Mixofobia y Mixofilia

Por: Zaydy Del Pino **

El concepto de espacio público se define en contraposición al ámbito privado, en donde el acceso es limitado y está basado en una serie de reglas que posibilitan la entrada, la permanencia y la expulsión de las personas. Un ejemplo es el ámbito del trabajo: hay reglas que rigen su funcionamiento y están avaladas por la constitución. Es el propietario quien se reserva el derecho de admisión, como tantas veces se lee en los carteles de varios comercios.

Zygmunt Bauman nos brinda una noción amplia:

“El espacio es público en la medida en que los hombres y las mujeres a los que se le permite la entrada y tienen probabilidades de entrar no son preseleccionados. No se requieren pases ni se registra a quien entra ni a quien sale. La presencia en un espacio público es, pues, anónima y, por consiguiente, es inevitable que quienes estén presentes en ese espacio tiendan a ser extraños entre sí y lo sean también para las personas a cuyo cargo está dicho espacio. Los espacios públicos  son lugares en los que los extraños coinciden; constituyen, por tanto, compendios y versiones condensadas de los rasgos definitorios de la vida urbana. Es en esos espacios públicos donde la vida urbana y todo aquello que la diferencia de otras formas de unión humana alcanza su máxima expresión, complementada con sus alegrías y penas, premoniciones y esperanzas, más características.”

Teniendo presente esta definición: ¿Es posible la existencia de estos espacios públicos en nuestra ciudad?

En la vida cotidiana se tiende a definir lo público como un espacio en donde no es necesario abonar una determinada suma monetaria para ingresar y ser considerado como parte constitutiva. Así, ejemplos de lo público son las escuelas, colegios, universidades y los medios de transporte.

Sin embargo, esta mirada sobre lo público sólo tiende a considerar el lado monetario, económico. La universidad pública no exige como condición un aporte económico pero sí requisitos como por ejemplo haber cursado el nivel primario y secundario respectivamente; en otras palabras, ser poseedor de un capital cultural y simbólico. En cuanto al transporte, es considerado público porque los usuarios son masivos y heterogéneos; muchas veces se deja de lado una condición previa para ser considerado usuario: abonar una determinada suma. Es, en este contexto, que se hace imprescindible formular si realmente existe un espacio público que cumpla con todas las características mencionadas por el autor.

La respuesta es afirmativa.

En la ciudad de Buenos Aires hay un espacio público por excelencia, son las denominadas plazas públicas. Se puede, incluso, considerarlas como el pulmón de la ciudad, no sólo por tratarse de espacios verdes que ayudan a combatir la contaminación ambiental sino porque permiten un lugar para el respiro frente a otros rasgos característicos de la ciudad como el transito y el consumo.

Es un lugar en donde cada habitante puede descansar del ritmo urbano. Es, en este espacio, en el cual se puede cohabitar con los demás, donde el otro no es visto con tensión; quienes habitan en las plazas no son iguales entre sí, las personas no son homogéneas, y las diferencias no son obstáculos para habitar un espacio común.

Las plazas son parte constitutiva de la ciudad porque posibilitan un sentimiento de comunidad, de unión humana. Recordemos que en el 2001 en muchos barrios de la ciudad, los vecinos empezaron a organizar reuniones en las plazas para hacerle frente a la crisis. Se establecían nuevos vínculos de comunidad, aquellos que se habían perdido durante los años precedentes.

Una plaza representativa de la ciudad es la Plaza Miserere. Es el símbolo de un espacio público habitado por personas procedentes de distintos lugares, y por lo tanto de una cultura diferente. No sólo aquellas que provienen de las ciudades del interior sino también del extranjero. Es, de este modo,  como se entremezclan los acentos, colores y cuerpos de las personas.

Néstor García Canclini nos habla de las dos multiculturalidades urbanas: en primer lugar, el pasaje de las ciudades a las megaciudades y en segundo lugar, el pasaje de la cultura urbana a la multiculturalidad. El hecho de que la Plaza Miserere sea una representación de la multiculturalidad, nos permite comprender la coexistencia de múltiples culturas en nuestra ciudad.

En palabras del citado autor: “Pareciera que en la actualidad la búsqueda no es entender qué es lo específico de la cultura urbana, qué la diferencia de la cultura rural, sino cómo se da la multiculturalidad la coexistencia de múltiples culturas en un espacio que llamamos todavía urbano.”

Es importante recalcar que las plazas también son un espacio de entretenimiento, paseo y recreación. En una ciudad como Buenos Aires las industrias culturales son un abanico de opciones, así tenemos como ejemplos el cine, el teatro, la televisión. Contrariamente a lo que sucede con espectáculos como el cine, en una plaza no es condición indispensable consumir para disfrutar y sentirse miembro. No hay que abonar una entrada.

Como lo afirma Zygmunt Bauman, no hay una preselección, ni un requisito excluyente para que un hombre, una mujer, niño, anciano, extranjero, desempleado, jubilado, etc. ingresen en un espacio público, sólo de esta manera será público con todas las letras.

El enrejamiento de las plazas: un fenómeno en aumento.

Si las plazas de Buenos Aires permiten una convivencia con el otro, con lo diferente, es central para el presente y el futuro de la vida urbana.

Siguiendo a Bauman: “La modernidad intentó aniquilar e igualar las diferencias, como la posmodernidad marcar y resaltar estas diferencias a través de la separación y el distanciamiento”.

¿Qué sucede con el enrejamiento de las plazas públicas? ¿Cómo puede explicarse este fenómeno? A partir de lo que actualmente es tendencia en algunos barrios de la ciudad, ¿es posible seguir considerando a las plazas como el espacio público por excelencia?

Los primeros enrejamientos se empezaron a llevar a cabo durante el 2001. Según el Gobierno de la Ciudad, uno de los motivos de esta decisión fue la inseguridad que se vivía: muchos delinquían en las plazas de noche. La solución estaba a la vista, y de esta manera se creyó combatir de manera efectiva a la delincuencia. Los vecinos y transeúntes de la zona podían estar tranquilos. Las plazas serían cerradas de noche, mientras de día estarían abiertas a todo el público.

Zygmunt Bauman nos propone dos conceptos fundamentales, los cuales son valiosos para explicar las tendencias actuales de la globalización y el enrejamiento de las plazas.

Estos dos conceptos son: la mixofobia y la mixofilia. La ciudad es considerada como vertedero y como un campo de batalla. Funciona como vertedero porque se busca combatir los problemas que se generan a nivel global en el contexto local, y como campo de batalla porque es una lucha entre la mixofobia y la mixofilia.

La mixofilia es el deseo de unirse y mezclarse con las diferencias, con los que no son iguales a nosotros. Estas diferencias están relacionadas con la nacionalidad de las personas, la clase social a la que pertenecen y la religión, las cuales funcionan como atracción para una comunión. Es de suponer que la mixofilia fue uno de los motores de la formación de las ciudades y el principal atractivo para los pobladores rurales que migran a las grandes ciudades: son los deseos de conocer un mundo nuevo, lleno de novedades y de personas distintas. Son estas promesas que se encienden como esperanzas. La vida cotidiana en los pueblos se desarrolla predeciblemente  porque todos sus pobladores se conocen: se sabe que al día siguiente uno se encontrará con tal persona y el encuentro con extraños se dará solamente en ocasiones especiales. A raíz de estas características,  las ciudades son promesas de novedad y aventura para los habitantes rurales.

En cambio, la mixofobia se mueve en un sentido contrario: es el miedo al otro, al diferente. En un mundo globalizado las ciudades están habitadas por personas procedentes de distintos países y es así como la Plaza Miserere está poblada por extranjeros.

Por ejemplo, durante los noventa un discurso muy frecuente fue que los inmigrantes, provenientes de países limítrofes “le quitaban el trabajo a los argentinos”, éste discurso marcaba cierta antipatía hacia el extranjero.

Pero, ¿cómo puede explicarse la mixofobia, relacionándolo con el enrejamiento de las plazas? En la respuesta, son centrales las diferencias de clase social que están presentes en nuestra sociedad.

Quienes delinquen en las plazas son las personas que están excluidas: no habitan en un hogar estable, no tienen un trabajo ni la posibilidad de acceder a una educación. Para el ciudadano común, que es poseedor de una educación, un hogar y un trabajo, se le hace intolerable que estas personas habiten en las plazas, a gusto y antojo, sin control y dispuestos a robarles sus pertenencias. Ante este problema, exigen una solución que no tarda en llegar: las plazas son enrejadas.

Partimos de considerar a las plazas como espacios públicos por excelencia. Llegamos a un punto en donde la absoluta libertad de entrada y permanencia están siendo restringidos.

La solución para resolver los problemas de la exclusión social no son los enrejamientos.

Los espacios públicos no deben ser restringidos y limitados, los que habitamos en las ciudades necesitamos más espacios en donde compartir nuestra existencia con los demás, más allá de las diferencias que se originan en la sociedad, que es la nuestra, en la cual estamos involucrados y no es ignorando e impidiendo la entrada a los que no son como nosotros, como ayudamos a contribuir los lazos de fortalecimiento y amistad entre los seres humanos.

Recordemos las palabras de Bauman: “Estas dos tendencias coexisten en la ciudad, y personalmente, no creo que tal existencia sea en sí misma una solución. Así pues, lo que podríamos, podemos y deberíamos hacer es contribuir a alterar sus proporciones: hacer algo para incrementar la mixofilia y reducir la mixofobia”.

Está en nosotros la capacidad para fortalecer los lazos de fraternidad entre los seres humanos y responsabilizarnos por el mantenimiento de nuestros espacios públicos, sin necesidad de temer que esos seres humanos “iguales” a nosotros, nos harán daño. Recordar que al fin y al cabo, las ciudades funcionan como vertederos.

** Zaydy Del Pino
Estudiante de Ciencias de la Comunicación
Universidad de Buenos Aires

Las Redes del Poder (Michael Foucault)

¿Cómo fue posible que nuestra sociedad, la sociedad occidental en general, haya concebido al poder de una manera tan restrictiva, tan pobre, tan negativa? ¿Por qué concebimos siempre al poder como regla y prohibición, por qué este privilegio?

En occidente, los grandes sistemas establecidos desde la Edad Media, se desarrollaron por intermedio del crecimiento del poder monárquico, a costa del poder, o mejor, de los poderes feudales. Ahora en esta lucha entre los poderes feudales y el poder monárquico, el derecho fue siempre el instrumento del poder monárquico contra las instituciones, las costumbres, los reglamentos, las formas de ligación y de pertenencia características de la sociedad feudal.

La burguesía que se aprovecha extensamente del desarrollo del poder real, y de la disminución, del retroceso de los poderes feudales, tenía un interés en desarrollar ese sistema de derecho que le permitiría, por otro lado, dar forma a los intercambios económicos, que garantizaban su propio desarrollo social. De modo que el vocabulario, la forma del derecho fue un sistema de representación del poder común a la burguesía y a la monarquía.

Es de esta concepción jurídica del poder, de esta concepción del poder a través de la ley y del soberano, a partir de la regla y la prohibición, de la que es necesario ahora liberarse si queremos proceder a un análisis del poder, no desde su representación sino desde su funcionamiento.

Tenemos el hábito de decir que la gran invención, todo el mundo lo sabe, fue la maquina a vapor, o cosas de ese tipo. Es verdad que eso fue muy importante pero hubo toda una serie de otras invenciones tecnológicas, tan importantes como esas y que fueron en última instancia condiciones de funcionamiento de las otras. Así ocurrió con la tecnología política, hubo toda una invención al nivel de las formas de poder a lo largo del los siglos XVII y XVIII. Por lo tanto, es necesario hacer no sólo la historia de las técnicas industriales, sino también de las técnicas políticas, y yo creo que podemos agrupar en dos grandes capítulos las invenciones de tecnología política.

Yo las agruparía en dos capítulos porque me parece que se desarrollaron en dos direcciones diferentes:

De un lado existe esta tecnología que llamaría DISCIPLINA. Disciplina es, en el fondo, el mecanismo del poder por el cual alcanzamos a controlar en el cuerpo social hasta los elementos más tenues por los cuales llegamos a tocar los propios átomos sociales, eso es, el individuo. Técnicas de individualización del poder. Cómo vigilar a alguien, cómo controlar su conducta, su comportamiento, sus aptitudes, cómo intensificar su rendimiento, cómo multiplicar sus capacidades, cómo colocarlo en el lugar donde será mas útil, esto es lo que es,a mi modo de ver, la disciplina.

Vemos aparecer esta nueva tecnología disciplinares la EDUCACION. Fue primero en los colegios y después en las escuelas secundarias donde vemos aparecer esos métodos disciplinarios donde los individuos son individualizados dentro de la multiplicidad. El colegio reúne decenas, centenas y a veces millares de escolares, y se trata entonces de ejercer sobre ellos un poder que será justamente mucho menos oneroso que el poder del preceptor que no puede existir sino entre  alumno y maestro.

Allí tenemos un maestro para decenas de discípulos y es necesario, a pesar de esa multiplicidad de alumnos, que se logre una individualización del poder, un control permanente, una vigilancia en todos los instantes, así, la aparición de este personaje que todos aquellos que estudiaron en colegios conocen bien, que es el vigilante o celador, que en la pirámide corresponde al suboficial del ejército, aparición también de las notas cuantitativas, de los exámenes, de los concursos, etc., posibilidades, en consecuencia, de clasificar a los individuos de tal manera que cada uno esté exactamente en su lugar, bajo los ojos del maestro o en la clasificación-calificación o el juicio que hacemos sobre cada uno de ellos.

Vean, por ejemplo, cómo ustedes están sentados delante mio, en fila. Es una posición que tal vez les parezca natural; sin embargo, es bueno recordar que ella es relativamente reciente en la historia de la civilización y que es posible encontrar todavía a comienzos del siglo XIX escuelas donde los alumnos se presentaban en grupos de pie alrededor de un profesor que les dicta cátedra. Eso implica que el profesor no puede vigilarlos realmente e individualmente: hay un grupo de alumnos por un lado y el profesor por el otro. Actualmente ustedes son ubicados en fila, los ojos del profesor pueden individualizar a cada uno, puede nombrarlos para saber si están presentes, que hacen, si divagan, si bostezan, etc.

Todo esto, todas estas futilidades, en realidad son futilidades pero son futilidades muy importantes, porque finalmente, al nivel de toda una serie de ejercicios de poder, en esas pequeñas técnicas que estos nuevos mecanismos pudieron investir, pudieron operar.

Y es lo que llamaré TECNOLOGIA INDIVIDUALIZANTE DEL PODER, y es tecnología que enfoca a los individuos hasta en sus cuerpos, en sus comportamientos; se trata, a grosso modo, de una especie de anatomía política, de anátomo-política, una política que hace blanco en los individuos hasta anatomizarlos.

Tenemos otra familia de tecnologías de poder que aparecen un poco más tarde, tecnologías estas que no enfocan a los individuos como individuos, sino que ponen blanco en lo contrario, en LA POBLACION.

¿Qué quiere decir población? No quiere decir simplemente un grupo humano numeroso, quiere decir un grupo de seres vivos que son atravesados, comandados, regidos, por proceso de leyes biológicos.

Se inventó en ese momento, en oposición a la anátomo-política que recién mencioné, lo que llamaré biopolítica. Es en ese momento que vemos aparecer cosas, problemas como el del habitat, el de las condiciones de vida en una ciudad, el de la higiene pública, o la modificación de las relaciones entre la natalidad y la mortalidad.

Fue en ese momento que aparece el problema de cómo se puede hacer para que la gente tenga más hijos, o en todo caso como podemos regular el flujo de la población, de las migraciones, etc. Y a partir de allí toda una serie de técnicas de observación entre las cuales está la estadística, evidentemente, pero también todos los grandes organismos administrativos, económicos y políticos, todo eso encargado de la regulación de la población.

La vida se hace a partir del siglo XVIII, objeto de poder, la vida y el cuerpo. Antes existían sujetos, sujetos jurídicos a quienes se les podía retirar los bienes y la vida además. Ahora existen cuerpos y poblaciones. El poder se hace materialista. Deja de ser esencialmente jurídico. Ahora debe lidiar con esas cosas reales que son el cuerpo, la vida. La vida entra en el dominio del poder, mutación capital, una de las más importantes sin duda, en la historia de las sociedades humanas.

Extracto de: LAS REDES DEL PODER (Michel Foucault) Almagesto, Colección Mínima, Buenos Aires, 1991.