“No somos empleados ni subordinados de nadie” asi de claro, lo dice la Presidenta

Cristina Fernández de Kirchner

Réplica de Cristina a países que votaron en contra en el BID

No vamos a ser empleados ni subordinados de nadie, somos un país libre con dignidad y orgullos nacional“. Con esa frase Cristina de Kirchner replicó duramente a los países que votaron contra la entrega de un crédito del BID a la Argentina.

Durante un acto realizado en Entre Ríos, la Presidente rechazó el veto de Estados Unidos, España y Alemania a un préstamo solicitado ante el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) destinado a la provincia de San Juan.

Todavía en este mundo, que se ha caído y derrumbado, en este mundo que se mostraba ideal, nos siguen castigando porque somos el mal ejemplo de que un país se puede construir sin tutelaje de afuera“, afirmó la mandataria.

Somos ejemplo de un país que vota a un presidente y que ese es el que toma las decisiones, somos ejemplo de que en la más brutal de las crisis hemos crecido más que en los últimos 200 años de historia“, completó.

La jefa de Estado recordó que durante la gestión de Néstor Kirchner “se mandó al diablo” al Fondo Monetario Internacional (FMI) y apuntó contra los economistas y dirigentes políticos que “decían que no éramos capaces de hacer las cosas o que no éramos valientes”.

Se animó a bajar los cuadros (del represor Jorge Rafael Videla), a mandar al diablo al FMI… Eso es lo que nunca le van a perdonar: que haya demostrado contra todos los teóricos del desánimo que se podían hacer las cosas necesarias para que los argentinos vivan mejor“, sentenció.

En otro tramo del discurso, Cristina de Kirchner resaltó la política exterior de su gobierno y destacó las alianzas económicas de los países de América latina. “Se puede tener una política exterior que reconozca a los hermanos latinoamericanos cuál es nuestra verdadera casa y la asociación estratégica aquí, en América del Sur“, sostuvo, y agregó: “Antes había algunos que miraban deslumbrados al Norte y decían ‘para qué ser amigo de los vecinos si son pobres’, y que ‘era mejor ser amigo de los ricos‘”.

Por último, en un enfático discurso luego de la presentación de obras viales y de infraestructura, la Presidente remarcó que “la Argentina no va a dar un solo paso atrás en cada una de las conquistas logradas“.

Ámbito Financiero reveló este jueves que el créditos finalmente se aprobó para la Argentina, pero que los rechazos trajeron cierta preocupación al Gobierno. Se sabía que Estados Unidos (por lobby de los fondos buitre y las empresas que litigan en el CIADI) y España (por la expropiación de las acciones en YPF de Repsol) votarían en contra de nuevos créditos.

Pero la sorpresa fue Alemania, que se sumó al intento de bloquear los desembolsos. Ahora el Gobierno deberá acelerar su estrategia diplomática para futuros préstamos del Banco Mundial, donde los países desarrollados tienen mayor poder de voto. En el Gobierno aseguran que con la acción de Brasil, China, Rusia, India y los países en desarrollo, continuarán los créditos. Están en juego unos u$s 1.000 millones hasta fin de año. Es trascendental en épocas de sequía de divisas.

Nocaut por comparación

http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-163609-2011-03-07.html

Por Eduardo Aliverti

Por lo general, nadie siente que los discursos políticos pueden cambiarle la vida en un sentido estricto. A escala histórica, son pocas las alocuciones frente a las que los pueblos se percibieron delante de un hecho decisivo. Pero también ocurre que se necesita del paso del tiempo para mensurar lo profundo, o no, de ciertas verbalizaciones políticas. Y sobre todo, suele suceder que no se las coteja con el resto de lo que se escucha.

Esto último es lo acaecido con la palabra presidencial en la apertura de las sesiones del Congreso, lo cual es una forma de decir: como lo reconocen miembros de ambas Cámaras y de todas las extracciones, ni siquiera en voz baja, tratándose de un año electoral estarán haciendo campaña antes que adentro del recinto, en proporción de diez o veinte a uno. No es un dato aleatorio, porque expresa que la gran cocina pasará (mucho) más por lo propositivo comicial –en la mejor de las hipótesis– que por las acciones concretas desde las bancas. Nunca fue distinto. Es lo inherente a un sistema fuertemente presidencialista como el argentino, y no viene al caso si hay que conservarlo. Dicho de otra forma, nadie interpreta que la mejor plataforma electoral sea trabajar de diputado o senador. Esté bien o mal, hay una diferencia sustantiva entre oficialismo y oposición; que es universal aunque por estas pampas, en estas circunstancias, se acentúa: el primero tiene para mostrar lo que hizo y hacia dónde va, desde la ratificación de lo obrado; y la segunda tiene el problema de no haber hecho nada, con la suma de no conocerse tampoco qué es lo que quiere en términos de articulación de fuerzas.

El discurso de Cristina debería ser revisado, no única pero sí esencialmente, bajo esa perspectiva. Lo contrario significaría que su pieza oratoria puede ser apreciada o denostada como un episodio suelto, aislado de contexto, remitido nada más que a la disposición favorable o negativa que despierten su figura y gobierno. ¿Es lógico eso? De lógica pura, entiéndase. De método analítico, no de pasiones.

Para gusto del firmante, ante un ámbito tan “institucional” y siendo de esas disertaciones trazadoras de grandes líneas, la Presidenta ignoró temas que no debió obviar. Iban a cuestionarla igualmente, desde ya, según es uso y costumbre en casi cualquier oposición respecto de casi cualquier oficialismo. Sin embargo, ante lo horrible en particular de esta franja opositora que no dispone, ni apenas, de alguna perorata superadora del mero oposicionismo, ¿para qué dejar el flanco de no hablar de la inflación? ¿Por qué no profundizó, como supo hacerlo hace poco, en la responsabilidad de los formadores de precios? ¿Por qué ofrecer otro blanco absoluto sobre el desquicio en el Indek? ¿Por qué no haber fugado hacia adelante con una explicación estructural acerca de que se paga deuda con reservas? ¿Por qué soslayar la distribución de ganancias entre los trabajadores? A un cuadro político con la personalidad de Cristina, portadora de esa capacidad retórica deslumbrante y enfrentada a gente con serios aprietos para armonizar sujeto, verbo y predicado, le cuesta chaucha y palito acostarlos con dos o tres oraciones fulminantes y conceptuales. Lo hizo, es más, durante su propio discurso. Al Gardiner mendocino le solicitó que mandara apagar el bullicio de sus acólitos radicales, y no jodieron más. Y a un mediocre necesitado de protagonismo, que pegaba grititos y cuyo nombre ni tan sólo importa, le fijó la vista de lejos para preguntarle “¿cómo es su nombre, diputado?” (el tipo ése, ¿se aguantará el espejo desde el otro día?). Le bastó un disparador, el de que “no se hagan los rulos” con su candidatura próxima o eterna, para que los chiquilines de la oposición se tomaran de “hacerse los rulos” como decadente opción imitativa de respuesta. Qué manga de gente gris. Con tanto territorio libre de obstáculos que no sean los propios, no se justifica que Cristina haya regalado espacios. Y esto vale sin perjuicio de aquello en lo que sí marcó rumbo, y que fue prolijamente salteado en el parecer de los corifeos opositores. La extensión de la Asignación Universal por Hijo a las embarazadas. Lo imperioso de un nuevo estatuto del peón rural. Un nuevo régimen de adopción. Reformular la ley penal tributaria para los grandes evasores.

A Scioli le dedicó que la inseguridad no debe ideologizarse, que no es una frase muy feliz que digamos viniendo de alguien ideologizado como ella, aun cuando se entienda la chicana para que acabe con tonterías tales como bajar la edad de imputabilidad; y, más allá, para que corte con seguirle la emoción fácil a lo que escucha en TN o Radio 10; y, más allá, para que se entienda que en el proyecto, o como quiera llamárselo, no hay lugar para tibios ni, mucho menos, para quienes no ofrecen garantías de que a mediano y largo plazo no volverán a andadas menemistas. Ya se lo habían avisado con el impulso a la candidatura de Sabbatella. Y se lo advirtieron a los barones del conurbano, propulsando esas listas colectoras que el cinismo kirchnerista denomina “de adhesión”. Cristina dijo también que a los sindicalistas los quiere de compañeros y no de cómplices, pero al respecto los grandes medios y figuritas opositoras prefirieron hacerse los tontos; o, peor, en ese aspecto son tan tontos que en lugar de denunciar la picardía presidencial, con el fin de seducir sectores medios, se rindieron a sus intereses de clase para asegurar que la Presidenta ya no aguanta más ni piquetes ni paros salvajes. Son tan increíblemente torpes que eligieron concentrarse en que hay un operativo destinado a la recontraelección de Cristina en 2015 (al margen del urgente asesor comunicacional que necesita la diputada Diana Conti). O en la apasionante revelación de que un órgano de los Estados Unidos alerta por la fuerte suba del consumo de cocaína en Argentina: título central de portada de Clarín, el viernes último, que el mismo diario remitió para su desarrollo… a la página 49.

El resumen de todo esto sería que, sea hache o be, furibundos en la crítica o defensa de la jefa de Estado y su administración (y su discurso, para el punto), ella manifestó una serie de omisiones, críticas y propuestas que son contrastables con lo actuado. Y con cómo lo actuado adelanta o retrocede de cara al futuro. Enfrentado a eso, y con la licencia de decir “objetivamente” como si la objetividad no fuera poco menos que un valor abstracto, lo que hay es examinar el debe y haber del oficialismo, sí, pero sobre todo aquello de los contrastes. Se encuentran, muy rápido, discursos vacíos de cualquier definición. Macri en apertura de sesiones distrital convocando a atención de infancia desprotegida, como si fuera un dirigente socialista. Cobos y su insistencia en parecer una fotocopia de De la Rúa, si eso fuera posible. Sanz en el Gran Rex, delante de las viudas decrépitas de la Alianza, bajando como toda línea un “hola, soy Sanz, quiero ser Presidente”. Pino en campaña ¡¡¡en Expoagro!!!, subido a babucha de Clarín y La Nación, por ser contemplativos. El hijo de Alfonsín, contando que ya está cabeza a cabeza con la Presidenta. Como otras veces, da vergüenza seguir. Vergüenza ajena.

O sea que, tal vez, no haya sido la fracción discursiva más completa o atractiva de la Presidenta. Simplemente, fue de esos discursos a los que, si no les sobra, les basta con que su protagonista, y sus alcances, sean comparados con lo que hay enfrente.

Los matones

http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-158897-2010-12-18.htm

Por Luis Bruschtein

En el barrio Piedrabuena se describía el saqueo a un supermercado que nunca se había producido y en otros barrios populares de la ciudad algunos vecinos se preparaban para una invasión de paraguayos y bolivianos que nunca se produciría. La xenofobia había cundido y no solamente entre los vecinos argentinos blancos de Soldati. Entre los ricos y los pobres de todo tipo y nacionalidad surgían resquemores y miradas de desconfianza. La ciudad de Buenos Aires se había convertido, ahora sí, en un gran basural, pero no de basura material, sino ideológica. Una gran estupidez con sabor amargo se reproducía en las colas de los bancos, en los comentarios de sobremesa, en diálogos de taxímetro y en discusiones insólitas también en algunos ámbitos diz que progresistas. Nunca la ciudad generó tanto olor a podrido como cuando tantas cabezas se pusieron a pensar la misma mierda.

Y los consultores dicen que hay que ser xenófobo para no perder votos. Dicen que Macri ganó votos con su discurso discriminador y que la presidenta Cristina los perdió cuando salió al cruce con su discurso del Día de los Derechos Humanos. O sea que para ganar votos hay que actuar como un reverendo patán, en tanto que una persona democrática que no odia ni discrimina por cuestión de raza, religión, ciudadanía o condición social formaría parte de una minoría subversiva en la ciudad de Buenos Aires. La no discriminación resulta una actitud ultraizquierdista, testimonial. Ese es el verdadero problema en una ciudad donde la cultura ciudadana pareciera deslizarse por una superficie tan difusa y volátil que se dispersa con el primer soplido. El de Soldati discrimina al de la villa 20 y los demás porteños discriminan al de Soldati. Y en España a todos los porteños sin distinción les dicen suda-cas con menos consideración que si vinieran de la Villa 20.

Macri anunció a través de los medios que iba a regalar títulos de propiedad en las villas, como si fuera una oferta de supermercado. Si hubiera ofertado zapatos para dama hubiera provocado estampidas entre señoras de los barrios porteños. Pero no eran zapatos, sino tierra para viviendas, y provocó una estampida de las miles de personas que la necesitan, que fueron a su vez criticadas por muchas de aquellas señoras que se hubieran tirado de cabeza por unos zapatos baratos. Cosas veredes, Sancho, y nunca se agotará la capacidad de asombro. Sobre todo por la rapidez y la naturalidad con que ese discurso reactivo y tan primario e irracional conseguía instalarse con comodidad en la cabeza de miles y miles de porteños pobres o ricos, rubios y morochos. La estupidez no discrimina, no es tan estúpida.

Los medios tienen siempre su gran parte de responsabilidad, como la movilera de Radio Mitre que demostró su “valentía” al coincidir con Macri en su enojo por la “inmigración desenfrenada”. Agregaba de su pequeño coleto: “y de baja calidad”. No fueron comentarios de alta calidad los suyos, pero un argentino puede decir lo que se le ocurra en su país. Esto fue un gran logro de la democracia porque, antes, los iletrados ni siquiera podían votar. Más allá de los medios, cada quien tiene que aprender a hacerse cargo de lo que piensa. Mientras la señora boliviana se mantenga sentada en la puerta del súper es fácil hacerse el civilizado supremo y comprarle unos pimientos por dos pesos. Hasta se puede sacar una foto mientras lo hace, para mostrarles a los amigos. Pero si la señora sale a reclamar tierras para vivienda, tenga razón o no, se convierte en parte de “una inmigración desenfrenada” y, como dijo la piba, “de baja calidad”. La esencia de las personas se pone de manifiesto en situaciones límite. Los crímenes más repugnantes han sido cometidos por vecinos contra vecinos en guerras étnicas o religiosas, en Polonia contra los judíos o en Bosnia contra los musulmanes. Convivían en paz hasta que dejaron de hacerlo, envenenados por la excusa de la xenofobia, la seguridad, el fanatismo religioso y la discriminación.

Y en este punto, no se trata de que tengan razón o no en el reclamo o en la forma del reclamo. En cualquier caso posible la xenofobia, el fanatismo y la discriminación son ideas criminales. Una persona civilizada no puede asociarse al discurso primitivo de un patotero. Cuando va a agredir en esas situaciones, la patota profesional grita siempre consignas para justificar su violencia, conseguir alianzas tácitas de los que lo rodean y neutralizar posibles reacciones de sentido común: contra los zurdos, contra los maricones, contra los extranjeros, contra los chorros o contra los negros de mierda. En una pelea callejera, el matón profesional, que en este caso es una especie de linchador, apela siempre a las zonas oscuras de las personas que puedan estar a su alrededor. Ellos tratan de convertirse así en la personificación de la violencia que generan al convocar esos miedos y prejuicios.

El matón profesional puede creer o no en lo que dice. En principio es solamente un recurso más de la pelea. Pero, por algún mecanismo perverso, ese recurso en el que él no cree se convierte en credo para muchos de los que en ese momento lo rodean. Entonces el matón se convierte en portavoz de personas que supuestamente son más inteligentes y mejores que él. Se produce un fenómeno de subordinación a esa personificación de la violencia, como sucedió con Hitler en Alemania y con muchos de los porteños que encontraron sus voceros entre los barrabravas que fueron a golpear a los pobres que estaban reclamando tierras.

No resultó extraño escuchar al escritor Marcos Aguinis destacando en el programa de González Oro el ejemplo de Brasil, donde el ejército entró a sangre y fuego a las villas de emergencia. “Y por supuesto que hay muchos muertos inocentes –expresó–, pero así se acaba el problema.” Aguinis, que es un gran divulgador de lugares comunes, había dicho que los escolares que rodearon a la presidenta Cristina Fernández el Día de los Derechos Humanos le hacían recordar a “los jóvenes con brazaletes que le llevaban flores a Hitler”. Pero los admiradores locales de Hitler coinciden con Aguinis y no con la presidenta Cristina Fernández. El neonazi Alejandro Biondini se apropió de la frase de Macri sobre la “inmigración descontrolada” y en una carta exigió al gobierno de Bolivia “que pida disculpas a la República Argentina” por los bolivianos de la Villa 20 que habían invadido el Parque Indoamericano.

Las formas de discriminación propias del nazismo (incluso con una idea similar de exterminio del otro, como surgía del ejemplo de las favelas en Brasil) se pueden filtrar peligrosamente a través de un conservador autoritario como Aguinis, o de un neonazi. Pero en este caso, Biondini fue menos nazi que el escritor porque no habló de exterminios ni de muertos.

¿Qué queda en el corazón de las personas después de los hechos? Cuando llega la calma después de la pelea. Sobre todo cuando la pelea se disuelve con un criterio de racionalidad y no por la violencia. Hubo insultos, peleas y muertos. Todos los insultos del mismo lado y todos los muertos del otro. ¿Es posible un sentimiento de triunfo porque se terminó la ocupación del parque? En todo caso, el triunfo fue de los que aplicaron esos criterios de racionalidad, no de los histéricos ni de los furibundos, ni de los violentos.

Resulta paradójico que el camino de la negociación que permitió la solución del conflicto tenga menos consenso según los encuestadores y consejeros del macrismo que el de la violencia, que para ser justificada necesita apoyarse en ese discurso xenófobo que ensayó Mauricio Macri para encubrir su incompetencia. El mismo ideario que vociferaban las patotas cuando agredían a los vecinos de la Villa 20 que estaban ocupando el Parque Indoamericano.

No se trata de discutir si los que tomaron el parque tenían o no razón. Será otra discusión. El poderoso veneno no estaba allí sino escondido en la reacción xenófoba que provocó la toma y que se extendió como un incendio por toda la ciudad. La debilidad de algunos bienpensantes, la perversa ambigüedad de los autoritarios o la flaquísima conciencia ciudadana que no termina de arraigar para rechazar el canto de sirena del discurso patotero, son el verdadero problema.

Quedó demostrado que se podía reaccionar de otra forma, pero el camino pacífico, que lleva tiempo y paciencia, que requiere inteligencia, sensibilidad y política tendría menos rating en esta ciudad supuestamente culta y moderna. En cambio la violencia, con su carga simbólica de castigo ejemplificador y negación y anulación del otro, se considera flamígeramente apropiada en la urbe de Macris, Aguinis y Biondinis.