta la estructura de poder. Por esas grietas se cuela ahora la luz que ilumina los intereses económicos y políticos que guían las acciones de los distintos actores sociales, especialmente de los grandes grupos económicos.

En los últimos tiempos hemos asistido al enfrentamiento sistemático entre el Poder Ejecutivo y los medios altamente concentrados. Estos medios constituyen el Cuarto Poder de las sociedades modernas, un poder resultante de la fusión entre la concentración de la riqueza y de la información, un poder que no es votado ni es controlado por los ciudadanos.

Este enfrentamiento por hacer cumplir la ley de medios, votada hace tres años en el Congreso, ha desnudado no sólo la connivencia entre los grupos económicos y los grandes medios sino, también, la enorme influencia y poder que ambos ejercen sobre el propio Poder Judicial. Todo esto ha dado impulso a un movimiento de renovación y democratización de la Justicia que ilumina los recovecos más recónditos del propio Poder Judicial.

Pero hay algo más: en la medida en que el conflicto principal se vuelve más explícito y la luz empieza a iluminar la trama de intereses que articulan la estructura de poder, también comienza a cobrar visibilidad la espesa red de relaciones “mafiosas” que, como un tejido canceroso, corroe desde hace mucho tiempo a toda la sociedad.

Estas relaciones son organizadas al margen de la ley en todos los ámbitos de la vida nacional, y persiguen cuotas de influencia y poder económico y político, recurriendo al ejercicio de distintas formas de violencia e intimidación. De este modo, a través del ejercicio abierto o solapado de la coerción, estas redes mafiosas reproducen el statu quo, desparramando el miedo, el descreimiento y la intolerancia por todos los intersticios de la sociedad, y recreando la fragmentación social y la desintegración nacional.

Hoy día, estas redes son cada vez más visibles y su impunidad se desnuda en la escena política. Así por ejemplo, gracias al coraje de una madre, y a su largo trabajo “desde abajo hacia arriba”, la lucha por la aparición de Marita Verón encontró en la coyuntura actual las condiciones necesarias para llevar al primer plano de la vida nacional el fenómeno de la trata y la vinculación de la misma con ciudadanos, empresarios, jueces, políticos, miembros de las fuerzas de seguridad y autoridades de gobierno esparcidos en todo el ámbito nacional. Estas redes mafiosas y sus ramificaciones en el espacio público y en el privado también empiezan a ser desnudadas en el caso del narcotráfico en Santa Fe y en otras regiones del país.

Este entramado de relaciones mafiosas es un factor de erosión constante de la legitimidad institucional. Juntamente con otras formas de corrupción –como, por ejemplo, el enriquecimiento a partir del uso de la función pública; la transformación de dirigentes sindicales en patrones de empresas; la utilización discrecional de los dineros de los afiliados a beneficio de los negocios de los dirigentes, etc.– reproducen la coerción y el abuso del poder, y contribuyen a sembrar el descreimiento y el miedo.

La participación ciudadana en la elaboración de políticas y en el control de gestión, desde “abajo hacia arriba” y en todos los ámbitos de la vida nacional, es el camino que permitirá desnudar estas redes mafiosas y otras formas de corrupción, y lograr la transparencia y la legitimidad institucional necesarias para profundizar la inclusión social.

Sin duda alguna, éste es un camino largo; pero empezar a recorrerlo es en sí mismo un cambio radical que contribuirá a superar el canibalismo social, el miedo, el descreimiento y la intolerancia, al posibilitar la creación de ámbitos propicios para la conciliación de intereses y para la movilización de las energías colectivas hacia el logro de la unidad nacional.

* Socióloga, autora de La economía política argentina. Poder y clases sociales.

Fuente: http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-217056-2013-04-01.html

El color del dinero

Por Raúl Dellatorre

¿La estabilidad del Gobierno está amenazada por la disparada del dólar blue? ¿Hay un manejo en las sombras de este mercado buscando efectos desestabilizadores? ¿Adónde nos lleva el descontrol del blue? O quizás haya que preguntarse, ¿adónde nos llevan quienes controlan el blue?

El dólar blue.La visión apocalíptica respecto de una economía que se desplaza sobre un tobogán hacia el desastre se realimenta a diario. Quienes la invocan hasta ahora no han hecho mucho más esfuerzo que aludir a la trepada del dólar blue y mirar hacia el lado del Gobierno preguntando: “¿Y? ¿No van a hacer nada ante semejante situación?”.

El Gobierno responde de manera retórica: no hay nada que deba hacerse ante un mercado ilegal más que aumentar los controles, aunque se acuse a esos mismos controles de haber generado el mal. En el medio, no son pocos los que no saben a quién creer.

Una aproximación a los elementos que componen esta compleja batalla podría comenzar señalando que existe un problema económico con un aprovechamiento político. Este último es muy grande, al punto de haberse convertido en eje discursivo de buena parte de la oposición, compuesta por factores políticos pero también económicos. Lo que cabe dimensionar, frente a esto, es el tamaño del problema económico.

El mercado paralelo es, por volumen, exiguo. Son apenas un puñado de millones los que se mueven a diario en la compraventa de billetes en esa plaza ilegal. Surgió como una plaza a la que concurrían quienes buscaban fugar utilidades no declaradas en el país, que necesitaban por ello convertirlas en dólares. A esa demanda se la atendía con fondos de divisas en negro que especulaban con obtener diferencias lucrando sobre quien tenía necesidad de comprar los dólares cubiertos por la opacidad de esa plaza. Pero la prohibición oficial a la venta de dólares para atesoramiento (ahorro) y las restricciones a la venta de divisas a turistas creó una demanda adicional, aunque inicialmente muy pequeña. Tras una serie de maniobras especulativas, vinculadas con movimientos financieros en el exterior (ya explicadas en notas de las últimas dos semanas en Página/12) que provocó una inicial aceleración de la trepada del blue (entre los 6 pesos y los 6,50, aproximadamente), se inició luego una seguidilla constante de subas que lo llevaron hasta los 7,95 del cierre de ayer.

En este último raid, jugó un papel dinamizador la demanda para atesoramiento de pequeños ahorristas que creen estar ante una escalera sin descansos ni tope, y el rol de control que ejerce una oferta muy acotada que sabe sacar provecho de la ocasión.

Aquí vale una puntualización: la demanda de pequeños ahorristas (“chiquitaje” la denominan en el mercado) es genuina, producto del trabajo o de actividades lícitas, de quienes creen estar protegiendo sus reservas comprando a “8 por 1”.

La oferta, por lo general, no: son fondos “negros” o ilegales, tanto en su origen como en la aplicación que seguramente tendrán los recursos obtenidos, vendiendo a “8 por 1”.

Al gobierno nacional se le ha planteado al presente el problema de no haber encontrado armas eficientes para combatir este tráfico ilegal de divisas, ni desde el Banco Central ni desde la AFIP.

Es cierto que, cuando intervino, no obtuvo mucho favor de la Justicia, que incluso objetó las facultades de las autoridades para aplicar los controles. Pero también atenta contra un ejercicio más eficiente del control, una percepción de que ese mercado irregular no genera un perjuicio importante sobre “la economía real”. La demostración fáctica de esta aseveración sería la siguiente:

 

  • Hay un mercado de cambios administrado por el Banco Central, a un tipo de cambio de equilibrio (ayer, 4,99 pesos para la venta), desde el cual se atiende la demanda de divisas para la importación, pago de servicios al exterior, turismo (previa autorización de la AFIP) y otros rubros del sector externo.
  • Con las medidas aplicadas en los últimos 18 meses para restringir ciertas operaciones en los mercados financieros, se cortó la formación de activos externos (fuga de divisas) que había tenido un impacto real en los años previos.
  • La implementación de controles sobre el comercio exterior hoy permite evitar muchas de las operaciones de subfacturación de exportaciones o sobrefacturación de importaciones que eran habituales en otras épocas, y que podrían nutrir un mercado paralelo.
  • El balance de divisas sigue siendo excedentario para el Banco Central y se espera que este año vuelva a serlo en 12 mil millones de dólares. Si hubo baja de Reservas Internacionales del BCRA en el último ejercicio, no fue por “fuga” sino por políticas de desendeudamiento que reducen compromisos futuros y, por tanto, aseguran que el sector externo (balance de divisas) siga siendo excedentario.
  • Ninguno de estos factores está amenazado por la existencia de un mercado irregular marginal, muy reducido, aunque la cotización del dólar sea exorbitante.

Un “balance de divisas excedentario” se traduce como que “sobran los dólares”, que no hay escasez ni riesgos de ahogo en el horizonte. Pero, si sobran, ¿por qué no combatir un mercado tan chico como el blue destruyéndolo con un par de ataques? La respuesta retórica sería que el Banco Central no interviene en mercados ilegales, en un mercado que no le genera dolores de cabeza (como sí le provocaron las dos corridas sobre el mercado previas a octubre de 2011) y que, además, debería caer por su propio peso. Esto es: expectativas falsas de devaluación que se desinflarían cuando empiecen a liquidarse las divisas de exportación y acabe la demanda turística, allá por marzo o abril.

El problema es más mediático que real”, afirman quienes le quitan peso al impacto de la disparada del paralelo. Eso equivale a decir que es un problema político, argumento opositor para provocar al Gobierno, para generar un clima de desconfianza en la gente. Pero que el planteo no se corresponde con desequilibrios de las variables reales de la economía.

El problema que no se puede soslayar es que la frontera entre lo político y lo económico no está dibujada en ningún mapa, sino que son esferas con espacios comunes. Y eso sí tiene impacto, por ejemplo:

 

  • Si hay pequeños ahorristas que creen que el dólar blue seguirá subiendo sin fin y vuelcan allí sus ahorros, hay una porción de recursos (por pequeña que sea, no es desdeñable) que está saliendo del circuito formal y está retroalimentando la suba.
  • Si hay un mercado inmobiliario que todavía no rompió totalmente la cultura de dolarizar las cotizaciones, aunque “negocie” el tipo de cambio, en alguna medida está trasladando al precio (en pesos) la trepada del blue.
  • Tanto ruido sobre el valor del paralelo está provocando un perceptible “clima inflacionario”, que algunos formadores de precios traducen en aumentos bajo la excusa de un supuesto impacto de la suba del blue.

Cada uno de ellos constituye un abuso de parte de sectores de poder económico, que obtendrán transferencias de riqueza a su favor en desmedro de ahorristas y consumidores. Son conductas alentadas, intencionalmente o no, por el discurso político que hace de la subida del mercado paralelo un “termómetro” de la salud del Gobierno. Cuanto más sube, más grave está el paciente.

Para la política económica del Gobierno, no hay un riesgo real de que se vea empujada a una megadevaluación o a un desdoblamiento del mercado (dólar comercial y dólar financiero o turístico) por la disparada del dólar blue.

La afirmación de que el dólar oficial se verá obligado a converger hacia el paralelo sólo se sostiene en argumentos falaces, como los planteados por el ex ministro Roberto Lavagna sobre “caídas en la inversión, el empleo y la competitividad” que son indemostrables.

El verdadero desafío es evitar que el debate sobre el dólar blue arrastre a un enrarecimiento político en el que los factores económicos más poderosos se vean tentados, otra vez, a sacar ventajas. La inflación, por caso, no es un tema circunscripto a la órbita de la economía pura, sino que pertenece a ese espacio común de la política y la economía. Precisar ese terreno de disputa ayuda también a definir las herramientas con las que se le da pelea.

Fuente: http://www.pagina12.com.ar/diario/economia/2-213097-2013-02-02.html

Desestabilización vestida de blue

El valor de la divisa en el marginal trepó a 7,50 pesos. Pronósticos catastróficos y reclamos de menos controles oficiales de ex funcionarios. Los intereses políticos detrás del blue, un mercado muy chico y fuertemente especulativo.

La divisa estadounidense se negoció ayer en el mercado marginal por arriba de los 7,50 pesos, desatando un aluvión de pronósticos más o menos agoreros acerca de los problemas que causará a la economía en su conjunto. En cambio, escasearon las explicaciones sobre las razones que movieron a una suba de 70 centavos en dos semanas sin que hubiera acontecimientos económicos o políticos que lo ameriten. El dólar del mercado legal, el que supervisa y administra el Banco Central, se mantuvo impertérrito en 4,97 pesos.

Los pronósticos catastróficos corrieron por cuenta, fundamentalmente, de quienes precedieron a Marcó del Pont en el manejo del Banco Central:

  • “Una brecha entre el marginal y el oficial de esta magnitud muestra falta de pulso en el manejo del mercado cambiario y sus implicancias económicas. Si se toman medidas a tiempo, se puede evitar la devaluación. Pero el gobierno va a seguir con esta política de ignorar el dólar marginal” (Martín Redrado).
  • “Desde que el Gobierno decidió entrar en problemas con el control de cambios, todo fue para mal. No solamente aumentó la desconfianza y se amplió la brecha cambiaria, sino que el propio cepo cambiario le puso un frío enorme a una parte de la economía” (Alfonso Prat Gay).
  • “En el mediano plazo los precios internos confluyen con el dólar alto, no con el dólar bajo, y es un problema” (Aldo Pignanelli).

Quien más, quien menos, las opiniones de ayer de tres ex autoridades monetarias coinciden en darles la razón a los grupos financieros y especulativos, repudiando los mecanismos de intervención del Estado. En el mercado paralelo o blue se negocia una porción ínfima de dinero, y no siempre de origen genuino. Sólo en una mínima proporción se trata de viajeros que recurren a “las cuevas” como último recurso para conseguir los dólares que la AFIP les niega. Que los hay, los hay, pero mueven un volumen muy reducido de dinero. En cambio, predominan en esta plaza las operaciones especulativas que buscan fijar un valor de referencia del dólar con otros objetivos.

Hay razones estacionales que podrían pesar en estas fechas para pensar en una mayor demanda de turistas, pero los valores que mueven no definen en realidad la cotización. La explicación de la “corrida del blue” hay que buscarla en otro lado, atendiendo a los movimientos de los fondos especulativos que controlan el marginal.

La política del Banco Central, bajo la batuta de Marcó del Pont, se diferencia claramente del gradualismo que sugieren Redrado y Prat Gay, que supondría ceder a la presión especulativa flexibilizando las normas cambiarias o liquidando reservas para agregar oferta de dólares al mercado. Tal cual se manejó en los intentos de corridas que enfrentó anteriormente, la presidenta del Central mantiene inflexibles las medidas cambiarias para intervenir con políticas de shock en algún momento, evitando así ceder el control de la situación. Entre un momento y otro, puede suceder que los desequilibrios se vayan ampliando, como ocurre actualmente.

La pulseada es entre grupos de poder financiero y la autoridad monetaria. Con un factor político adicional: algunos de estos grupos estarían apostando a la derrota de Argentina en la batalla contra los fondos buitre en Nueva York. Con el deterioro de la posición financiera argentina afuera, más la sensación de descontrol cambiario adentro, estaría dado el clima para hacer diferencias.

Fuente: http://www.pagina12.com.ar/diario/economia/2-212033-2013-01-17.html

Estamos vivos porque la dolarización fracasó

Mientras el gobierno enfrenta una corrida cambiaria con métodos heterodoxos y relativo éxito, se cumplen diez años de la última utopía neoliberal: la adopción del dólar como moneda para la Argentina. De Mitre y Pablo Rojo a la revolución de los Estados Unidos. Reflexiones alrededor del billete fetiche de una élite que nunca confió en su país.

“Estas no son horas de perfeccionar cosmogonías ajenas, sino de crear las propias.
Horas de grandes yerros y de grandes aciertos, en que hay que jugarse por entero a cada momento.
Son horas de biblias y no de orfebrerías.”
Raúl Scalabrini Ortiz, El hombre que está solo y espera.

Por: Roberto Caballero

Cuando la Convertibilidad ya había estallado por los aires, los economistas ultra-ortodoxos del menem-cavallismo propusieron la dolarización total de la economía como última tabla de salvación. Ocurrió hace apenas diez años.

El principal impulsor del proyecto era una joven brillante de la JP de los ’70, llamado Pablo Rojo, reciclado 20 años después en defensor dogmático del Consenso de Washington. Los que pensaban que era viable, justificaban la propuesta en una ventaja de tipo cultural: los argentinos querían dólares.

Para qué ir contra la corriente, si la sociedad ya lo había adoptado para hacer negocios o ahorrar. En el fondo, lo que Rojo planteaba era rendirse ante la evidencia, ceder toda soberanía monetaria y gozar de los presuntos beneficios de asociarse a la mayor economía planetaria, asumiendo que el futuro estaba en Roma y no en la Galia. Es decir, aceptar como destino el ser colonia de una potencia próspera y hegemónica.

La idea no era nueva. Bartolomé Mitre había planteado algo parecido más de un siglo antes, aunque para la Generación del ’80, las relaciones carnales debían ser con el Reino Unido y no con los Estados Unidos. Como se ve, a través de las distintas épocas, las élites nacionales se caracterizaron por tener una visión antinacional de la resolución de los problemas. Pero, sobre todo, antipopular.

La factoría inglesa que proponía Mitre como país resolvía la razón de ser de los dueños de las materias primas que el Reino Unido necesitaba y punto. Era un gran país-estancia donde el gauchaje bárbaro y la inmigración se limitaran a ser mano de obra esporádica y barata según la suerte de la cosecha. Una nación rica de gente pobre, que dos fenómenos políticos democráticos y populistas como el yrigoyenismo y el peronismo pusieron definitivamente en crisis con la industrialización moderna.

Puede decirse que el planteo de Rojo en 2002 fue la última utopía neoliberal de los ’90. Una década donde resignamos el patrimonio público, debía rematarse con la renuncia a la moneda propia. Si no teníamos el petróleo, el agua y los trenes, ¿para qué conservar el peso? Cada tanto, la derecha tiene una fiebre refundacional del país. Mitre llamó a su gobierno “Proceso de Organización Nacional” y Videla a su dictadura genocida “Proceso de Reorganización Nacional”.

Menem se levantó un día y dijo que el dólar valía un peso, y diez años y un 25% de desocupados después quiso, a través de su alter ego Rojo, convencernos de que lo mejor era cristalizar para siempre esa sociedad desigual, dolarizando por completo la economía.

Por suerte, la historia tomó otro rumbo, sino estaríamos como Ecuador, que aún con Rafael Correa no puede sacudirse el ancla de haber atado su moneda a la estadounidense. Si estamos vivos para contarlo es porque el plan neoliberal de los Menem, los Cavallo y los Rojo fracasó en la Argentina.

Pero ninguna idea, por impracticable que parezca, hunde sus raíces en la irracionalidad absoluta. Nuestras élites tienen como fetiche al dólar porque creen que el billete verde explica a los Estados Unidos y no a la inversa. Para ellos, fue el dólar el que produjo una economía estable, sin conflictos sociales, ni sindicatos y donde los empresarios son algo así como los pastores de un Dios que bendice la riqueza. Esta suposición los convenció de que importando su moneda se adquieren también las virtudes de un modelo exitoso, como si quien comprara una tablet se convirtiera en Bill Gates.

Es casi una mirada de turista, por lo superficial, pero se ha vuelto dogma en todas las escuelas de negocios nacionales. En realidad, esta visión elude lo fundamental: fueron los patriotas revolucionarios de los Estados Unidos los que inventaron al dólar y no al revés. Los mismos que se independizaron del Reino Unido del cual era devoto Bartolomé Mitre y derrotaron a los algodoneros esclavistas del sur para construir un país industrial en serio, que así llegó a liderar el capitalismo mundial. Esa es la historia verdadera que está detrás del dólar, cualquier otra explicación sobre su valor o eficacia que no la contemple, responde al pensamiento mágico.

Hoy que la economía estadounidense atraviesa su peor crisis desde 1930, cualquiera puede advertir que incumple con todos los requisitos que el FMI exige a sus países miembros. Básicamente, gasta lo que no produce y es altamente deficitaria.

Si China decidiera hoy poner a la venta los bonos del Tesoro americano en su poder, Estados Unidos quebraría. Cuando se les pregunta a los funcionarios de la Reserva Federal por este escenario, no responden diciendo que su Indec es infalible, que su balanza es óptima o que hay equilibrio de cuentas. Miran fijo y amenazan: “China nunca va a hacer eso, porque China sabe que los Estados Unidos tiene el mayor ejército del planeta.”

En ese punto, toda la teoría económica se hace trizas. O, mejor dicho, comienza a escribirse con pólvora. O con la punta de un dron, para estar con la última tecnología. Y el libre comercio tan declamado se vuelve un juego de TEG, aunque en escenarios reales.

Pero volvamos a la élite argentina y su afán por sacralizar el dólar. Es evidente que quiere comprar hecho o, mejor dicho, pretende pescar sin mojarse el traste. Como si entre el proceso y el resultado obtenido no hubiera historia que aprender.

El día que quieran ponerse a la cabeza de un país que incluya a los 40 millones de habitantes y se sumen a un proceso de desarrollo en consecuencia, es probable que dejen de pensar en dólares y lo hagan en pesos. La burguesía paulista es un buen ejemplo de eso. Sus integrantes se sienten cabeza de una nación. Desacoplaron su economía del dólar y nadie en Brasil piensa en otra cosa que no sean reales. “Son más nacionalistas”, dicen algunos. Quizá. O más vivos.

Es menos complejo explicar por qué las clases subalternas argentinas atesoran en dólares. Esa misma élite que no confía en la moneda propia, convirtió a la economía local en una montaña rusa, cuando no en una timba constante. Del Rodrigazo a las hiperinflaciones se confiscó a casi todo el mundo para favorecer y perjudicar siempre a los mismos. Acá robaron los gobiernos y también los bancos.

La gente ahorra en dólares por lo que “puta pudiere”, misma razón por la que el empresario agrega un 20% al precio de cualquier producto, el ruralista especula reteniendo en la silobolsa y el supermercadista desabastece. Siempre es por lo que “puta pudiere”.

Es una filosofía del día a día heredada del espanto, que nueve años de economía expansiva, inclusiva y relativamente estable del kirchnerismo no lograron desterrar aún. Son nueve años contra 70 de cosas mal hechas. Nueve años contra 70 donde el Estado, en manos de civiles o militares, defendió los intereses del privilegio, y no los del bien común.

El gobierno enfrenta ahora con políticas heterodoxas una furiosa corrida cambiaria, alentada por el lobby devaluador. El modo es novedoso hasta para el kirchnerismo. Con Martín Redrado en el BCRA, se inyectaban dólares en el mercado hasta que bajaba la cotización y después se recompraban con éxito. Cristina Kirchner decidió esta vez que no se toca un solo dólar de las reservas. Secó la plaza con una decisión política.

Por el momento, el dólar blue o recontranegro que cotiza en las tapas de Clarín y La Nación no afectó el precio de los productos del supermercado: las cosas no aumentaron el 30% que hay de diferencia entre el dólar oficial y el inhallable azul. Es toda una novedad. Y una buena señal.

Falta, a su vez, que los exportadores de granos liquiden 8000 millones de dólares, con lo cual volvería la liquidez. Todo indica que terminarán haciéndolo a un dólar más cerca de los 4,50 pesos que de los 6 que proponen los titulares de los diarios. El presupuesto hablaba de un dólar a 4,80 pesos para este 2012.

La impresión es que si el gobierno logra torcerle el brazo a los especuladores, algo muy parecido a una economía predecible se estará consolidando a los ojos de todos. Lo que está en juego, entonces, ya no es el valor del dólar o si hay que pesificar la vida.

La democracia está batallando para recuperar la soberanía monetaria. Ante un mundo que se desploma, se trata de confiar más en la fuerza de la propia Galia que en la Roma en crisis.

El desafío produce vértigo pero también esperanza.

Fuente: Infonews

Dólar Blue y Mercado Negro

COMO FUNCIONA EL MERCADO NEGRO DONDE EL DOLAR LLEGO A COTIZAR A MAS DE 6 PESOS LA SEMANA PASADA

Claves de un negocio de pocos que ganan mucho

El endurecimiento en los controles que estableció la AFIP le dio impulso al DOLAR BLUEPágina/12 detalla cuánto mueve el mercado negro, sus principales jugadores y la forma en que se determina el precio.

Por Cristian Carrillo ** 

El endurecimiento en los controles que estableció la AFIP para validar las operaciones de compra de moneda extranjera puso en primer plano al dólar paralelo. Mientras la cotización para el billete verde en el segmento oficial concluyó esta semana en 4,49 pesos, el precio sugerido por las cuevas y los arbolitos de la city porteña llegó a ubicarse por encima de los 6 pesos.

Página/12 analiza este mercado para identificar los montos negociados, sus principales jugadores y la forma en que se determina el precio.

 1 ¿Cuánto dinero mueve el paralelo?

Es necesario saber que existen distintos tipos de mercados informales: el BLUE, que se vende en cuevas y ofrecen arbolitos de la city y el contado con liquidación, utilizado por grandes empresas mediante la compra-venta de activos bursátiles en el país y el exterior.

En el BLUE se comercializan entre 10 y 15 millones de dólares por día, poco más del 2 por ciento del volumen operado por el mercado formal, el cual ronda entre 400 y 600 millones diarios.

El contado con liquidación, que tuvo su momento de mayor esplendor con el lockout del campo en 2008 (se fugaron casi 3000 millones de dólares en octubre de ese año utilizando esta herramienta), hoy mueve un monto similar al BLUE.

2 ¿Cómo se forman los precios?

Como todo mercado, sea formal o informal, los precios se establecen por la oferta y la demanda: cuando la demanda excede la oferta, suben los precios y viceversa. Sin embargo, la escalada en los precios de las últimas semana en el segmento informal se debe a una cuestión de oferta y no a un exceso de demanda.

La oferta está concentrada entre los pocos que obtienen el billete verde y fijan el precio según sus expectativas.

Los relevamientos que se realizan en la city toman en cuenta operaciones puntuales que realizan arbolitos y cuevas con contribuyentes urgidos por liquidez en dólares, pero que no representan un promedio de operaciones o una tendencia, ya que no todos convalidan el precio ni quedan pedidos sin asistir.  Esto explica la alta volatilidad en la cotización de los últimos días, con subas y bajas de hasta 20 centavos por jornada.

El diferencial respecto del oficial se explica además por el mayor riesgo que contempla operar en ese mercado.  Es por eso que se trata de un mercado chico. Las cuevas determinan el precio y los arbolitos lo siguen.

3 ¿Quiénes con los principales jugadores del mercado?

En el BLUE coexisten distintos actores, que van desde individuos que les venden la divisa a arbolitos y cuevas hasta bancos, hoteles y agencias de viaje que obtienen los dólares en el mercado oficial o de turistas extranjeros para canalizarlo en el informal.

El Banco Central había descubierto que algunos bancos y agencias de cambio tenían relación con cuevas, adquirían dólares por pedido de supuestos clientes por la vía formal y los vendían en el paralelo, muchas veces a sus propios clientes.

Otro canal son las agencias de turismo, que tienen vía libre para adquirir dólares en el segmento formal con el objetivo de pagar a sus proveedores en el exterior. La AFIP detectó que también solicitaban a sus clientes que paguen el paquete turístico con la moneda extranjera. La diferencia la vendían en el paralelo.

Por el momento, los operativos del ente recaudador se están focalizando en cuevas y arbolitos.

4 ¿Por qué es ilegal el mercado negro?

La operatoria de compra-venta de dólares debe concentrarse en el “mercado libre y único de cambios”.  Los individuos que operan en el informal violan la ley penal cambiaria, que los obliga a ir por el circuito formal y le pone límites a la formación de activos externos, y la penal tributaria, porque no declaran el dinero.

5 ¿Por qué se llama BLUE?

En inglés BLUE refiere a algo “oscuro”, no del todo legal. Además, en el circuito callejero, los billetes “truchos” se revisaban antes pasando un resaltador que dejaba una línea azul en caso de ser falso. 

Por su parte, una de las operaciones “legales”, pero que esconden motivos de elusión cambiaria y fiscal, es el contado con liquidación, el cual se denomina “blue chip”. Por eso también las cuevas adoptaron esa denominación para el dólar paralelo.

 6 ¿Qué es el contado con liquidacion?

Los grandes jugadores que buscan sobrepasar el límite cambiario de dos millones de dólares mensuales para la compra de divisas utilizan esta operación para reemplazar el giro de fondos en dólares al exterior sin pasar por los controles oficiales del país de procedencia.

Un residente compra bonos o acciones en el mercado local, los paga en pesos, para luego venderlos en el exterior y depositar los dólares de la operación en algún banco fuera del país. Cuando su precio se acerca al mayorista es porque hay ingreso de divisas y viceversa.
La Comisión Nacional de Valores fijó un plazo de 72 horas hábiles entre la compra y la venta para desincentivar la operatoria, ya que antes se hacía en simultáneo y sin riesgo cambiario.

7 ¿Qué diferencia existe respecto de la corrida de fines de 2011?

Los mayores controles que la AFIP fijó el 29 de octubre de 2011 eliminaron como fuente de obtención de divisas a los denominados coleros o prestanombres. Se trata de personas que adquirían las divisas para un tercero, quien después las vendía, con una fuerte remarcación de precios, en el informal.

Los coleros obtenían una comisión por la compra. Todavía persisten quienes estaban detrás de los coleros, los que realmente se benefician con la incertidumbre vendiendo los dólares.
En muchos casos se trata de agencias de cambio oficiales que también operan como cuevas.

** Fuente: Pagina12 – 26/05/2012