¿Qué te pasa Moyano?

¿Estas desorientado y no sabes que trole hay que tomar para seguir?

Te olvidaste que 12 millones de argentinos votaron a Cristina hace menos de un año, esa mujer a la que vos apoyaste durante tantos años, en tantos actos y declaraciones.

¿Quién gana con los paros? ¿Los trabajadores? No parece que sea la respuesta correcta.

Desde 2003, los laburantes gozan de paritarias, aumentos salariales, inclusión social, derechos y garantías, miles de nuevos empleos, que habían sido aplastados por el neoliberalismo rapaz.

No acatar una conciliación obligatoria para boicotear al gobierno popular no parece un gesto muy acertado. Las amenazas no construyen futuro.

Los camioneros son uno de los gremios mejor remunerados, por lo que los paros no responden a reclamos gremiales, sino que se deben a la puja política del jefe de la CGT con la Presidenta, eso está clarísimo.

Y sí, vos la tenés más larga, quédate tranquilo, pero ella es la jefa, ¿viste?

En medio de la crisis más brutal de que se tenga memoria, el capitalismo global amenaza despedazar a todo lo que encuentre a su paso, como suele hacerlo la voracidad especulativa de las finanzas, y Europa está al borde del precipicio. Nosotros podemos llegar a recibir los coletazos de esa crisis, y no es bueno que mezquinas aspiraciones personales afecten el destino de todos los argentinos, ¿no sé si se entiende Moyano?

Decís: “Si me tienen que llevar preso, que me lleven“, pero vos no sos Mahatma Gandhi luchando por la libertad de tu pueblo. Estas peleando con la presidenta de todos los argentinos, una compañera peronista, te guste o no te guste.

Podés opinar lo que quieras, porque estamos en democracia, pero no podés ser funcional a los enemigos del pueblo, vos te diste vuelta como una media, como Jorge Lanata, decías una cosa hace un tiempo, ahora decís y hacés todo lo contrario.

Un mamarracho. Moyano, todos tenemos historia de lucha, medallas que mostrar, algunos un pasado glorioso, otros una militancia combativa, otros valor y recuerdos duros para el archivo, pero nada de eso garantiza un presente digno; la dignidad y el respeto se ganan todos los días con las acciones que uno realiza y para qué las hace.

Moyano dejá la CGT de los argentinos, no queremos la burocracia sindical de los 70, no queremos a los asesino de la triple A (AAA). Que cazaban a los montoneros. Menos aun los delincuentes que se rascaban las espaldas con los sables de la dictadura militar. Puede ser que la justicia les abra las puertas de las cárceles y sean condenados por lesa humanidad.

Fuente: http://www.facebook.com/juancarlosbautista.chiappo

Quieren trasladar su crisis a nuestros países

EL DEBATE PREVIO A LA CUMBRE RIO+20

Río de Janeiro será el escenario de la disputa entre países centrales y en desarrollo sobre conceptos ambiguos como “economía verde”.

Por Eduardo Videla

La cumbre ambiental Río+20, que en unos días concentrará en la capital carioca a presidentes y funcionarios de casi doscientos países, será escenario de una nueva disputa entre las naciones centrales y el grupo de países emergentes o en vías de de-sarrollo, nucleados en el G-77 más China. Uno de los ejes de la controversia es el concepto de “economías verdes” que, para el gobierno argentino y sus socios de América latina, es una suerte de trampa tendida por las potencias y sus aliados para poner freno a las exportaciones cuando no cumplen con ciertos parámetros “verdes”. El otro foco de conflicto es la posible creación de una agencia internacional, que tendría el poder de policía para hacer cumplir con indicadores y premisas, inspecciones que los países interpretan como la antesala a restricciones comerciales.

A diez días de la firma del documento, todavía no hay consenso. Los diplomáticos trabajan contra reloj: hace una semana las delegaciones estuvieron reunidas en la sede de Naciones Unidas, en Nueva York, y esta semana volverán a encontrarse en Río de Janeiro. El documento que redactaron dos funcionarios de la ONU designados por Ban Ki-moon tiene ochenta páginas y muchos de sus párrafos son cuestionados por los representantes de los países en desarrollo. Estos diplomáticos están ante una doble presión: no ceder en la defensa de sus intereses estratégicos y, a la vez, no hacer fracasar la cumbre, que pretende avanzar sobre los logros obtenidos hace 20 años en otra cumbre, en esa misma ciudad. El desafío se multiplica para el gobierno de Brasil, también crítico del documento, por su condición de anfitrión.

En esta negociación, la Argentina ha encontrado aliados importantes, como la India y Egipto, que se sumaron a los socios del Mercosur”, dijo la subsecretaria de Planificación y Política Ambiental, Silvia Révora, una de las negociadoras argentinas, en una entrevista con Página/12.

–A días de la cumbre, ¿qué consensos y qué diferencias hay entre los países?

–El documento para Río+20 se viene trabajando desde hace muchos meses y, como no se ha avanzado en el consenso entre los países centrales y los del G-77 más China, en estos días se estuvo viendo si se cerraba un acuerdo. El G-77 más China, que son 132 países sobre un total de 193, que tiene a la mayoría de la población mundial e incluye a países emergentes como China, India y Brasil, ha estado trabajando muchos meses en este documento. Hasta ahora, no hay consenso. Evidentemente, el documento que va a salir no será un documento que refleje nuestra posición y si no nos refleja, cada país hará sus reservas.

–¿Cuáles son los grandes ejes de la divergencia?

–La gran divergencia es que los países centrales están planteando el concepto de “economía verde” como el nuevo paradigma ambiental para salvar el planeta. Nosotros planteamos que no hay una definición de economía verde, por lo tanto, no podemos apoyar algo que se desconoce. No estamos de acuerdo en sustituir el concepto de desarrollo sustentable, que es mucho más ambicioso y que implica un cambio en el modelo de producción y consumo que nos ha provocado esta crisis ambiental. Como G-77 planteamos que ese cambio lo deben liderar los países centrales, que son los que han impuesto ese modelo global de consumo y de producción insustentable, que se basa en una falacia: que los recursos naturales son infinitos. Producimos y consumimos como si fuéramos a tener una cantidad infinita de agua, de petróleo, de tierra.

–Los países centrales no aceptan eso.

–Ese es el problema central: los países centrales no asumen su responsabilidad primaria. Lo que plantean es que los costos de la crisis ambiental, por ser planetaria, los tenemos que asumir todos por igual. Países pobres, en desarrollo y ellos. Cuando son ellos los que han causado esta crisis ambiental.

–No admiten que la responsabilidad no es la misma para todos.

–En el plenario, plantearon borrar el principio de responsabilidades comunes y diferenciadas. No-sotros, como G-77 más China, tenemos premisas que no son negociables. Una es ésa, la otra es nuestra soberanía respecto del manejo de nuestros recursos naturales. No vamos a delegar el control ambiental a ninguna agencia globalizada que nos imponga lo que tenemos que hacer con nuestros recursos naturales ni parámetros de cumplimiento. Porque esto de la economía verde es una trampa.

–¿En qué consiste esa trampa?

–Ellos pretenden poner indicadores y parámetros para la producción de bienes y servicios y aquel que no los cumpla, no va a poder exportar.

Por supuesto que eso nadie lo dice. El planteo de ellos es un planteo naïf: vamos a salvar el planeta.

–¿Cuáles serían las consecuencias?

–Una gran parte de los países centrales está queriendo trasladar su crisis a los países en desarrollo utilizando el tema ambiental. Si exigen el cumplimiento de estos parámetros que quieren imponer con la economía verde, va a haber una transferencia enorme de recursos de los países en desarrollo a los desarrollados, porque los que tienen la tecnología son ellos, y nos van a obligar a comprar la tecnología y a endeudarnos. Nuestro planteo de desarrollo sustentable implica la erradicación de la pobreza nosotros, como países latinoamericanos, tenemos mucho que mostrar en Río: cómo hemos bajado los niveles de pobreza, al contrario de los países desarrollados, donde en este momento va creciendo la pobreza.

–Nuestros países han disminuido los niveles de pobreza, pero ¿se han desarrollado en forma sustentable?

–En este momento, no hay ningún país que pueda plantear que tiene un desarrollo sustentable, es nuestra utopía. Se plantea que otro tipo de desarrollo es posible. Porque el desarrollo sustentable implica que produzcamos en forma eficiente, con un uso muy racional de nuestros recursos, y consumamos en función de nuestras necesidades básicas, no permitiendo el derroche. Lo que vemos es que en nuestros países hay sectores de la población que tienen que aumentar su consumo pero también hay un sector importante que tiene que evitar despilfarrar recursos naturales a través de consumo insustentable. Por ejemplo, cuando se compran productos que tienen una vida útil muy corta o que requieren un uso intensivo de electricidad o de materias primas.

–Si el modelo económico argentino permitió aumentar el consumo, ¿podemos decir entonces que este modelo es sustentable?

–No, nadie dice eso. Lo que tenemos en la Argentina es una réplica del modelo impuesto en el planeta y que nosotros no lo vamos a poder cambiar si no lo cambian ellos, que son los que tienen el gran poder económico. Por eso, el G-77, cuando se habla de economía verde, le plantea a los países centrales que ellos lideren este cambio de modelo de producción y consumo. Nosotros no lo vamos a poder liderar porque no tenemos ni tecnología ni capacidad financiera. Sí tenemos que darle buen nivel de vida a un porcentaje importante de la población, que es una prioridad de este Gobierno.

–¿Qué balance hace de los veinte años transcurridos desde la cumbre de Río ’92?

–Para nosotros, ha habido más falencias que logros. Porque los principios rectores de Río ’92 no han sido cumplidos por los países desarrollados, la transferencia de tecnología y apoyo financiero a los países en desarrollo. Y ahora lo quieren eliminar. Ahora no hablan de transferencia de tecnología, no hablan de apoyo financiero y quieren eliminar el principio de responsabilidades comunes pero diferenciadas, que es el leitmotiv de la convención y que planteamos que deben mantenerse.

–¿En qué consiste ese principio?

–En que los que produjeron el fenómeno del calentamiento global de la atmósfera son los países industrializados, desde la época de la industrialización a finales del siglo XVII hasta ahora. Ahora, los países emergentes comenzaron a emitir también gases de efecto invernadero. China e India ya se están pareciendo a los países desarrollados en sus emisiones, pero es un hecho reciente. Por eso la convención dice que las responsabilidades son comunes pero diferenciadas: el que causó el problema debe asumir el costo. Por eso Río ’92 fue un éxito para los países en vías de desarrollo, fue un reconocimiento de que había una crisis ambiental y que los países centrales debían asumir un compromiso porque eran los que la habían causado. Ahora, veinte años después, sin haber hecho los aportes que tendrían que haber hecho, boicoteando la convención, quieren trasladar su crisis a nuestras espaldas.

–¿Qué otros planteos llevan los países de América latina?

–Por ejemplo, cuando se habla de empleo verde, nosotros lo sustituimos por empleo decente. Porque nosotros acá tenemos empleo verde, el reciclador urbano, el cartonero que separa es empleo verde, pero no es decente. Tenemos que transformarlo en empleo formal y decente.

–¿Qué frutos puede dar este consenso que hay en América latina?

–A mí me interesa la alianza que tenemos los países latinoamericanos, y también con la India y Egipto, con los que lideramos esta posición: estamos de acuerdo con el desarrollo sustentable, queremos definir los temas en forma soberana, y no tenemos que aceptar que nos impongan las prioridades de la globalización, que no están pensadas en función de nuestras necesidades. Vamos a difundir la declaración de Buenos Aires para que la gran prensa conozca nuestra posición. La gran prensa, que está globalizada y manejada por los países centrales, no conoce nuestra posición.

–Otro de los ejes de controversia es la creación de una agencia global de control ambiental.

–Los países centrales quieren crear una gran agencia en base al Programa de Naciones Unidas sobre Medio Ambiente (Pnuma), porque para establecer parámetros e indicadores para la producción de bienes y servicios se necesita una agencia que controle. Quieren crear una agencia con poderes para fiscalizar el cumplimiento de la economía verde.

–¿Ustedes qué proponen en cambio?

–Queremos que haya mayor sinergia entre las agencias que existen actualmente y que sea la Asamblea General y el Consejo de De-sarrollo Sustentable de Naciones Unidas un ámbito de definición y debate político. No le damos mandato al secretario general para que arme esto. Queremos el fortalecimeinto del Pnuma aumentando su membresía a todos los países. En este momento tiene solo 46 países, entre ellos la Argentina.

–¿Hay coincidencia con las ONG argentinas que van a participar de la cumbre?

–Las ONG han estado muy activas, sobre todo las que trabajan en salud y educación. Las ambientalistas son las más débiles en esto, porque siguen los lineamientos de los países centrales, porque allí tienen su base de financiamiento, y están bastante condicionadas por eso.

–¿Cuál va a ser la posición argentina respecto de las industrias extractivas, como la minería?

–En la cumbre no se debate qué actividades son sustentables y cuáles no. Todas las actividades generan impacto, la idea es que lo minimicen. Hay una impronta de ir logrando nuestro propio camino, nuestro propio desarrollo sustentable.

–Entonces no van a hablar de minería.

–Sobre la minería, le voy a decir lo que pienso. Lo que nos proponemos desde esta secretaría es fortalecer el rol del Estado en la evaluación del impacto de esta actividad. Los impactos de la minería a cielo abierto, de una hidroeléctrica, son significativos. Hay una serie de actividades que se requieren para el de-sarrollo del país, pero su localización y la tecnología que usan debe ser evaluada por el Estado para aprobarlas o no. Estamos haciendo un proyecto de ley de presupuestos mínimos de evaluación de impacto ambiental para que el Estado nacional y los provinciales podamos conjuntamente evaluar, fiscalizar y controlar estos grandes emprendimientos. Hay que aceptarlos sólo si los beneficios son mayores que los costos.

Fuente: http://www.pagina12.com.ar/diario/sociedad/3-196047-2012-06-10.html

Declaración de Buenos Aires

Los ministros de Medio Ambiente de los países del Mercosur y de Chile como Estado asociado emitieron el 11 de mayo último la Declaración de Buenos Aires, en la que expresan su posición frente a la cumbre y los distintos puntos en controversia:

  • Acordaron considerar que la “economía verde” no debe sustituir el concepto y los principios de desarrollo sustentable.
  • Entender la “economía verde” como un programa para el desarrollo sustentable, un conjunto de iniciativas, políticas y proyectos que contribuyan a la transformación de las economías, la erradicación de la pobreza, la inclusión social, y no resulte un obstáculo al comercio.
  • Tampoco debe constituirse sólo en una herramienta de mercado que privilegie los aspectos de comercialización de tecnologías avanzadas, frente a la búsqueda de soluciones adaptadas a las diversas realidades de los países en desarrollo.

La posición argentina en Río+20 se hará pública mañana en una Jornada de Apoyo que se realizará en el Salón Arturo Illia del Senado, organizada por el bloque de senadores y diputados del Frente para la Victoria.

La apertura, a las 16, estará a cargo de los presidentes de las cámaras, Amado Boudou y Julián Domínguez, respectivamente. Expondrán el secretario de Ambiente y Desarrollo Sustentable, Juan José Mussi; el jefe de Gabinete, Juan Manuel Abal Medina; la subsecretaria Silvia Révora; el senador Daniel Filmus y los embajadores Eduardo Zuain y Cecilia Nahón, entre otros.

No mas control y cooptación empresarial de las Naciones Unidas

Río+20: ONU, empresas y economía verde

Por Victor M. Carriba

El texto advierte que cada vez es más común ver políticas aprobadas por la ONU que NO responden al provecho público

La creciente influencia empresarial en los centros de política internacional está detrás de la persistente acción de la alta dirigencia de la ONU para impulsar el controvertido concepto de Economía Verde, según un análisis conocido hoy aquí.

La consagración de esa noción, sin alterar los actuales patrones mundiales de producción y consumo, es uno de los principales objetivos del secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, con vistas a la próxima conferencia sobre Desarrollo Sostenible (Río+20).

Pero la insistencia en tratar de imponer esa concepción también tiene en ascuas las negociaciones sobre el texto final de la cita de Río de Janeiro, a celebrarse dentro de 10 días con más de un centenar de jefes de Estado y Gobierno.

“No más control y cooptación empresarial de Naciones Unidas” es el título de una declaración conjunta de la sociedad civil que circula en estos días por Internet y que tiene entre sus firmantes al Servicio Paz y Justicia del Premio Nobel argentino Adolfo Pérez Esquivel.

El texto advierte que cada vez es más común ver políticas aprobadas por la ONU que no necesariamente responden al provecho público, sino a los intereses comerciales de determinadas empresas o sectores empresariales.

También alerta acerca de la creciente influencia de los grupos de presión y cabildeo de las grandes firmas en el organismo mundial y su incidencia en posturas de gobiernos nacionales y en espacios de discusión y organismos de la ONU.

Un ejemplo: el llamado grupo de alto nivel sobre energía sostenible que asesora a Ban Ki-moon tiene entre sus miembros a los presidentes del Banco de América, Charles Holliday, y de la transnacional alemana Siemens, Peter Loscher.

Al mismo tiempo diversas agencias de la ONU establecieron asociaciones con las corporaciones ExxonMobil, Río Tinto, Anglo American, Shell, Coca Cola y otras que operan en los más diversos sectores, de acuerdo con el análisis de las organizaciones civiles.

Las agrupaciones que suscriben el documento piden que en Río+20 se ponga punto final a “las asociaciones dudosas entre la ONU y las empresas y al acceso privilegiado que se le ha otorgado al sector empresarial”.

Asimismo, alertan que los intereses de las empresas amenazan con tomar precedencia en la ONU por encima de las voces de los pueblos y han ganado cada vez mayor influencia en las decisiones del organismo mundial.

Y aseguran que el cabildeo de las corporaciones en los foros de la ONU logra bloquear soluciones en materia de cambio climático, producción alimentaria, violación de los derechos humanos, abastecimiento de agua, salud, pobreza y deforestación.

Lo que buscan es el lucro a partir de las crisis que afectan a millones de personas sin resolver los contrariedades y acrecentando su poder sobre la tierra, los recursos y la vida de la gente.

Para los firmantes, el proyecto de la Declaración de Río+ 20 refuerza el papel de las empresas como promotores de la economía verde, pero evita abordar su papel en la generación de las crisis financiera, climática, alimentaria y otras.

Quienes suscribimos consideramos que la ONU debe priorizar medidas que sirvan al interés público y resuelvan las múltiples crisis actuales antes que formular políticas que generan nuevas oportunidades de mercado y lucro al sector empresarial, apuntan.

Descargar la declaración completa

Fuente: http://www.prensa-latina.cu/index.php?option=com_content&task=view&id=515218&Itemid=1

Estamos vivos porque la dolarización fracasó

Mientras el gobierno enfrenta una corrida cambiaria con métodos heterodoxos y relativo éxito, se cumplen diez años de la última utopía neoliberal: la adopción del dólar como moneda para la Argentina. De Mitre y Pablo Rojo a la revolución de los Estados Unidos. Reflexiones alrededor del billete fetiche de una élite que nunca confió en su país.

“Estas no son horas de perfeccionar cosmogonías ajenas, sino de crear las propias.
Horas de grandes yerros y de grandes aciertos, en que hay que jugarse por entero a cada momento.
Son horas de biblias y no de orfebrerías.”
Raúl Scalabrini Ortiz, El hombre que está solo y espera.

Por: Roberto Caballero

Cuando la Convertibilidad ya había estallado por los aires, los economistas ultra-ortodoxos del menem-cavallismo propusieron la dolarización total de la economía como última tabla de salvación. Ocurrió hace apenas diez años.

El principal impulsor del proyecto era una joven brillante de la JP de los ’70, llamado Pablo Rojo, reciclado 20 años después en defensor dogmático del Consenso de Washington. Los que pensaban que era viable, justificaban la propuesta en una ventaja de tipo cultural: los argentinos querían dólares.

Para qué ir contra la corriente, si la sociedad ya lo había adoptado para hacer negocios o ahorrar. En el fondo, lo que Rojo planteaba era rendirse ante la evidencia, ceder toda soberanía monetaria y gozar de los presuntos beneficios de asociarse a la mayor economía planetaria, asumiendo que el futuro estaba en Roma y no en la Galia. Es decir, aceptar como destino el ser colonia de una potencia próspera y hegemónica.

La idea no era nueva. Bartolomé Mitre había planteado algo parecido más de un siglo antes, aunque para la Generación del ’80, las relaciones carnales debían ser con el Reino Unido y no con los Estados Unidos. Como se ve, a través de las distintas épocas, las élites nacionales se caracterizaron por tener una visión antinacional de la resolución de los problemas. Pero, sobre todo, antipopular.

La factoría inglesa que proponía Mitre como país resolvía la razón de ser de los dueños de las materias primas que el Reino Unido necesitaba y punto. Era un gran país-estancia donde el gauchaje bárbaro y la inmigración se limitaran a ser mano de obra esporádica y barata según la suerte de la cosecha. Una nación rica de gente pobre, que dos fenómenos políticos democráticos y populistas como el yrigoyenismo y el peronismo pusieron definitivamente en crisis con la industrialización moderna.

Puede decirse que el planteo de Rojo en 2002 fue la última utopía neoliberal de los ’90. Una década donde resignamos el patrimonio público, debía rematarse con la renuncia a la moneda propia. Si no teníamos el petróleo, el agua y los trenes, ¿para qué conservar el peso? Cada tanto, la derecha tiene una fiebre refundacional del país. Mitre llamó a su gobierno “Proceso de Organización Nacional” y Videla a su dictadura genocida “Proceso de Reorganización Nacional”.

Menem se levantó un día y dijo que el dólar valía un peso, y diez años y un 25% de desocupados después quiso, a través de su alter ego Rojo, convencernos de que lo mejor era cristalizar para siempre esa sociedad desigual, dolarizando por completo la economía.

Por suerte, la historia tomó otro rumbo, sino estaríamos como Ecuador, que aún con Rafael Correa no puede sacudirse el ancla de haber atado su moneda a la estadounidense. Si estamos vivos para contarlo es porque el plan neoliberal de los Menem, los Cavallo y los Rojo fracasó en la Argentina.

Pero ninguna idea, por impracticable que parezca, hunde sus raíces en la irracionalidad absoluta. Nuestras élites tienen como fetiche al dólar porque creen que el billete verde explica a los Estados Unidos y no a la inversa. Para ellos, fue el dólar el que produjo una economía estable, sin conflictos sociales, ni sindicatos y donde los empresarios son algo así como los pastores de un Dios que bendice la riqueza. Esta suposición los convenció de que importando su moneda se adquieren también las virtudes de un modelo exitoso, como si quien comprara una tablet se convirtiera en Bill Gates.

Es casi una mirada de turista, por lo superficial, pero se ha vuelto dogma en todas las escuelas de negocios nacionales. En realidad, esta visión elude lo fundamental: fueron los patriotas revolucionarios de los Estados Unidos los que inventaron al dólar y no al revés. Los mismos que se independizaron del Reino Unido del cual era devoto Bartolomé Mitre y derrotaron a los algodoneros esclavistas del sur para construir un país industrial en serio, que así llegó a liderar el capitalismo mundial. Esa es la historia verdadera que está detrás del dólar, cualquier otra explicación sobre su valor o eficacia que no la contemple, responde al pensamiento mágico.

Hoy que la economía estadounidense atraviesa su peor crisis desde 1930, cualquiera puede advertir que incumple con todos los requisitos que el FMI exige a sus países miembros. Básicamente, gasta lo que no produce y es altamente deficitaria.

Si China decidiera hoy poner a la venta los bonos del Tesoro americano en su poder, Estados Unidos quebraría. Cuando se les pregunta a los funcionarios de la Reserva Federal por este escenario, no responden diciendo que su Indec es infalible, que su balanza es óptima o que hay equilibrio de cuentas. Miran fijo y amenazan: “China nunca va a hacer eso, porque China sabe que los Estados Unidos tiene el mayor ejército del planeta.”

En ese punto, toda la teoría económica se hace trizas. O, mejor dicho, comienza a escribirse con pólvora. O con la punta de un dron, para estar con la última tecnología. Y el libre comercio tan declamado se vuelve un juego de TEG, aunque en escenarios reales.

Pero volvamos a la élite argentina y su afán por sacralizar el dólar. Es evidente que quiere comprar hecho o, mejor dicho, pretende pescar sin mojarse el traste. Como si entre el proceso y el resultado obtenido no hubiera historia que aprender.

El día que quieran ponerse a la cabeza de un país que incluya a los 40 millones de habitantes y se sumen a un proceso de desarrollo en consecuencia, es probable que dejen de pensar en dólares y lo hagan en pesos. La burguesía paulista es un buen ejemplo de eso. Sus integrantes se sienten cabeza de una nación. Desacoplaron su economía del dólar y nadie en Brasil piensa en otra cosa que no sean reales. “Son más nacionalistas”, dicen algunos. Quizá. O más vivos.

Es menos complejo explicar por qué las clases subalternas argentinas atesoran en dólares. Esa misma élite que no confía en la moneda propia, convirtió a la economía local en una montaña rusa, cuando no en una timba constante. Del Rodrigazo a las hiperinflaciones se confiscó a casi todo el mundo para favorecer y perjudicar siempre a los mismos. Acá robaron los gobiernos y también los bancos.

La gente ahorra en dólares por lo que “puta pudiere”, misma razón por la que el empresario agrega un 20% al precio de cualquier producto, el ruralista especula reteniendo en la silobolsa y el supermercadista desabastece. Siempre es por lo que “puta pudiere”.

Es una filosofía del día a día heredada del espanto, que nueve años de economía expansiva, inclusiva y relativamente estable del kirchnerismo no lograron desterrar aún. Son nueve años contra 70 de cosas mal hechas. Nueve años contra 70 donde el Estado, en manos de civiles o militares, defendió los intereses del privilegio, y no los del bien común.

El gobierno enfrenta ahora con políticas heterodoxas una furiosa corrida cambiaria, alentada por el lobby devaluador. El modo es novedoso hasta para el kirchnerismo. Con Martín Redrado en el BCRA, se inyectaban dólares en el mercado hasta que bajaba la cotización y después se recompraban con éxito. Cristina Kirchner decidió esta vez que no se toca un solo dólar de las reservas. Secó la plaza con una decisión política.

Por el momento, el dólar blue o recontranegro que cotiza en las tapas de Clarín y La Nación no afectó el precio de los productos del supermercado: las cosas no aumentaron el 30% que hay de diferencia entre el dólar oficial y el inhallable azul. Es toda una novedad. Y una buena señal.

Falta, a su vez, que los exportadores de granos liquiden 8000 millones de dólares, con lo cual volvería la liquidez. Todo indica que terminarán haciéndolo a un dólar más cerca de los 4,50 pesos que de los 6 que proponen los titulares de los diarios. El presupuesto hablaba de un dólar a 4,80 pesos para este 2012.

La impresión es que si el gobierno logra torcerle el brazo a los especuladores, algo muy parecido a una economía predecible se estará consolidando a los ojos de todos. Lo que está en juego, entonces, ya no es el valor del dólar o si hay que pesificar la vida.

La democracia está batallando para recuperar la soberanía monetaria. Ante un mundo que se desploma, se trata de confiar más en la fuerza de la propia Galia que en la Roma en crisis.

El desafío produce vértigo pero también esperanza.

Fuente: Infonews