Paradojas de los nuevos vagones chinos

LOS TRENES MAS MODERNOS DEL SUBTE FUNCIONARAN CON EL SISTEMA DE SEGURIDAD DE LOS VAGONES DE MADERA

Tienen aire acondicionado, pero no se sabe si podrá usarse.

Tienen aire acondicionado, pero no se sabe si podrá usarse.

No cuentan con equipos para funcionar con señalización digital y colocarlos lleva seis meses. Por eso, en marzo circularán con el sistema utilizado por los coches desahuciados por Macri.

Por Eduardo Videla

La falta de seguridad era el principal argumento con que la gestión macrista retiró apresuradamente de circulación a los históricos vagones de madera de la línea A. Pero los trenes chinos que circularán en su reemplazo, a partir del 8 de marzo, tendrán el mismo sistema de seguridad que los belgas ya jubilados. La razón: los nuevos coches no están equipados con el sistema de seguridad digital ATP, ya instalado en toda la línea, y colocar ese equipo en todas las unidades puede demorar no menos de seis meses, coinciden los especialistas.

El dato es sólo una muestra de la improvisación con que se tomó la decisión de hacer el cambio de formaciones en este momento”, dice a Página/12 un integrante de la junta interna de los trabajadores de subterráneos.

El gremio y los especialistas en asuntos ferroviarios consultados por este diario coinciden además en lo “innecesario” del cierre de la línea durante dos meses para hacer los cambios. “Cuando se renovó la flota en la línea B o en la D, los usuarios se dieron cuenta recién cuando se subieron a los trenes nuevos: no se paró el servicio ni un día”, aseguran.

No es que los coches chinos vayan a ser inseguros con ese viejo sistema, como tampoco lo eran los belgas”, aclara el metrodelegado Manuel Compañez. Se refiere al sistema de seguridad ATS (Automatic Train Stop) o paratrén, que consiste en unas antenas colocadas en cada formación que, si el tren avanza con luz roja, en forma mecánica, activa los frenos de emergencia.

Las formaciones chinas no tienen instalado ningún sistema de seguridad automático para la detención del tren”, advierten los metrodelegados. No sólo hay que colocarles el equipo, sino instalar el software. Ese trabajo demora entre seis meses y un año.

El ATP (Automatic Train Protection), en cambio, es un sistema de señalización digital que permite el monitoreo de los trenes en toda la línea. Está instalado en las líneas B, D, E, A y H, pero sólo funciona en las tres primeras, ya que en la A y en la H los trenes no cuentan con equipamiento para operar con ese programa. La C es la única que no tiene ATP en su sistema de señalización: ésa (y no el cambio de trenes en la A) era una de las prioridades señaladas por expertos en subterráneos.

La paradoja de la línea cerrada en enero, entonces, es que los coches con la tecnología más moderna funcionarán con un sistema de seguridad primitivo. “Se podría haber instalado el nuevo sistema y luego poner los trenes en funcionamiento”, dijo a este diario Damián Martínez Vélez, delegado de señaleros de la línea A. “Pero no tienen un plan de trabajo e improvisan sobre la marcha”, cuestionó.

Vagones Linea A

Otro inconveniente que se debe resolver en estos días es la adaptación de las ruedas de los trenes Fiat, del sistema tranviario al ferroviario. “La A es la única línea que funcionaba con sistema tranviario, es decir, con vías de tranvía, que eran las únicas por las que podían andar los vagones de La Brugeoise”, explica Compañez.

Como las vías habían sido cambiadas a nuevo, se les puso un contrarriel, para que los vagones no descarrilen en las curvas o en los cambios. Ahora que los coches belgas no están, se sacan esos contrarrieles, por lo que hay que adaptar las ruedas de los coches Fiat. “El tiempo que demora ese trabajo es un mes por formación”, agrega el metrodelegado.

Por eso, de los seis trenes Fiat con que cuenta hoy la A, sólo dos estarían en condiciones de circular en marzo, mientras que los otros cuatro se incorporarían recién en mayo o junio. Salvo que Sbase resuelva sacar formaciones de otras líneas.

“Así, de las 18 formaciones con que contaba la A hasta su cierre, en marzo abriría con 11 (nueve chinas y dos Fiat).” Por eso, para disminuir la frecuencia, se analiza el cierre de las estaciones Piedras y Pasco-Alberti.

Los metrodelegados sostienen que estos inconvenientes dan aún más razón a su propuesta, formulada el 10 de enero último: no había necesidad de cambiar con tanta urgencia los coches La Brugeoise ni de cerrar la línea durante casi dos meses. “Seis meses más de servicio con las formaciones belgas hubieran sido más que suficientes para realizar las tareas sobre los coches viejos, el sistema de señalización y las pruebas de kilometraje.”

Los técnicos del subte deben resolver en estos días otros problemas: un corte en sectores de los andenes donde los nuevos coches rozan, y un estudio térmico para saber si se puede usar el aire acondicionado de los trenes chinos sin que los pasajeros que esperan en las estaciones se calcinen, ya que el sector más antiguo de la A no cuenta con ventilación forzada.

Fuente: http://www.pagina12.com.ar/diario/sociedad/3-213083-2013-02-02.html

El color del dinero

Por Raúl Dellatorre

¿La estabilidad del Gobierno está amenazada por la disparada del dólar blue? ¿Hay un manejo en las sombras de este mercado buscando efectos desestabilizadores? ¿Adónde nos lleva el descontrol del blue? O quizás haya que preguntarse, ¿adónde nos llevan quienes controlan el blue?

El dólar blue.La visión apocalíptica respecto de una economía que se desplaza sobre un tobogán hacia el desastre se realimenta a diario. Quienes la invocan hasta ahora no han hecho mucho más esfuerzo que aludir a la trepada del dólar blue y mirar hacia el lado del Gobierno preguntando: “¿Y? ¿No van a hacer nada ante semejante situación?”.

El Gobierno responde de manera retórica: no hay nada que deba hacerse ante un mercado ilegal más que aumentar los controles, aunque se acuse a esos mismos controles de haber generado el mal. En el medio, no son pocos los que no saben a quién creer.

Una aproximación a los elementos que componen esta compleja batalla podría comenzar señalando que existe un problema económico con un aprovechamiento político. Este último es muy grande, al punto de haberse convertido en eje discursivo de buena parte de la oposición, compuesta por factores políticos pero también económicos. Lo que cabe dimensionar, frente a esto, es el tamaño del problema económico.

El mercado paralelo es, por volumen, exiguo. Son apenas un puñado de millones los que se mueven a diario en la compraventa de billetes en esa plaza ilegal. Surgió como una plaza a la que concurrían quienes buscaban fugar utilidades no declaradas en el país, que necesitaban por ello convertirlas en dólares. A esa demanda se la atendía con fondos de divisas en negro que especulaban con obtener diferencias lucrando sobre quien tenía necesidad de comprar los dólares cubiertos por la opacidad de esa plaza. Pero la prohibición oficial a la venta de dólares para atesoramiento (ahorro) y las restricciones a la venta de divisas a turistas creó una demanda adicional, aunque inicialmente muy pequeña. Tras una serie de maniobras especulativas, vinculadas con movimientos financieros en el exterior (ya explicadas en notas de las últimas dos semanas en Página/12) que provocó una inicial aceleración de la trepada del blue (entre los 6 pesos y los 6,50, aproximadamente), se inició luego una seguidilla constante de subas que lo llevaron hasta los 7,95 del cierre de ayer.

En este último raid, jugó un papel dinamizador la demanda para atesoramiento de pequeños ahorristas que creen estar ante una escalera sin descansos ni tope, y el rol de control que ejerce una oferta muy acotada que sabe sacar provecho de la ocasión.

Aquí vale una puntualización: la demanda de pequeños ahorristas (“chiquitaje” la denominan en el mercado) es genuina, producto del trabajo o de actividades lícitas, de quienes creen estar protegiendo sus reservas comprando a “8 por 1”.

La oferta, por lo general, no: son fondos “negros” o ilegales, tanto en su origen como en la aplicación que seguramente tendrán los recursos obtenidos, vendiendo a “8 por 1”.

Al gobierno nacional se le ha planteado al presente el problema de no haber encontrado armas eficientes para combatir este tráfico ilegal de divisas, ni desde el Banco Central ni desde la AFIP.

Es cierto que, cuando intervino, no obtuvo mucho favor de la Justicia, que incluso objetó las facultades de las autoridades para aplicar los controles. Pero también atenta contra un ejercicio más eficiente del control, una percepción de que ese mercado irregular no genera un perjuicio importante sobre “la economía real”. La demostración fáctica de esta aseveración sería la siguiente:

 

  • Hay un mercado de cambios administrado por el Banco Central, a un tipo de cambio de equilibrio (ayer, 4,99 pesos para la venta), desde el cual se atiende la demanda de divisas para la importación, pago de servicios al exterior, turismo (previa autorización de la AFIP) y otros rubros del sector externo.
  • Con las medidas aplicadas en los últimos 18 meses para restringir ciertas operaciones en los mercados financieros, se cortó la formación de activos externos (fuga de divisas) que había tenido un impacto real en los años previos.
  • La implementación de controles sobre el comercio exterior hoy permite evitar muchas de las operaciones de subfacturación de exportaciones o sobrefacturación de importaciones que eran habituales en otras épocas, y que podrían nutrir un mercado paralelo.
  • El balance de divisas sigue siendo excedentario para el Banco Central y se espera que este año vuelva a serlo en 12 mil millones de dólares. Si hubo baja de Reservas Internacionales del BCRA en el último ejercicio, no fue por “fuga” sino por políticas de desendeudamiento que reducen compromisos futuros y, por tanto, aseguran que el sector externo (balance de divisas) siga siendo excedentario.
  • Ninguno de estos factores está amenazado por la existencia de un mercado irregular marginal, muy reducido, aunque la cotización del dólar sea exorbitante.

Un “balance de divisas excedentario” se traduce como que “sobran los dólares”, que no hay escasez ni riesgos de ahogo en el horizonte. Pero, si sobran, ¿por qué no combatir un mercado tan chico como el blue destruyéndolo con un par de ataques? La respuesta retórica sería que el Banco Central no interviene en mercados ilegales, en un mercado que no le genera dolores de cabeza (como sí le provocaron las dos corridas sobre el mercado previas a octubre de 2011) y que, además, debería caer por su propio peso. Esto es: expectativas falsas de devaluación que se desinflarían cuando empiecen a liquidarse las divisas de exportación y acabe la demanda turística, allá por marzo o abril.

El problema es más mediático que real”, afirman quienes le quitan peso al impacto de la disparada del paralelo. Eso equivale a decir que es un problema político, argumento opositor para provocar al Gobierno, para generar un clima de desconfianza en la gente. Pero que el planteo no se corresponde con desequilibrios de las variables reales de la economía.

El problema que no se puede soslayar es que la frontera entre lo político y lo económico no está dibujada en ningún mapa, sino que son esferas con espacios comunes. Y eso sí tiene impacto, por ejemplo:

 

  • Si hay pequeños ahorristas que creen que el dólar blue seguirá subiendo sin fin y vuelcan allí sus ahorros, hay una porción de recursos (por pequeña que sea, no es desdeñable) que está saliendo del circuito formal y está retroalimentando la suba.
  • Si hay un mercado inmobiliario que todavía no rompió totalmente la cultura de dolarizar las cotizaciones, aunque “negocie” el tipo de cambio, en alguna medida está trasladando al precio (en pesos) la trepada del blue.
  • Tanto ruido sobre el valor del paralelo está provocando un perceptible “clima inflacionario”, que algunos formadores de precios traducen en aumentos bajo la excusa de un supuesto impacto de la suba del blue.

Cada uno de ellos constituye un abuso de parte de sectores de poder económico, que obtendrán transferencias de riqueza a su favor en desmedro de ahorristas y consumidores. Son conductas alentadas, intencionalmente o no, por el discurso político que hace de la subida del mercado paralelo un “termómetro” de la salud del Gobierno. Cuanto más sube, más grave está el paciente.

Para la política económica del Gobierno, no hay un riesgo real de que se vea empujada a una megadevaluación o a un desdoblamiento del mercado (dólar comercial y dólar financiero o turístico) por la disparada del dólar blue.

La afirmación de que el dólar oficial se verá obligado a converger hacia el paralelo sólo se sostiene en argumentos falaces, como los planteados por el ex ministro Roberto Lavagna sobre “caídas en la inversión, el empleo y la competitividad” que son indemostrables.

El verdadero desafío es evitar que el debate sobre el dólar blue arrastre a un enrarecimiento político en el que los factores económicos más poderosos se vean tentados, otra vez, a sacar ventajas. La inflación, por caso, no es un tema circunscripto a la órbita de la economía pura, sino que pertenece a ese espacio común de la política y la economía. Precisar ese terreno de disputa ayuda también a definir las herramientas con las que se le da pelea.

Fuente: http://www.pagina12.com.ar/diario/economia/2-213097-2013-02-02.html