Milagro

Por E. Raúl Zaffaroni *

Si es verdad que para ser filósofo no debe perderse la capacidad de asombro, quien quiera ser filósofo debería vivir en nuestro país. El realismo mágico –como denominación– se inventó en otro lado, pero como realidad florece aquí con singular entusiasmo.

El balance de hechos sobre el “caso Milagro” lo verifica:

  1. El Superior Tribunal está integrado por los diputados oficialistas que horas antes votaron su ampliación.
  2. En el penal asesinan al sobrino de otro preso que denuncia que se lo torturó para obligarlo a declarar contra Milagro.
  3. En una noche se allanaron 21 domicilios particulares de gente humilde.
  4. Se reactivó un proceso contra Milagro por una agresión al actual gobernador en 2009, sin prueba alguna de su participación.
  5. Se intentó impedir la publicidad de las audiencias de debate.
  6. Se sanciona y amenaza a los defensores, hasta por apelar.
  7. Un fiscal y un juez “no diligentes” contra Milagro, en curso de remoción.
  8. Un fiscal dedicado a la persona de Milagro, como una sección del Ministerio Público.
  9. El desopilante proyecto de consulta popular de 13 insólitos legisladores jujeños, que agravian a todos los organismos internacionales, borrando de su memoria la visita de la Comisión en 1979.

Más asombro provoca la cobertura mediática de esto:

  1. Noticias falsas: retiro de dinero del banco, destinado a pagar sueldos, mostrado como corrupción.
  2. Una “clonación” de procesos en que se inventan hasta homicidios.
  3. Se le atribuye “riqueza”. ¿Acaso Milagro tiene cuentas extranjeras y empresas panameñas? Vive como todo argentina merece, decentemente, pero nada más.
  4. Se secuestran 12.000$ a una compañera de Milagro, que son parte de su sueldo, y se fotografían los billetes en los diarios oficialistas.
  5. Un enemigo imputa a Milagro maltrato a niños, cuando ha criado a varios “hijos del corazón” como ella los llama y todos lo saben.
  6. Clarín publica un artículo discriminatorio contra la abogada de Milagro, pintándola como una niña de doble apellido, rubia y distinguida. A “contrario sensu”: ¿Sólo los pobres pueden defender a los pobres? ¿Los demás seríamos “traidores de clase”? ¿Acaso “Clarín” se volvió trotskista?

Esa cobertura mediática oculta que los comedores, escuelas e instalaciones deportivas creados por la “Tupac Amaru” están siendo desactivados, como también las condiciones de detención de Milagro. Es una presa “preventiva” y, no obstante, controlan su correspondencia, escuchan sus llamadas telefónicas, cortan su comunicación con un periodista, prohíben las fotografías. 

Lo único que podría ser viable es averiguar si hubo una eventual administración desprolija, lo que se prueba con documentos, prueba que Milagro no podría impedir ni dificultar después de casi un año de detención preventiva. No debe haber en el país otro preso preventivo imputado de administración fraudulenta, que es un delito excarcelable, como cualquier abogado sabe.

Es clara la explotación de prejuicios racistas, de clase y de género contra Milagro. Pero eso solo no explica su detención “a disposición del poder ejecutivo”, porque el Gobernador lo reconoció: “A esta mujer no la voy a soltar”. Lo que realmente horroriza a quienes quieren una sociedad de 30% incluido y 70% excluido, es que una mujer pobre, militante, india y morena, organice a los excluídos y los desafíe.

Pero el nivel de asombro rompe el termostato, porque la Argentina del realismo mágico hizo crecer a Milagro: de una digna dirigente local pasó a ser un nombre central en el panorama nacional y trasciende hoy a lo internacional: se ocupan de ella la Comisión Interamericana, el secretario general de la OEA, el Comité de la ONU, el papa Francisco, el Premier de Canadá, el presidente del Uruguay, y lo insólito llega dicho o sugerido por la cobertura mediática: son todos “kirchneristas”. 

Alguien dijo que lo espantoso no está allí en beneficio propio, sino que genera espacio para que lo grande pueda hacerse. Y Milagro no lo buscó, no quiso ser figura de dimensión regional y hasta mundial: lo espantoso la colocó en ese lugar.

Un poder local perdió de vista la dimensión de sus actos, cegado por prejuicios, irritado y con pánico a la organización y al desafío de los humildes, comandados por una mujer, india, militante, morena. Y ahora nadie sabe qué hacer.

La canciller, que conoce de organismos internacionales, balbucea que es una cuestión provincial, cuando sabe de sobra que no es cierto, que ante el derecho internacional responde el Estado nacional.

Quizá encuentren la salida: tal vez una decisión de la Corte Suprema que le reconozca a Milagro los fueros parlamentarios, o tal vez una cautelar interamericana, aunque eso no resuelve el problema de los otros compañeros presos.

Pero el temor es fuerte: Milagro expresa no sólo el discurso de los excluidos, sino el de nuestros originarios, de la Pachamama, de la religiosidad popular, de 500 años de sometimiento. ¡Qué miedo! ¡Tienen hasta un discurso! ¿Cómo los negros pobres excluidos e indios pueden tener un discurso que armoniza con fuertes corrientes de reclamo mundial?

¿Y Milagro? ¿La Milagro de carne y hueso? Primero se deprime, no entiende bien qué pasa. Y luego se debate en el drama de quien se vuelve líder. No lo buscó, pero lo espantoso la puso en ese lugar. Su inconsciente se resiste a aceptar que son muchos más los que dependen de ella, que ya no son sólo sus compañeros jujeños. Es una carga pesada: es el peso de su propio discurso, que encarna el reclamo de muchísimos más, que le exigen “no aflojar”. Y su resistencia inconsciente va cediendo, empieza a aceptar que pierde parte de su espacio existencial, porque un colectivo gigante y nunca imaginado, le reclama asumir el rol en que la puso lo espantoso.

Y se la ve fuerte en ese rol, lo va asumiendo, supera la depresión del desconcierto, sale de a poco del asombro, con la resignación de quien no lo buscó, pero lo determinó con su conducta, aunque el resto lo haya hecho la Argentina del realismo mágico, con la que no había contado, como nadie podía hacerlo hasta hace unos meses. ¡Como para no ser filósofo en nuestro país! ¡Qué grande es nuestra Argentina, incluso en sus mágicas mezquindades!

* Profesor Emérito de la UBA.

Fuente: https://www.pagina12.com.ar/9818-milagro

La Globalización y el Consenso de Washington *

La herramienta para generar las condiciones para la dominación hegemónica es “La Globalización”, obviamente se trata de instalar una única posición de los Estados con respecto al mercado. Esto es, que los Estados abandonen un rol protagónico de políticas productivas, protectorias y promotoras del desarrollo industrial, para dejarlo en manos de organismos financieros internacionales como el FMI y el BM, organismos que abordan los problemas con una perspectiva estrechamente ideológica que en la mayoría de los casos han producido grandes desequilibrios sociales que se traducen en mayor pobreza, mayor desigualdad, y en la frustración de procesos de desarrollo en la mayoría de los países que sometieron a “sus recetas de intención”.

En muchos casos, el FMI orientaba la actividad del Estado para que dejara que la actividad privada ocupara ese lugar, sin contemplar que lo que mueve los intereses privados es la maximización de la tasa de ganancia, por lo cual todo aquella actividad que no resultara ventajosa para el sector privado era inmediatamente abandonada, con la resultante de abandono a la población. Stiglitz, nos ilustra con una enorme cantidad de casos alrededor de todo el planeta de la implementación y los resultados de estas “políticas”.

Argentina es un caso modelo -leading case- donde se destruyó toda la matriz productiva, con el consecuente incremento de la tasa de desocupación y la generación de un robusto ejercito de reserva (desocupados en espera de lograr un puesto de trabajo) y con ello de la pobreza, con una economía en recesión, debilitando a la llamada “clase media”, colmando el mercado con productos importados que cada vez menos personas podían consumir, hasta el año 2001, donde el modelo económico hizo explosión arrastrando a las capas sociales más vulnerables, que perdieron su identidad, su pertenencia de clase y su humanidad.

Stiglitz nos ilustra que este tipo de descomposición social perdura mucho tiempo y que revertirlo tambien toma mucho tiempo. Otro elemento que coadyuva la imposición de la globalización es la corrupción basada en el fundamentalismo del mercado, que acompañó los llamados procesos de privatización acompañada de lo que en muchos países se le denominó “sobornización”.

Otro elemento de gran importancia en este proceso, fue la liberación de los mercados de capitales, que bajo el razonamiento simplista –nos dice Stiglitz- de que los mercados libre son más eficientes, y la mayor eficiencia se traduce en crecimiento.

Estos mercados más eficientes atraerían la “inversión extranjera” que sentaría las bases para el crecimiento, pero la realidad demostró que era lo contrario, puesto que una vez que la empresa internacional expulsaba a los competidores locales, emplea su poder monopólico para subir los precios, convirtiendo con ello en efímero los beneficios de los precios bajos que ofrecería la libre competencia. Lo cierto es que estos capitales ingresan a los países para “acaparar oportunidades de beneficio a toda prisa”. Y es en esa vorágine que ni bien dejan de obtener la maximización de la tasa de ganancias, se retiran con la misma velocidad con la llegaron, dejando a la sociedad con mayor desprotección debido al rol acotado del Estado.

El sector financiero no escapa a esta lógica perversa. Argentina demuestra los riesgos que conlleva la banca extranjera. En nuestro país, antes del colapso del 2001, la banca nacional había llegado a ser dominada por bancos extranjeros, y aunque estos proveen fácilmente de fondos a las multinacionales y a las grandes empresas locales, las pequeñas y medianas empresas se quedaron sin capital y sin posibilidad de obtenerlo, porque el costo del dinero resultaba ser muy alto sin margen de rentabilidad para las pymes. Y en ese escenario, la financiación pública no podía compensar la falla del mercado.

El caso paradigmático: ante la apropiación de los depósitos de la población, los bancos extranjeros establecidos en el país, recurriendo a ficciones jurídicas, se desvincularon de sus subsidiarias evitando con ello asumir la responsabilidad que les correspondía. Es decir, instalaron en el imaginario social que el respaldo era del banco extranjero para lograr la confianza de la población, pero al momento de responder, resultaba que no existía.

Como el FMI forzó recortes en el gasto y subidas en los impuestos, se puso en marcha un círculo vicioso descendente de recesión económica y de agitación social. El sector privado se llevaba los beneficios y el Estado asumía los riesgos.

En cualquier circunstancia, los beneficios prometidos no se concretaron. En muchos lugares los fracasos retrasaron la agenda del desarrollo al corroer innecesariamente el tejido social, resalta Stiglitz.

Las reformas del Consenso de Washington han expuestos a los países a riesgos mayores, y los riesgos han sido soportados desproporcionadamente por quienes eran menos capaces de asumirlos.

El hecho de que tantos de los casos de éxito hayan seguido estrategias marcadamente distintas de las del Consenso de Washington es significativo.

* Extracto del Trabajo Final de “Sociedad y Reforma del Estado” – Facultad de Derecho – UBA 2015-II.

Nota: Las politicas que está implementando el gobierno actual en Argentina que preside Macri se pueden analizar bajo éstas mismas categorias.

Texto Completo: Sociedad Civil y Reforma del Estado

Por suerte Kicillof no es abogado

Como está a la vista, ninguno de los jueces de la mayoría explica –por ejemplo– cómo afecta al servicio de justicia la falta de uso de la corbata…. 

… Panizzi destaca que no hay norma alguna que ordene el uso de corbata y “su exigencia es por completo arbitraria”. “Ningún habitante de la nación será obligado a hacer lo que no manda la ley ni privado de lo que ella no prohíbe”, recordó. Su colega Jorge Pfleger advirtió que “quienes han faltado a su deber han sido los jueces y no el letrado cuyo vestir despechugado se acusa”. “Cualquier herida a la sensibilidad estética de quienes dirigen la audiencia no necesariamente implica forma incompatible con la seriedad de la audiencia (…) moderen los señores jueces la energía de la que han sido dotados por la constitución y la encaucen a los propósitos que les dio motivo”, reclamó.

Uno de los jueces argumentó que la corbata representa a los judiciales “como grupo social”. Imagen: Corbis

Uno de los jueces argumentó que la corbata representa a los judiciales “como grupo social”.
Imagen: Corbis

LA CORTE DE CHUBUT DISPUSO QUE LOS LETRADOS NO PUEDEN ASISTIR A LAS AUDIENCIAS SIN CORBATA

El Superior Tribunal de Justicia chubutense dedicó dos horas a deliberar y emitir una acordada –aprobada en un fallo de 3 votos a 2– que los abogados no pueden asistir a audiencias sin corbata. “Es un signo de respeto”, dijeron.

 Por Irina Hauser

El Superior Tribunal de Justicia de Chubut dedicó casi dos horas de deliberación y, finalmente, una acordada a disponer que los abogados no pueden asistir a las audiencias judiciales sin corbata. Los argumentos que utilizó la mayoría (de tres jueces contra dos) para sostener esa postura incluyen sorprendentes teorías sobre el uso del accesorio, que pintan las creencias y costumbres de algunos miembros del Poder Judicial: uno de los votos dice que la corbata es “es un signo de respeto” hacia los jueces, que “no le hace mal a nadie”, que es una costumbre y debe seguir siendo así; otro afirma que “uniformarse” es signo de una sociedad democrática, y que de todos modos la corbata es parte de la “cultura forense” que representa a los judiciales “como grupo social”. Sólo los dos jueces que votaron en disidencia hablaron del servicio de justicia.

El episodio que llevó el tema a la Corte chubutense ocurrió en febrero, cuando el juez Darío Arguiano decidió demorar el inicio de una audiencia oral porque el abogado de una de las partes, Oscar Romero, no llevaba corbata. Arguiano le dijo a Romero que se fuera de la sala. El juez parecía decidido a dejar a uno de los implicados sin representación legal. Romero, que es el presidente del Colegio de Abogados de Trelew, se negó. Explicó que la postura de la entidad es que no se les puede imponer exigencias relacionadas con la vestimenta y que ya varios de sus colegas venían padeciendo situaciones de destrato similares. Al final, asistió a todo el juicio sin corbata, pero el tribunal abrió un incidente para que resolviera la Corte local. Aquel primer día, la demora hasta comenzar fue de una hora y media. Los jueces intentaron atribuirla a un supuesto problema de audio.

En la acordada firmada la semana pasada, votaron por la obligatoriedad de la corbata los jueces José Luis Pasutti (presidente de la Corte), Daniel Rebagliati Russell y Fernando Royer. “La forma de presentarse de los abogados ante los tribunales está íntimamente ligada a una expresión de respeto al comparecer ante los jueces, que se ha construido sobre la base a un derecho consuetudinario mantenido a lo largo de los años. El uso de la corbata, corbatín, moño, pañuelo, poniéndole un límite a la apertura del cuello, ha sido costumbre de los abogados que así lo han adoptado, sin imponerse por norma escrita. Recordemos que el Derecho es mucho más que la ley y en estas prácticas pesa fuertemente la costumbre”, escribió Pasutti. Aunque cambien las costumbres “propongo que la formalidad se mantenga”, dijo.

Su colega Rebagliati Russell describió a Romero como un “díscolo letrado” que “ha pretendido introducir su propia moda forense”. Luego teorizó que sobre “la igualdad de formas que ha imperado y que nos caracteriza como sociedad democrática” que “ha dado muestras acabadas de que respetando la uniformidad respetamos la igualdad entre los iguales”. Comparó la corbata con la toga en otros lugares del mundo y sostuvo que “los usos y costumbres que nos dan identidad y sentido de pertenencia como grupo social están constituidos por aquellos actos de los individuos que, a fuerza de repetirse por necesidad o tradición, se convierten en dirección común, con convicción de su obligatoriedad”. Dijo que existe una “cultura forense”. A este voto y el de Pasutti adhirió el juez Royal.

Como está a la vista, ninguno de los jueces de la mayoría explica –por ejemplo– cómo afecta al servicio de justicia la falta de uso de la corbata. En cambio, los jueces de la minoría muestran que sí lo afecta haber demorado el inicio de una audiencia por una discusión de este tenor, al punto, casi, de dejar a una de las partes sin representación legal. Esa demora de “una hora y media”, dice el voto de Alejandro Panizzi, viola la norma que obliga a los jueces a “evitar suspensiones y dilaciones”. Panizzi destaca que no hay norma alguna que ordene el uso de corbata y “su exigencia es por completo arbitraria”. “Ningún habitante de la nación será obligado a hacer lo que no manda la ley ni privado de lo que ella no prohíbe”, recordó. Su colega Jorge Pfleger advirtió que “quienes han faltado a su deber han sido los jueces y no el letrado cuyo vestir despechugado se acusa”. “Cualquier herida a la sensibilidad estética de quienes dirigen la audiencia no necesariamente implica forma incompatible con la seriedad de la audiencia (…) moderen los señores jueces la energía de la que han sido dotados por la constitución y la encaucen a los propósitos que les dio motivo”, reclamó.

El sesgo de la corbata como un rasgo aristocrático y de pleitesía hacia los jueces está a la vista en la acordada. Como ornamento distintivo tiene siglos de historia, en los que se fue reforzando como símbolo de status y político. Cuentan que el primer monarca que la adoptó como insignia para su regimiento real fue Luis XIV, que sacó la idea del regimiento croata. “La indumentaria no puede ofender a nadie. Nosotros ejercemos la profesión en forma particular y libre, sin uniforme. La historia demuestra que los que pregonan la uniformidad en el vestir pregonan la uniformidad en el pensar. Estamos por la diversidad, el debate de ideas. Las costumbres son cambiantes y las cambiamos nosotros mismos”, dijo a Página/12 el abogado Romero, quien en febrero recibió la adhesión de la mayoría de los colegios de abogados. En su blog “nohuboderecho”, el abogado Alberto Bovino señaló al informar sobre el fallo que “algunos lectores se preguntarán por qué nos ocupamos de este tema mientras existen tantos problemas gravísimos relacionados con el Poder Judicial. Pues por esa misma razón”. Resolver sobre el uso de la corbata “expresa el ‘respeto’ que los jueces tienen por nosotros”.

Fuente: http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-247702-2014-06-03.html

La perspectiva bélica de la Seguridad Nacional

En décadas pasadas se difundió otra perspectiva bélica, conocida como de seguridad nacional, que comparte con la visión comunicativa del poder punitivo su carácter de ideología de guerra permanente (enemigo disperso que da pequeños golpes).  Por ello, sería una guerra sucia, contrapuesta a un supuesto modelo de guerra limpia, que estaría dado por una idealización de la Primera Guerra Mundial (1914 – 1918), curiosamente coincidente con el culto al heroísmo guerrero de los autoritarismos de entreguerras (la camaradería de trincheras, los colosos musculosos, etc.).  Se razonó que, dado que el enemigo no juega limpio, el estado no estaría obligado a respetar las leyes de la guerra, argumento con el cual se entrenaron fuerzas terroristas que no siempre permanecieron aliadas a sus entrenadores.  Con este argumento, se consideró una guerra lo que era delincuencia con motivación política y, pese a ello, tampoco se aplicaron los Convenios de Ginebra, sino que se montó el terrorismo de estado que victimizó a todos los sectores progresistas de algunas sociedades, aunque nada tuviesen que ver con actos de violencia.  La transferencia de esta lógica perversa a la pretendida guerra contra la delincuencia permite deducir que no sería necesario respetar las garantías penales y procesales por razones semejantes.  De este modo, así como la guerrilla habilitaba el terrorismo de estado y el consiguiente asesinato oficial, el delito habilitaría el crimen de estado.  Por este camino, la guerrilla habilitaba al estado a ser terrorista y el delito a ser criminal; en cualquier caso la imagen ética del estado sufre una formidable degradación y, por ende, pierde toda legitimidad.

Eugenio R. Zaffaroni, Manual de Derecho Penal, Parte General, 2da Edición, EDIAR, Bs As, 2010, Cap. 1: Poder punitivo y derecho penal, Pág. 18.
 

Teoría Pura del Derecho

Teoría Pura del Derecho
Hans Kelsen

Cap. 1 – El Derecho y la Naturaleza

1. ¿Qué es una Teoría “Pura” del Derecho?

Es una teoría del derecho positivo en general. No es una interpretación de un orden juridico particular.

Procura determinar qué es y cómo se forma el derecho. Es una ciencia del derecho y no una politica jurídica.

Como teoría “pura” constituye una ciencia que tiene por único objeto al derecho e ignora todo lo que no corresponda estrictamente a su definición. El principio fundamental de su método elimina del derecho todos los elementos que le son extraños. Sin embargo, en el curso de los siglos XiX y XX en el desarrollo de la ciencia jurídica se ha ignorado tal principio metódico. Esto es, que la ciencia del derecho se ha ocupado de la psicología, la biología, la moral y la teología. Puede decirse que en la actualidad no hay domino científico en el cual el jurista no se considere autorizado a penetrar, estimando que jerarquiza su prestigio científico de esa forma. El resultado no puede ser otro que la ruina de la verdadera ciencia jurídica.

 2. Ciencias de la Naturaleza y Ciencias Sociales. Causalidad e Imputación.

a) La naturaleza y la sociedad

Por naturaleza entendemos un orden o sistema de elementos relacionados por un principio particular: CAUSALIDAD. Es decir existe una relación de CAUSA-EFECTO. Entendemos causalidad como un principio de conocimiento.

La sociedad es un orden que regula la conducta de los hombres. Una ciencia que estudiara la sociedad aplicando el principio de causalidad seria una ciencia de la naturaleza, como lo son la fisica y la biología. Sin embargo en nuestros juicios sobre la conducta humana aplicamos otro principio, totalmente diferente al de causalidad, principio que se aplica en las ciencias  cuyo objeto es la conducta humana. Esto esclarece que el principio que rige el orden social difiere del que se encuentra  en la naturaleza.

b) La Imputación en el pensamiento jurídico

Para describir su objeto, la ciencia jurídica formula lo que llamamos reglas del derecho.

Una regla del derecho afirma: “Si se ha cometido un acto ilícito, debe ser aplicada una sancion“.

Al igual que en la ley natural, la regla del derecho establece una relación entre dos hechos, pero mientras en la ley natural hay una relación de causa a efecto, la causalidad no interviene en la regla del derecho. La sanción no es el efecto del acto ilícito. La relación que existe resulta de una norma que prescribe o autoriza una conducta determinada. Estas normas pueden denominarse costumbre, ley, fallo judicial o acto administrativo.

Un acto ilícito es seguido de una sanción porque una norma creada por un acto jurídico (en el sentido de acto creador de derecho) prescribe o autoriza la aplicación de una sanción cuando se ha cometido un acto ilícito.

No sucede lo mismo en la relación causal: el efecto no sigue a la causa porque asi esté prescrito o autorizado por una norma, el efecto se produce independientemente de toda norma creada por los hombres.

Cuando se afirma que una norma es “creada” por un acto, este acto tiene un sentido normativo. El derecho y la moral son órdenes positivos en tanto y en cuanto sus normas han sido “puestas” o creadas por actos cumplidos en el espacio y en el tiempo.

Una ciencia del derecho o una ética cientifica sólo puede tener por objeto el derecho positivo o una moral positiva. Dichas disciplinas describen normas positivas que prescriben o autorizan una conducta determinada y afirman que en tales condiciones tal individuo debe conducirse conforme a una norma dada.

Toda norma es la expresion de un valor, de un valor moral si se trata de una norma moral, de un valor jurídico si se trata de una norma jurídica.

Para definir la relación que la norma jurídica establce entre el acto ilícito y la sanción, la ciencia jurídica formula una regla de derecho que establece que la sancion debe seguir al acto ilicito. Hemos dado a esta relación el nombre de IMPUTACION, puesto que la sanción es imputada al acto ilícito. Tambien decimos que un individuo es RESPONSABLE cuando una sanción puede ser dirigida contra él. o IRRESPONSABLE cuando una sanción no pude ser dirigida contra él, por tratarse de un niño, o un alienado.

Por lo cual es importante precisar que la relación entre un acto ilícito y una sanción supone que el autor del acto es responsable de su conducta. El mismo acto cometido por un individuo irresponsable, no es vinculado por el orden jurídico a una sanción.

La imputación vincula dos conductas humanas: el acto ilícito y la sanción. La ciencia del derecho no pretende dar una explicación causal de las conductas humanas a las cuales se aplican las normas jurídicas.

c) La imputación en el pensamiento primitivo

El estudio de las sociedades primitivas permite comprobar que éstas interpretan la naturaleza con la ayuda del principio de imputación. La idea de causalidad, fundamento de las ciencias de la naturaleza, apareció en un estadio más avanzado de la civilización. Cuando los hombres viven en sociedad, la noción del bien y del mal nace en su espiritu. Las primeras normas sociales han tenido verosimilmente por fin imponer restricciones al instinto sexual y a la violencia. El incesto y el homicidio en el interior del grupo son, sin duda, los crímenes más antiguos y la vendetta la primera sanción establecida por el orden social. Esta sanción está fundada sobre el principio social más primitivo, el de la retribución, que se manifiesta tanto en lo que respecta a la pena como a la recompensa.

Podemos formularlo asi: “Si un individuo actúa bien, debe ser recompensado, y si actúa mal debe ser penado”. Entre la condición y la consecuencia, entre la acción buena o mala y la recompensa o la pena, no hay una relación de causa efecto, sino una imputación, ya que la recompensa o el castigo son IMPUTADOS a la accion a la cual deben “retribuir”.

Cuando el hombre primitivo siente la necesidad de explicar los fenómenos naturales los considera como  recompensas o penas según se produzcan a su favor o en su contra. Esta interpretación no es causal, sino normativa.

d) El animismo, interpretación social de la naturaleza

Por animismo se entiende la convicción del hombre primitivo de que las cosas tienen un alma, que están animadas. Espíritus poderosos pero invisibles se esconden en ellas o detrás de ellas. Para el hombre primitivo los espíritus indican cual es la conducta correcta, pues de ellos emana la pena o la recompensa. Es asi establecida por seres sobrehumanos y poderosos que dirigen la naturaleza.

El animismo es, por consiguiente, una interpretación de la naturaleza a la vez personal, social y normativa, fundada sobre el principio de imputación y no sobre el de causalidad. Por eso la naturaleza no tiene para el hombre primitivo la misma significación que para la ciencia moderna.

La interpretación normativa se reserva hoy por hoy para las relaciones sociales entre los hombres entre sí, en tanto que las relaciones entre las cosas son el objeto de una explicación causal. Para arribar a la noción de la naturaleza concebida como un orden causal ha sido necesario que se liberara del animismo descubriendo el principio de causalidad.

Pero el momento decisivo, en el pasaje de una interpretación normativa a una explicación causal de la naturaleza, se produce cuando el hombre se ha dado cuenta de que las relaciones entre las cosas son independientes de toda voluntad divina o humana y que, de esta manera, se distinguen de las relaciones entre los hombres por ser éstas reguladas por normas.

e) Ciencias causales y ciencias normativas

El principio de causalidad ha sido tambien aplicado a las conductas humanas; de aqui la constitución de ciencias causales como la psicología, la etnología, la historia o la sociología, que buscan explicar las conductas humanas estableciendo relaciones de causa a efecto entre ellas. Otras ciencias sociales no aplican el principio de causalidad sino el de imputación. Estudian las conductas humanas, no como se desarrollan efectivamente en el orden causal de la naturaleza, sino en relación con las normas que prescriben cómo deben desarrollarse. Son, pues, ciencias normativas, entre las cuales encontramos la ética y la ciencia del derecho.

Que una ciencia sea calificada de normativa no significa que tenga por objeto prescribir una conducta determinada ni dictar normas aplicables a la conducta de los individuos. Su papel es solamente describir las normas y las relaciones sociales que ellas establecen.

Para una ciencia normativa una sociedad es un orden normativo (moral, religioso o jurídico) constituido por un conjunto de normas. Un orden normativo es eficaz cuando, de manera general, los individuos a los cuales se dirige se conforman a sus normas.

f) Leyes causales y leyes normativas

Tanto el principio de causalidad como el de imputación se presentan bajo la la forma de juicios hipotéticos que establecen una relación entre una condición y una consecuencia. Pero la naturaleza de esta relación no es la misma en los dos casos.

La fórmula del principio de causalidad: “Si la condición A se realiza, la consecuencia B se producirá

La fórmula del principio de imputación: “Si la condición A se realiza, la consecuencia B debe producirse

En el principio de causalidad la condición es una causa y la consecuencia su efecto. Además, no interviene acto humano ni sobrehumano.

En el principio de imputación, por el contrario, la relación entre la condición y la consecuencia es establecida por actos humanos o sobrehumanos.

Por otra parte, cada causa concreta es simultáneamente efecto de otra causa y cada efecto la causa de otro efecto. Hay, pues por definición, cadenas de causas y efectos y cada acontecimiento es el punto de interseccion de un número infinito de cadenas causales.

En el caso de la imputación, acontece otro proceso totalmente distinto. La condición a la cual se imputa una consecuencia moral, religiosa o jurídica, no es necesariamente una consecuencia imputable a una condición. Si la cadena de causalidad tien un numero infinito de eslabones, las de la imputación no tienen más que dos. El acto bueno al cual se le imputa la gratitud, el pecado al cual se le imputa la penitencia, el robo al cual se le imputa el encarcelamiento, todas estas condiciones a las cuales es imputada una consecuencia moral, religiosa o jurídica, son le punto final de la imputación.

Por el contrario, la causalidad no conoce punto final.

g) Causalidad e imputación