Noam Chomsky: Contra el imperio de la vigilancia

Entrevista por Ignacio Ramonet
Publicado 5 abril 2015

Noam Chomsky

“EE.UU. también, como otros países desarrollados, no respetaron lo que se llama hoy una “economía sana”. Se violaban los principios que hoy se proclaman, y existían altos aranceles y otros mecanismos proteccionistas. Y eso siguió así hasta el año 1945, cuando realmente EE.UU. pudo desarrollar la producción industrial de acero, y de muchas otras cosas más”.

*”Le Monde diplomatique en español”, Abril 2015 →http://www.monde-diplomatique.es

En Buenos Aires (Argentina), del 12 al 14 de marzo pasado, organizado por el Ministerio de Cultura y el Secretario de Coordinación Estratégica del Pensamiento Nacional, Ricardo Forster, tuvo lugar un importante Foro Internacional por la Emancipación y la Igualdad que reunió a personalidades de gran prestigio venidas de Estados Unidos, de América Latina y de Europa. Se trataba de reflexionar sobre el momento que se está viviendo no sólo en Latinoamérica sino también en algunos países de Europa, donde nuevas organizaciones políticas (Syriza, Podemos), que conocen bien los avances progresistas realizados en América Latina, están tratando de cambiar las cosas y de aportar soluciones de inclusión social y de rechazo de las políticas “austeritarias”.

En el marco de ese encuentro excepcional, pudimos entrevistar a nuestro amigo estadounidense Noam Chomsky, uno de los intelectuales más prestigiosos del mundo. Un hombre que lleva años pensando cómo construir un mundo más justo, menos desigual y con menos violencia.

Ignacio Ramonet: Noam, el 9 de marzo pasado, Barack Obama firmó una orden ejecutiva y decretó “estado de emergencia” en Estados Unidos por “la amenaza inusitada y extraordinaria” que representaría Venezuela para la seguridad nacional de su país. ¿Qué piensa usted de esta declaración?

Noam Chomsky: Tenemos que ser cuidadosos y distinguir dos partes en esa declaración. Por un lado, un hecho real: la imposición de sanciones a siete funcionarios de Venezuela. La otra parte es un aspecto más bien técnico, la forma en que se formulan las leyes estadounidenses. Cuando un presidente impone una sanción debe invocar esta declaración ridícula que pretende que hay “una amenaza a la seguridad nacional y a la existencia de EE.UU.”, por parte de tal o cual Estado. Es un aspecto técnico del derecho estadounidense. Es tan ridículo que, de hecho, nunca se había subrayado. Pero esta vez sí se insistió en ello, porque surgió en América Latina. En la declaración habitual casi nunca se menciona todo este contexto, y creo que es la novena vez que Obama invoca una “amenaza a la seguridad nacional y a la supervivencia de EE.UU.”, porque es el único mecanismo a su alcance mediante el cual la ley le permite imponer sanciones. O sea, que lo que cuenta son las sanciones. El resto es una formalidad absurda; es una retórica obsoleta de la que podríamos prescindir, pero que, en todo caso, no significa nada.

Aunque a veces sí. Por ejemplo, en 1985, el presidente Ronald Reagan invocó la misma ley diciendo: “El Estado de Nicaragua es una amenaza a la seguridad nacional y a la supervivencia de Estados Unidos”… Pero en ese caso era verdad. Porque ocurría en un momento en que la Corte Internacional de Justicia (CIJ) había ordenado a EE.UU. que pusiera fin a sus ataques contra Nicaragua mediante el uso inapropiado de los llamados “Contras” contra el Gobierno sandinista. Washington no lo tomó en cuenta. Por su parte, el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas también adoptó, en ese momento, una resolución que pedía, a “todos los Estados”, que respetaran el derecho internacional… No mencionó a nadie en particular, pero todo el mundo sabía que se estaba refiriendo a EE.UU.

La CIJ había pedido a Estados Unidos que pusiera fin al terrorismo internacional contra Nicaragua y que pagara reparaciones muy importantes a Managua. Pero el Congreso estadounidense lo que hizo fue aumentar los recursos de las fuerzas [los “Contras”] financiadas por Washington que atacaban a Nicaragua… Es decir, la Administración de Reagan opuso su método a la resolución de la CIJ y violó lo que ésta le estaba pidiendo. En ese contexto, Reagan se puso sus botas de cowboy y declaró que Nicaragua era una “amenaza a la seguridad de Estados Unidos”. Recordará usted que, en aquel mismo momento, Reagan pronunció un célebre discurso diciendo que “los tanques de Nicaragua están a solo dos días de marcha de cualquier ciudad de Texas”… O sea declaró que había una “amenaza inminente”…. Bueno, según Reagan, aquella “amenaza” era una realidad… Pero ahora no, lo de Obama es una fórmula retórica, una expresión técnica, digamos. Claro, se trata de darle a la declaración un aspecto dramático adicional para tratar de socavar al Gobierno de Venezuela… Algo que Washington hace casi siempre en esos casos.

IR: Usted conoció al presidente Hugo Chávez. Y Chávez le tenía a usted una gran admiración. Hizo el elogio de algunos de sus libros. ¿Qué recuerdos tiene de él y qué opinión le merece como gobernante, en particular por su influencia en América Latina?

NC: Tengo que confesarle que después de que el presidente Chávez mostrara mi libro [Hegemonía o supervivencia] en la Organización de las Naciones Unidas (ONU), se vendió muy bien en Amazon.com [risas]. Un amigo mío, un poeta, me dijo que el libro estaba entre los últimos del ranking de Amazon y de pronto se vendieron miles… Él me preguntó si el presidente Chávez no podía mostrar un libro de él también en la ONU… [risas] Bueno, tuve con Chávez unas conversaciones nada más, en el palacio presidencial. Estuve en Caracas un día con un amigo y básicamente hablamos con Chávez de cómo llegó al poder, cómo reaccionó EE.UU., y muchas otras cosas de esa naturaleza. Chávez hizo un esfuerzo muy importante para tratar de introducir cambios sustanciales en Venezuela y su relación con el mundo. Uno de sus primeros actos fue lograr que la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), que poseía casi el monopolio del petróleo, redujese la producción para que los precios del barril aumentaran. Según lo que él me dijo, ese fue el momento en que EE.UU. se volvió definitivamente contra Venezuela… Antes lo toleraban… Chávez hizo también muchas cosas más: procuró petróleo a bajo precio a Cuba y a otros países del Caribe; realizó esfuerzos para mejorar el sistema de sanidad, reducir la pobreza, lanzó las “misiones” que significaban un gran esfuerzo en favor de la gente humilde, etc.

En esto obtuvo cierto grado de éxito, pero se enfrentó a graves dificultades, en particular la incompetencia, la corrupción, la manera de combatir las huelgas, etc. El resultado final es un contexto difícil para Venezuela internamente. Y el problema más grave –que no se ha superado–, y que es un problema para América Latina en general, es que todos estos países dependen de un modelo no sostenible de desarrollo económico, basado en la exportación de productos primarios. Un país puede asumir eso –Argentina y Brasil lo saben– si la economía se diversifica de tal manera que pueda desarrollar una verdadera industria compleja. Pero una industria basada únicamente en productos agrícolas o mineros no es un modelo sostenible. Si usted considera los países que se han desarrollado, empezando por Inglaterra, EE.UU. y otros, todos, originalmente, empezaron exportando productos básicos. Por ejemplo, EE.UU. se desarrolló porque tenía un casi-monopolio en uno de los productos básicos más importantes del siglo XIX, que era el algodón que se producía en plantaciones con campamentos de esclavos –campamentos que hubiesen impresionado a los nazis si éstos los hubieran podido ver. Y así logró EE.UU. aumentar la productividad del algodón más rápidamente que la industria, y eso que no tenía innovación técnica… aparte del látigo que usaban para torturar a los esclavos. Con el uso intensivo de la tortura y de otras actividades horripilantes, la producción de algodón se incrementó muy rápidamente, con lo cual los dueños de los esclavos se enriquecieron, por supuesto, pero también se desarrolló el sistema fabril.

Si usted piensa, por ejemplo, en el noreste de EE.UU., que es una zona fabril donde están las principales fábricas, en aquel entonces se ocupaban del algodón, producían telas a partir de algodón. Lo mismo sucedía en Inglaterra. Los ingleses importaban el algodón de EE.UU. y desarrollaron sus primeras fábricas. Lo cual también permitió la expansión del sistema financiero, que era una maniobra sumamente compleja sobre el préstamo de fondos y otras operaciones financieras. Y todo eso a partir del cultivo del algodón. Un sistema comercial, un sistema industrial, un sistema financiero.

Pues bien, EE.UU. también, como otros países desarrollados, no respetaron lo que se llama hoy una “economía sana”. Se violaban los principios que hoy se proclaman, y existían altos aranceles y otros mecanismos proteccionistas. Y eso siguió así hasta el año 1945, cuando realmente EE.UU. pudo desarrollar la producción industrial de acero, y de muchas otras cosas más. Así es como se puede hacer el desarrollo. Si un país se autolimita a la exportación de productos primarios se va a estrellar… Y eso es lo que pasa en Venezuela. La economía sigue dependiendo terriblemente de la exportación de petróleo… Ese modelo es insostenible. Y también es insostenible una economía únicamente basada en la exportación de soja o de otros productos agrícolas. De tal manera que tenemos que pasar por un formato distinto de desarrollo como el que hicieron Inglaterra y Estados Unidos. Y otros países europeos por supuesto. Por ejemplo, Francia. El 20% de la riqueza de Francia fue producto de la tortura de los haitianos… que sigue hoy lamentablemente. Lo mismo con la historia del desarrollo de otros países coloniales.

Venezuela no ha superado este escollo. Y tiene otros problemas internos graves que, por supuesto, EE.UU. quisiera exacerbar. Y creo que las sanciones constituyen un esfuerzo para lograrlo. En mi opinión, una buena respuesta de Venezuela sería simplemente dejar pasar por alto. Claro, no se pueden pasar por alto las sanciones porque son reales… Pero sí lo que usted mencionó, esa pretensión ridícula de “amenazas a la seguridad nacional estadounidense”…. Es importante repetir que esto, en sí, no significa nada. Como le dije, es meramente una expresión formal. Es algo que los medios de comunicación, en EE.UU., ni siquiera señalaron. Lo importante es la reacción que, en este caso, se produjo en América Latina.

IR: El diecisiete de diciembre pasado el presidente Barack Obama, y también el presidente Raúl Castro, hicieron una declaración, cada uno por su parte, en la que anunciaban la normalización de las relaciones entre Cuba y Estados Unidos. El presidente Obama, en esa declaración, reconoció que cincuenta años de política estadounidense, de presiones, con bloqueo económico incluido, no habían producido ningún resultado, y que había que cambiar de política. ¿Qué piensa usted de esta normalización entre Cuba y EE.UU.? Y ¿cómo ve usted la evolución de las relaciones entre La Habana y Washington, y la influencia de ello para el conjunto de América Latina?

NC: Pequeña corrección. No se trata de “normalización”. Es, primero, un paso hacia lo que podría ser una normalización. O sea que el embargo, las restricciones, la prohibición de viajar libremente de un país a otro, etc., no han desaparecido… Pero efectivamente constituye un paso hacia la normalización, y es sumamente interesante ver cuál es la retórica actual del análisis de Obama y de su presentación. Lo que dijo es que cincuenta años de esfuerzos “para llevar la democracia, la libertad y los derechos humanos a Cuba” han fracasado. Y que otros países, desgraciadamente, no apoyan nuestro esfuerzo, de tal manera que tenemos que encontrar otras formas de continuar nuestra dedicación a la imposición de democracia, libertad y derechos humanos que dominan nuestras políticas benignas con el mundo. Palabra más, palabra menos, es lo que dijo. Quienes han leído a George Orwell saben que cuando un Gobierno dice algo hay que traducirlo a un lenguaje más claro. Lo que dijo Obama significa lo siguiente: durante cincuenta años hemos hecho un terrorismo de gran escala, una lucha económica sin piedad que han dejado a EE.UU. totalmente aislado; no hemos podido derrocar al Gobierno de Cuba en esos cincuenta años, por consiguiente ¿qué tal si encontramos otra solución? Esa es la traducción del discurso; es lo que realmente quiere decir o lo que se puede decir tanto en español como en inglés.

Y vale la pena recordar que la mayoría de estas cuestiones se suprimen en los debates norteamericanos e incluso europeos. Efectivamente, EE.UU. hizo una campaña grave de terrorismo contra Cuba bajo la presidencia de John F. Kennedy; el terrorismo era extremo en aquel momento. Hay un debate, a veces, sobre los intentos de asesinato de Fidel Castro, y se hicieron ataques a instalaciones petroquímicas, bombardeos de hoteles –donde sabían que había rusos alojados–, mataron ganado, etc. O sea una campaña muy grande que duró muchos años.

Es más, después de que EE.UU. terminara su terrorismo directo apareció el terrorismo de apoyo, digamos, con base en Miami en los años 1990. Además la guerra económica, que fue iniciada por Eisenhower, tomó realmente impulso durante la era Kennedy y se intensificó después. El pretexto de la guerra económica no era “establecer la democracia” ni “la introducción de derechos humanos” sino castigar a Cuba por ser un apéndice del gran Satán que era la Unión Soviética. Y “teníamos que protegernos”, de la misma manera que “teníamos que protegernos” de Nicaragua y de otros países…

Cuando colapsó la Unión Soviética, ¿qué pasó con el embargo? El bloqueo se agravó. Es más, Clinton le ganó la partida a George Bush (padre) para extender el bloqueo. Clinton lo hizo mucho más fuerte. Algo raro por parte de un senador liberal de Nueva Jersey… Y más tarde, peor aún, se intensificó el esfuerzo por estrangular y destruir la economía cubana. Y todo eso no tenía nada que ver, obviamente, ni con la democracia ni con los derechos humanos. Ni siquiera es una broma. Basta con ver los registros norteamericanos de su apoyo a las dictaduras violentas, terroristas en América Latina. No solamente las apoyaron sino que las impusieron. Como en el caso de Argentina, donde EE.UU. era el más firme apoyo de la dictadura argentina. Cuando el Gobierno de Guatemala estaba cometiendo un verdadero genocidio, Reagan quiso apoyarlo. Pero el Congreso le había fijado ciertos límites. Por eso dijo, bueno, qué tal si lo hacemos en Argentina… Y transformamos a los militares argentinos en neonazis para hacer lo que queremos. Desgraciadamente, Argentina pasó a ser una democracia después; y ahí es donde los Estados Unidos perdieron ese apoyo que tenían. Y entonces recurrieron a Israel para seguir con el entrenamiento de los ejércitos de terrorismo en Guatemala. Pero ya, desde principios de los años 1960, hubo una tremenda ola de represión en toda América Latina, en Brasil, Uruguay, Chile, Argentina y así hasta América Central. Estados Unidos, directamente, participaba en todos estos comandos. Y antes también, y hoy sigue.

Por ejemplo, Obama es prácticamente el único líder que le dio apoyo, en 2009, al golpe de Estado de Honduras, que echó al Gobierno constitucional [de Manuel Zelaya] y que puso una dictadura militar que EE.UU. reconoció. Es decir, podemos dejar de lado la charla sobre la democracia y los derechos humanos; no tienen nada que ver: el esfuerzo era para destruir el Gobierno. Y sabemos por qué. Una de las cosas buenas de EE.UU. es que, en muchos sentidos, es una sociedad libre, y tenemos muchos registros internos, de deliberaciones internas que se han publicado. De manera que se puede saber exactamente lo que ocurrió.

IR: En 1999, apareció Hugo Chávez en Venezuela, y una serie de países adoptaron unos programas anti-neoliberales, varios gobiernos progresistas empezaron a aparecer en América Latina; primero en Brasil, después de Venezuela, con Lula; después en Bolivia, con Evo Morales; luego en Ecuador, con Rafael Correa; luego en Argentina, con Nestor Kirchner; en Uruguay, con Tabaré Vázquez y Pepe Mujica. Esto se ha extendido por América Latina; y efectivamente, como usted acaba de decir, América Latina se le ha ido un poco de las manos a EE.UU. Yo quisiera preguntarle, primero, ¿qué opinión tiene usted de estos gobiernos progresistas, en general, de América Latina? Y segundo, ¿por qué EE.UU. ha podido encontrarse en esta situación de pérdida de influencia en América Latina?

NC: Bueno, son acontecimientos de suma importancia en esta parte del mundo, todo lo que ha descrito usted es de relevancia realmente histórica. Si uno piensa en América Latina… Durante quinientos años, América Latina, básicamente, se vio controlada por los poderes imperialistas occidentales, sobre todo por EE.UU. en el siglo XX, y antes hubo otros… En América Latina, las poblaciones originarias se veían controladas por una elite pequeña, generalmente blanca, casi blanca, muy ricos, con muchas personas pobres. Entonces estas elites eran como ajenas a su propio país: exportaban capital a Europa, por ejemplo, y enviaban a sus hijos a EE.UU. No les preocupaba su propio país. Y la interacción entre los países de América Latina era muy limitada. Cada elite de cada país tenía un sesgo hacia lo occidental, y tenían ideas imperialistas. Había ciertas diferencias, pero ésta era en general la situación típica. Y esto viene sucediendo, bueno, desde hace quinientos años de una forma u otra.

Pero, a partir de 1999, empezó a cambiar esta situación. Lo que usted describe es un cambio muy significativo; es un punto de importancia histórica. Y Estados Unidos es, por supuesto, el país, la potencia que ejerce el mayor dominio en todo el mundo, pero EE.UU. ya no tiene el poder abrumador de destruir gobiernos y de imponer dictaduras militares donde se le antoja. Si uno piensa, por ejemplo, en los últimos quince años… Ha habido algunos golpes de Estado: un intento de golpe en Venezuela en 2002; bueno, funcionó, digamos, durante dos días nada más. EE.UU. lo apoyó plenamente pero no tuvo el poder de imponer a un nuevo Gobierno. Hubo otro en Haití en 2004; ahí tenemos…, los torturadores de Haití, Francia y EE.UU. combinaron el secuestro del presidente Aristide para enviarlo al centro de África, y mantenerlo allí, oculto, para que no pudiera participar ni siquiera en las elecciones. Bueno, esto fue exitoso, pero Haití es un país muy débil. Hubo otro caso en Honduras, en 2009 –sí, con Obama–: los militares se deshicieron del gobierno constitucional… Así que ahí hubo una “excusa democrática”, y Washington no quiso condenarlo como un golpe militar… Pero resultó que EE.UU. se encontró aislado en esa posición de apoyo a ese golpe militar exitoso. Y ahora ese país es un desastre por completo. Tiene un terrible registro –el peor– en materia de derechos humanos. Y si consideramos la migración a EE.UU., que es un gran tema, la mayoría de los inmigrantes proviene de Honduras, porque este país fue destruido por el golpe que Washington apoyó.

Así que vemos algunos casos de éxito por así decirlo, pero no como en el pasado, no como antiguamente. América Latina ahora ha dado un paso hacia adelante para lograr cierto grado de independencia. Es el camino correcto hacia adelante. Bueno, la UNASUR, MERCOSUR, CELAC [Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños]; hay distintos grupos que representan pasos hacia la integración. La CELAC es totalmente novedosa, porque EE.UU. y Canadá quedan excluidos, y esto, bueno, nadie podría haberlo imaginado; era algo inconcebible años atrás. Todo ello se ve reflejado de varios modos; hubo un estudio reciente muy interesante de lo que podríamos llamar, por ejemplo, la “peor tortura del mundo”: arrestamos a alguien y lo mandamos a la dictadura militar más cruel para que allí lo torturen, de manera impune, y podemos así tener cierta información. Esta es la peor forma de tortura. Estados Unidos lo viene haciendo desde hace años y años. Hubo un estudio para saber qué países cooperan. Por supuesto, los países de Oriente Medio; ahí; los envían para llevar a cabo esta tortura: ya lo hacían con El Asad en Siria, con Mubarak en Egipto, y bueno con Gadafi en Libia, ¿no? Y los países europeos en su mayoría han participado, Inglaterra, Suecia, Francia, todos estos países…

Sin embargo, hubo una región en el mundo, en la que no participó ningún país: América Latina. Y esto es realmente llamativo, interesantísimo. Cuando América Latina estaba bajo el control de Estados Unidos era un centro global de tortura. Ahora, incluso se negaron a participar en este horrendo juego, en este tipo de tortura implementado por Estados Unidos. Esto es un cambio muy significativo, una señal realmente muy llamativa. Ha habido ciertos casos de éxito, parciales, en América Latina, que ha liderado la resistencia al proyecto neoliberal, lo podemos llamar así. También otros éxitos, aunque hay mucho camino por recorrer todavía.

IR: Una reflexión sobre política exterior de Estados Unidos con respecto a su rivalidad con China. ¿Piensa usted, como algunos analistas, que China será el gran rival estratégico de Estados Unidos en el siglo XXI? ¿Y qué consecuencias puede tener esto para la marcha del mundo en general y para el destino de Estados Unidos?

NC: China se desarrolla de una manera muy eficiente. Es algo que empezó en el año 1949 cuando China se independizó. Hay una expresión para eso en el discurso norteamericano, se dice “la pérdida de China”, es muy interesante… “la pérdida de China”… No se puede “perder” algo de lo cual uno no es dueño. Pero, en Estados Unidos, damos por sentado que nosotros somos los dueños del mundo, y si algún país se aleja de nuestro lado lo “perdimos”… China es hoy un productor offshore de las fábricas norteamericanas. Las principales empresas estadounidenses producen en China, importan de China. O sea que nuestras principales empresas importan bienes baratos de China y obtienen ganancias extraordinarias. Una empresa estadounidense puede disponer de una mano de obra reprimida, muy barata, donde el Estado controla muy directamente a los trabajadores; no hay que preocuparse por la contaminación y otras cosas: es una forma muy inteligente de ganar dinero. De manera que hay vínculos comerciales, financieros e industriales muy fuertes. Al mismo tiempo, China tiene las ambiciones normales de una superpotencia. Por ejemplo, China, si se fija usted en el mapa, está rodeada al Este por una ristra de protectorados estadounidenses que controlan sus aguas territoriales. Eso a China no le gusta. Los chinos se quieren expandir por sus propias aguas offshore. Entonces aparece un conflicto potencial bastante grave entre China, por un lado, y EE.UU. y Japón por el otro. Y ese conflicto concierne al conjunto del Pacífico Occidental. Es una región donde Japón, durante su época imperial, tenía todas sus fuerzas. Y siguen controlando una buena parte. Lo cual a China no le gusta. En este momento, los cazas japoneses y chinos pasan continuamente sobre islas que no tienen ningún interés. Y esas cosas en algún momento podrían desembocar en una guerra. Lo mismo sucede entre EE.UU. y China; la política exterior de Obama es un pivote hacia Asia. Eso consiste en mandar fuerzas militares a Australia, y en construir una enorme base militar en una isla cercana a China. No dice que es una base militar pero seguramente lo es. Estados Unidos posee, a pocos kilómetros de China, la base de Okinawa, cuya población se opone rotundamente a esa base militare. Japón controla ese territorio, y EE.UU. quiere mantener las bases en esa zona. Y nuevas bases se están construyendo y se están expandiendo con la tremenda objeción de la población y de China que mira todo eso como una amenaza, y tiene razón. O sea que hay una confrontación potencial no solamente con EE.UU. sino también con los países vecinos como Filipinas, Vietnam y Japón, por supuesto. Es un problema de tensión. De manera subyacente hay también un problema económico, una tremenda interacción económica, de producción, de finanzas, de importación, etc. De manera que seguramente va a seguir siendo un tema importantísimo en los asuntos internacionales. No obstante, mucho se ha hablado de la nueva potencia de China en el siglo XXI. Creo que se exagera tremendamente. El crecimiento de China ha sido fuerte durante muchos años pero sigue siendo un país sumamente pobre. Si se fija usted, por ejemplo, en el índice de desarrollo humano de la ONU, creo que China está en la posición noventa y no se mueve de ahí. Tiene importantes problemas internos, el movimiento laboral está rompiendo sus cadenas, hay muchas huelgas, protestas, tremendos problemas ecológicos, la gente habla de polución, pero es mucho peor: hay destrucción de los recursos agrícolas, más bien limitados; se enfrenta a extraordinarios problemas que Estados Unidos y Europa no tienen. Y sigue habiendo una enorme pobreza. Y no está a punto de transformarse en un poder hegemónico.

De manera que la presión de EE.UU. y Japón sobre China desde el Este, está empujando a China hacia Asia Central, y uno de los desarrollos más importantes de los asuntos mundiales recientemente es el establecimiento de lo que se llama la Organización de Cooperación de Shanghái (OCS) con base en China pero que incluye a Rusia, a los Estados centrales asiáticos, a la India, y a Irán como observador. Se está desplazando también hacia Turquía, y tal vez va a seguir expandiéndose hacia Europa, con lo cual se reconstituiría algo así como la “ruta de la seda”, la vieja ruta de la seda, que salía de China e iba hacia Europa. A Washington no le gusta. Estados Unidos ha pedido ser observador en el seno de la OCS, pero se le ha negado; lo tienen Irán y otros países, pero a Estados Unidos se le ha negado ese estatuto de observador. De hecho la OCS ha pedido que se sacaran todas las bases militares norteamericanas de Asia Central. Asia tiene grandes recursos; la confrontación actual con Rusia está empujando al Kremlin a tener relaciones más cercanas, más estrechas con China, siendo China el poder dominante y Rusia menos. Pero es como un desarrollo natural, por así llamarlo. La parte oriental de Rusia tiene grandes recursos, minerales, petróleo, etc. Y eso podría permitir acercar aún más a China y Rusia. Uno puede ver una suerte de sistema eurasiano o eurásico, con mejores vínculos, más estrechos. Por ejemplo, hoy uno puede tomar un tren de alta velocidad desde China hasta Kazajistán, y sin embargo no se puede tomar un tren de alta velocidad de Boston a Europa, pero sí de Beijín a Kazajistán. Forma parte del desarrollo que estamos viendo y es algo bastante fuerte; y algunos estrategas estadounidenses lo consideran una OTAN con base en China. Tal vez lo sea. Tal vez. En tal caso, hay grandes avances, y tiene razón usted al decir que son amenazas potenciales en los asuntos internacionales que podrían transformarse en peligrosos.

IR: Quisiera hacerle ahora dos preguntas sobre la comunicación de masas. La primera pregunta es una gran preocupación que existe en el mundo del periodismo sobre la crisis de la prensa escrita. Hay una enorme crisis de la prensa escrita, muchos periódicos están desapareciendo, muchos periodistas están perdiendo su empleo. Y la pregunta es: el periodismo de papel, ¿va a seguir existiendo? ¿Qué consecuencias puede tener la desaparición del periodismo de papel?

NC: No creo que sea inevitable. Hay algunas excepciones interesantes. Por ejemplo, en México. Creo que La Jornada es ahora el segundo diario más importante, que se lee muy ampliamente, aunque a la clase de los empresarios no le gusta en absoluto, por lo cual no recibe publicidad; cuando uno se fija no ve publicidad de marcas, pero sí tiene publicidad del Gobierno; porque la ley mexicana así lo exige, exige que el Gobierno haga su publicidad oficial en todos los diarios. Sobrevive, y pude ver que mucha gente lo lee. Por lo que he podido leer, La Jornada es un diario de buena calidad y está sobreviviendo. Y creo que no es algo imposible.

En la Declaración de los Derechos Humanos de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), uno de los artículos, creo que es el diecinueve, habla de la libertad de prensa. Y dice que la libertad de la prensa tiene dos aspectos: el derecho a generar una información libre de control gubernamental, pero también el derecho a recibir información y a tener la oportunidad de generar información libremente. Lo cual significa sin concentración de capitales. La prensa rica, compleja e independiente, del siglo XIX y principios del XX, sucumbió. Sucumbió por dos causas; uno, la concentración de capitales, que significaba que se metían grandes cantidades de capitales en la prensa comercial privada. Y dos, a la dependencia de la publicidad. Cuando uno depende de la publicidad son los anunciantes los que empiezan a tener impacto en el diario. Cuando uno se fija en un diario moderno actual… es un negocio; y como cualquier otro negocio, tiene que generar un producto que tiene su mercado, ese mercado son otras empresas que hacen publicidad; y los productos son los lectores. Pero los productos no subsidian un diario. Hoy el diario le vende a las empresas de publicidad, lo mismo en televisión, no se paga cuando uno conecta la televisión, pero la empresa, que es el canal, le vende el público a sus anunciantes; y ahí es donde se ve un gran esfuerzo, donde está la parte creativa: las publicidades. En la industria de la televisión, la publicidad es el verdadero contenido. La historia es simplemente un relleno, lo que la gente ve entre dos espacios publicitarios. Esa es la estructura básica de la televisión comercial. En la prensa escrita hay un término: el agujero de las noticias. ¿Cómo se hace? Primero se pone la publicidad, ¿no?, que es lo importante; Y después se rellena un poquito aquí y allá con algo de noticias [risas]. Esa es la estructura natural de los medios de comunicación comerciales. Este tema ha sido una batalla durante siglos. Y lo que se ha visto en Argentina recientemente: ¿acaso la libertad de prensa significa solamente la libertad de las empresas privadas de hacer lo que les da la gana? ¿O la libertad de prensa también tendría que comprender lo que dice la Declaración de las Naciones Unidas sobre los Derechos Humanos, o sea: el derecho de la gente a recibir información de muchas fuentes, y de tener la oportunidad de juntarse, generar y producir información a partir de muchas fuentes?

Su pregunta sobre los medios de comunicación impresos se sitúa en ese contexto. Podría haber medios impresos y con mucha vida pero tiene que haber una responsabilidad pública. Y cuando uno habla de subsidios gubernamentales, si el Gobierno es democrático, significa subsidios públicos; significa que es el público el que participa para garantizar un entorno en el cual la información esté disponible en toda una gama de fuentes; y que muchos grupos distintos tengan la oportunidad de presentar sus propios hechos, sus propias interpretaciones, sus análisis, sus investigaciones, etc. Esa sería una versión enriquecida de la libertad de prensa. Y se puede lograr, pero como para las demás formas de democratización, se necesita movilización pública. Las empresas privadas van a hacer lo imposible para trabarlo. Eso se sabe bien en Argentina. Pero sucede en todas partes.

IR: Recientemente estuvo usted en Londres visitando a Julian Assange, el fundador de WikiLeaks, en la Embajada de Ecuador, –yo había estado con él unos días antes–, y por otra parte, Edward Snowden, con sus revelaciones, también ha demostrado la existencia de todo el sistema de vigilancia, y ha podido desenmascarar algunas acciones de los Estados, la potencia de los Estados en materia de vigilancia hoy y de ocultación de información. O sea, por una parte, WikiLeaks, por otra parte, “lanzadores de alertas” como Snowden, utilizando internet, utilizando las redes sociales, nos han enseñado mucho últimamente en materia de información. ¿Piensa usted que este tipo de periodismo nuevo es algo que se va a desarrollar en un futuro próximo en términos de comunicación y de emancipación intelectual, con toma de conciencia de los ciudadanos?

NC: La respuesta, como a la mayoría de las preguntas, es que depende de lo que hagan los ciudadanos. Sin lugar a dudas, cualquier sistema de poder va a impedir todo lo que pueda dentro de sus posibilidades. Assange está refugiado en la Embajada de Ecuador en Londres, y Gran Bretaña está pagando muchísimo para que no se escape por la puerta. Como saben, Assange está en peores condiciones que las de la cárcel, porque en la cárcel uno puede ver la luz del día, a menos que esté en confinamiento, pero él no puede. Snowden está en Rusia, usted sabe lo que pasó con el vuelo de Evo Morales, el presidente de Bolivia que volaba de Moscú a Bolivia, y los países europeos –Francia, España, y otros– interceptaron su vuelo por orden del Gran Amo en Washington… ¡Una cosa increíble! Finalmente, el avión tuvo que aterrizar en Austria. La policía inmediatamente entró al avión para cerciorarse de que Snowden no estaba oculto en la cabina. Estas son, directamente, violaciones de protocolos diplomáticos, pero que muestran dos cosas; primero, muestran la dedicación extrema del Gobierno de Obama para castigarlo, y luego, en segundo lugar, cuán servil es Europa al Gran Amo estadounidense. Un fenómeno muy interesante.

Obama va más allá, ha castigado a más “lanzadores de alertas” que cualquier otro presidente. Hay una ley en EE.UU. que es la ley de espionaje durante la Primera Guerra Mundial. Obama la ha usado para evitar este tipo de publicaciones que informa a la sociedad como han hecho Assange y Snowden. El Gobierno va a tratar lo indecible para protegerse de su “enemigo principal”. Y el “enemigo principal” de cualquier Gobierno es su propia población. Hay muchas pruebas de esto que, aquí [en Argentina], se pueden entender. De la misma manera que las grandes empresas privadas van a tratar de proteger su control tiránico sobre cualquier aspecto de la vida dentro de lo posible; para estos “lanzadores de alertas”, su lucha por una información libre y transparente es una cosa casi natural. ¿Tendrán éxito? Bueno, es como saber si la dictadura argentina podría volver a tomar el poder. Eso depende de la gente. Si Snowden, Assange y otros hacen lo que hacen, lo hacen en su calidad de ciudadanos. Están ayudando al público a descubrir lo que hacen sus propios Gobiernos. ¿Existe acaso una tarea más noble para un ciudadano libre? Y se los castiga severamente. Si EE.UU. pudiera echarles el guante, sería peor aún; hay muchos que ya han padecido el castigo. Ahora, si esto va a seguir o no, va a depender de cómo respondan los ciudadanos.

(Esta es una versión abreviada de la entrevista de Ignacio Ramonet con Noam Chomsky realizada, para la Televisión Pública argentina, en Buenos Aires, el pasado 13 de marzo y difundida en su integralidad el sábado 21 de marzo por el canal de la TV Pública argentina. Se puede ver, en su versión completa, en el sitio online siguiente: http://www.tvpublica.com.ar/ y también en su canal youtube: https://www.youtube.com/watch?v=RIq-tSBdsLw )

Publicado en “Le Monde diplomatique en español“, Abril 2015http://www.monde-diplomatique.es

Este contenido ha sido publicado originalmente por teleSUR bajo la siguiente dirección:
http://www.telesurtv.net/opinion/Entrevista-a-Noam-Chomsky-Contra-el-imperio-de-la-vigilancia-20150405-0012.html.

Por suerte Kicillof no es abogado

Como está a la vista, ninguno de los jueces de la mayoría explica –por ejemplo– cómo afecta al servicio de justicia la falta de uso de la corbata…. 

… Panizzi destaca que no hay norma alguna que ordene el uso de corbata y “su exigencia es por completo arbitraria”. “Ningún habitante de la nación será obligado a hacer lo que no manda la ley ni privado de lo que ella no prohíbe”, recordó. Su colega Jorge Pfleger advirtió que “quienes han faltado a su deber han sido los jueces y no el letrado cuyo vestir despechugado se acusa”. “Cualquier herida a la sensibilidad estética de quienes dirigen la audiencia no necesariamente implica forma incompatible con la seriedad de la audiencia (…) moderen los señores jueces la energía de la que han sido dotados por la constitución y la encaucen a los propósitos que les dio motivo”, reclamó.

Uno de los jueces argumentó que la corbata representa a los judiciales “como grupo social”. Imagen: Corbis

Uno de los jueces argumentó que la corbata representa a los judiciales “como grupo social”.
Imagen: Corbis

LA CORTE DE CHUBUT DISPUSO QUE LOS LETRADOS NO PUEDEN ASISTIR A LAS AUDIENCIAS SIN CORBATA

El Superior Tribunal de Justicia chubutense dedicó dos horas a deliberar y emitir una acordada –aprobada en un fallo de 3 votos a 2– que los abogados no pueden asistir a audiencias sin corbata. “Es un signo de respeto”, dijeron.

 Por Irina Hauser

El Superior Tribunal de Justicia de Chubut dedicó casi dos horas de deliberación y, finalmente, una acordada a disponer que los abogados no pueden asistir a las audiencias judiciales sin corbata. Los argumentos que utilizó la mayoría (de tres jueces contra dos) para sostener esa postura incluyen sorprendentes teorías sobre el uso del accesorio, que pintan las creencias y costumbres de algunos miembros del Poder Judicial: uno de los votos dice que la corbata es “es un signo de respeto” hacia los jueces, que “no le hace mal a nadie”, que es una costumbre y debe seguir siendo así; otro afirma que “uniformarse” es signo de una sociedad democrática, y que de todos modos la corbata es parte de la “cultura forense” que representa a los judiciales “como grupo social”. Sólo los dos jueces que votaron en disidencia hablaron del servicio de justicia.

El episodio que llevó el tema a la Corte chubutense ocurrió en febrero, cuando el juez Darío Arguiano decidió demorar el inicio de una audiencia oral porque el abogado de una de las partes, Oscar Romero, no llevaba corbata. Arguiano le dijo a Romero que se fuera de la sala. El juez parecía decidido a dejar a uno de los implicados sin representación legal. Romero, que es el presidente del Colegio de Abogados de Trelew, se negó. Explicó que la postura de la entidad es que no se les puede imponer exigencias relacionadas con la vestimenta y que ya varios de sus colegas venían padeciendo situaciones de destrato similares. Al final, asistió a todo el juicio sin corbata, pero el tribunal abrió un incidente para que resolviera la Corte local. Aquel primer día, la demora hasta comenzar fue de una hora y media. Los jueces intentaron atribuirla a un supuesto problema de audio.

En la acordada firmada la semana pasada, votaron por la obligatoriedad de la corbata los jueces José Luis Pasutti (presidente de la Corte), Daniel Rebagliati Russell y Fernando Royer. “La forma de presentarse de los abogados ante los tribunales está íntimamente ligada a una expresión de respeto al comparecer ante los jueces, que se ha construido sobre la base a un derecho consuetudinario mantenido a lo largo de los años. El uso de la corbata, corbatín, moño, pañuelo, poniéndole un límite a la apertura del cuello, ha sido costumbre de los abogados que así lo han adoptado, sin imponerse por norma escrita. Recordemos que el Derecho es mucho más que la ley y en estas prácticas pesa fuertemente la costumbre”, escribió Pasutti. Aunque cambien las costumbres “propongo que la formalidad se mantenga”, dijo.

Su colega Rebagliati Russell describió a Romero como un “díscolo letrado” que “ha pretendido introducir su propia moda forense”. Luego teorizó que sobre “la igualdad de formas que ha imperado y que nos caracteriza como sociedad democrática” que “ha dado muestras acabadas de que respetando la uniformidad respetamos la igualdad entre los iguales”. Comparó la corbata con la toga en otros lugares del mundo y sostuvo que “los usos y costumbres que nos dan identidad y sentido de pertenencia como grupo social están constituidos por aquellos actos de los individuos que, a fuerza de repetirse por necesidad o tradición, se convierten en dirección común, con convicción de su obligatoriedad”. Dijo que existe una “cultura forense”. A este voto y el de Pasutti adhirió el juez Royal.

Como está a la vista, ninguno de los jueces de la mayoría explica –por ejemplo– cómo afecta al servicio de justicia la falta de uso de la corbata. En cambio, los jueces de la minoría muestran que sí lo afecta haber demorado el inicio de una audiencia por una discusión de este tenor, al punto, casi, de dejar a una de las partes sin representación legal. Esa demora de “una hora y media”, dice el voto de Alejandro Panizzi, viola la norma que obliga a los jueces a “evitar suspensiones y dilaciones”. Panizzi destaca que no hay norma alguna que ordene el uso de corbata y “su exigencia es por completo arbitraria”. “Ningún habitante de la nación será obligado a hacer lo que no manda la ley ni privado de lo que ella no prohíbe”, recordó. Su colega Jorge Pfleger advirtió que “quienes han faltado a su deber han sido los jueces y no el letrado cuyo vestir despechugado se acusa”. “Cualquier herida a la sensibilidad estética de quienes dirigen la audiencia no necesariamente implica forma incompatible con la seriedad de la audiencia (…) moderen los señores jueces la energía de la que han sido dotados por la constitución y la encaucen a los propósitos que les dio motivo”, reclamó.

El sesgo de la corbata como un rasgo aristocrático y de pleitesía hacia los jueces está a la vista en la acordada. Como ornamento distintivo tiene siglos de historia, en los que se fue reforzando como símbolo de status y político. Cuentan que el primer monarca que la adoptó como insignia para su regimiento real fue Luis XIV, que sacó la idea del regimiento croata. “La indumentaria no puede ofender a nadie. Nosotros ejercemos la profesión en forma particular y libre, sin uniforme. La historia demuestra que los que pregonan la uniformidad en el vestir pregonan la uniformidad en el pensar. Estamos por la diversidad, el debate de ideas. Las costumbres son cambiantes y las cambiamos nosotros mismos”, dijo a Página/12 el abogado Romero, quien en febrero recibió la adhesión de la mayoría de los colegios de abogados. En su blog “nohuboderecho”, el abogado Alberto Bovino señaló al informar sobre el fallo que “algunos lectores se preguntarán por qué nos ocupamos de este tema mientras existen tantos problemas gravísimos relacionados con el Poder Judicial. Pues por esa misma razón”. Resolver sobre el uso de la corbata “expresa el ‘respeto’ que los jueces tienen por nosotros”.

Fuente: http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-247702-2014-06-03.html

Se dice y no se dice sobre la Argentina

Por Mario Rapoport *

En los últimos meses, en junio y agosto de este año, uno de los más prestigiosos diarios franceses, Le Monde, publicó varios artículos sobre la Argentina.

Resulta interesante reproducir algunos de sus conceptos para tener una mirada externa acerca de nuestra realidad. En uno de ellos, del 25 de junio, se señala que “El milagro argentino fue un engaño” y que “diez años después de haber repudiado parte de su deuda, el país no tiene acceso al mercado de capitales”. Pero lo más importante, a mi juicio, es cuando dice que “Grecia sería mal asesorada si se inspirara en este precedente”.

Estas frases, tomadas de títulos y subtítulos explican adónde conduce la nota, por cierto bastante extensa: no está dirigida a la Argentina sino que tiene por objeto advertir a Grecia lo que no debe hacer.

En otro artículo del mismo diario, el gobernador del Banco de Francia expresa claramente que “la voluntad de autonomía de los Estados de la Zona Euro debe borrarse” (Le Monde, 29 de junio de 2012).

Grecia no puede de ningún modo salir del euro, retornar al dracma, devaluar su moneda y repudiar su deuda como hizo la Argentina, a la que le terminó yendo –según los autores del primer artículo– bastante mal.

Cierto que se desendeudó, expandió sus exportaciones y tuvo altas tasas de crecimiento por varios años, algo que le atribuyen a una casualidad, los elevados precios de la soja; sin mencionar la reindustrialización ni la recuperación del mercado interno, de los salarios, de la ocupación o de las jubilaciones. Tampoco la suerte que tuvo el FMI al poder recobrar su deuda.

En verdad, la nota que comentamos del 25 de junio relata en forma no demasiado ordenada la trayectoria argentina de las últimas décadas.

Parte de equiparar los controles sobre el dólar y las medidas proteccionistas del actual gobierno con la crisis de 2001 y señala el malestar de muchos por el proceso inflacionario y la aparición de un dólar paralelo.

En aquel momento, hay que recordarlo, la crisis afectaba a la mayoría de la población y las protestas que suscitó eran por otras razones y contra otro gobierno, cuyos responsables el artículo no nombra, como tampoco menciona las políticas que llevaron a esa crisis, la más profunda de la historia argentina.

El FMI, al que los autores de la nota afirman que muchos argentinos llamaban el Fondo de la Miseria Internacional, era el que dictaba las políticas económicas de entonces como ahora dicta el nuevo plan económico griego. Posiblemente en el futuro los griegos lo rebauticen también con ese nombre.

Citando a dos ex banqueros centrales latinoamericanos que arriman la bocha diciendo que “la experiencia argentina debería disuadir más que estimular a seguir tal vía”, el artículo continúa tratando de desmitificar lo que denomina el “milagro argentino”.

Tras afirmar que no se han terminado de pagar los costos de la crisis de 2001 se pregunta si eso “¿no será por qué el milagro argentino le ha costado caro al país? Muy caro.Antes que la economía se recupere, el PIB cayó un 20 por ciento, el año del default, y la inflación era del 23 por ciento […] la devaluación masiva arruinó a ahorristas y empresas, y más de la mitad de la población cayó bajo el umbral de la pobreza”.

Se deja suponer, sin duda, que a Grecia le sucedería lo mismo y no menciona cómo se tuvo que llegar a ese extremo, porque en 2001, cuando verdaderamente se expropió con el “corralito” el ahorro de los argentinos, la deuda externa superaba ampliamente el PIB y la desocupación y la pobreza ya asolaban al país.

El Producto no cayó en un año un 20 por ciento por la devaluación, sino a consecuencia de políticas que lo endeudaron y regalaron sus principales activos, destruyendo el empleo y provocando la desindustrialización y destrucción del aparato productivo.

Un proceso que empezó con el terrorismo de Estado de la dictadura militar en 1976 y fue profundizado con los últimos gobiernos democráticos de la década del ’90. Todos bajo la supervisión de ese Fondo de la Miseria Internacional que el artículo menciona. Algo parecido a lo que les está pasando ahora a muchos países europeos y en primer lugar a Grecia.

Recordemos que todo esto sucedía cuando Argentina tenía pleno acceso a los mercados internacionales de capitales, en momentos en que Michel Camdessus, entonces presidente del mencionado Fondo, felicitaba a un presidente argentino porque el país se había incorporado al Primer Mundo.

Nadie pensaba entonces que todo se basaba en una paridad con el dólar insostenible, quizá similar a la actual situación de muchos países de la Zona Euro, que no cumplían los requisitos para entrar a ella, salvo, como en el caso griego, por las maniobras ilícitas de Goldman Sachs experta en esta cuestión, como nos cuenta Galbraith, desde la crisis de 1929.

Cabe recordar además a los autores del artículo que la Argentina no repudió su deuda como señalan, sólo llamó a los acreedores a un canje de la misma, y que parte de ella era deuda odiosa, proveniente de una sangrienta dictadura militar.

En síntesis, sobre la cuestión del acceso a los mercados de capitales, debemos reconocer que a la Argentina le fue muy mal cuando estuvo en ellos, aunque llegó a ser felicitada por su conducta y ahora es calificada clase “D”.

Un segundo tema es el del proteccionismo, al que se refiere más extensamente otro artículo del mismo diario del 24 de agosto y que se titula “El proteccionismo argentino es de más en más atacado por sus partenaires de la OMC”.

Todo por el hecho de que la Argentina reclama que no se le prohíba la entrada de carnes y limones en los Estados Unidos, mientras aplica medidas proteccionistas, lo que el periodista define en forma alarmista, no muy al estilo del prestigioso diario, como “una nueva escalada en la guerra comercial que opone la Argentina al resto del mundo”.

En la crisis actual, iniciada en Estados Unidos y Europa y que afecta sobre todo al mundo desarrollado, muchos economistas y políticos ya preconizan el retorno al proteccionismo para huir de las finanzas internacionales y de su trampa y proteger las producciones nacionales.

En cualquier caso, es necesario cambiar las reglas del juego del comercio internacional, donde los únicos que pueden ser proteccionistas son los países ricos.

Preguntemos si no, si se ha suprimido la Política Agraria Común de la UE. O si el proteccionismo no fue también permanente en la política de Estados Unidos desde su independencia hasta casi mediados del siglo XX (y sigue siéndolo para muchos de sus productos agrarios a través de subvenciones).

Lo mismo ocurrió durante la crisis de los años treinta en la política de numerosos países, incluida la campeona del libre comercio, Gran Bretaña, y los gobiernos conservadores, ideológicamente liberales, de la Argentina de entonces. No constituye en sí una política de encerramiento económico; es la crisis mundial la que empuja a los países en este sentido.

Si ambos artículos suenan alarmantes, por supuesto con eco en la Argentina, deberíamos decirles que lo que nos piden ya lo tuvimos, y que la expropiación de los ahorros, realizada varias veces por gobiernos militares y civiles –mediante inflaciones, hiperinflaciones, planes Bonex o leyes de convertibilidad–, poco tiene que ver con el control de cambios, que no significa expropiación alguna, salvo para aquellos que lo equiparan a verse impedidos de fugar capitales.

Los inversores extranjeros no querrán venir a la Argentina, pero nunca se quejaron de las grandes ganancias y remisión de utilidades que enviaron a sus respectivos países, entre ellas una empresa que se llama Repsol.

Todo indica que lo que se quiere es volver en la misma Europa a un capitalismo del siglo XIX y cualquier ejemplo en contrario les duele un poco.

Pero más les va a doler cuando los “indignados” se sacudan en serio de la trampa en la que cayeron, desde las “subprime” a la pérdida de sus empleos.

En cuanto a los argentinos, quizás algunos recuerden con igual furor los 500 millones de dólares que confiaron en el gentleman Bernard Madoff, billetes verdes que nunca más verán, o que invirtieron en las ahora desvalorizadas propiedades de Miami o de las costas españolas, verdaderos cantos de sirena.

* Economista e historiador.

Fuente: http://www.pagina12.com.ar/diario/economia/2-204158-2012-09-25.html

El peligroso y descafeinado mundo en el que vivimos ahora

Slavoj Zizek

Acusado de ser el ideólogo de un nuevo holocausto, o de ser el pensador más peligroso de Occidente, Slavoj Zizek se ha convertido quizá en el intelectual más influyente de esta década. O, al menos, en el más popular. Un filósofo y ateo combativo que bebe de la teoría lacaniana y que cada año se renueva y muestra toda su artillería teórica. Hace unos meses, por ejemplo, publicó el volumen de 1000 páginas «Less Than Nothing: Hegel and the Shadow of Dialectical Materialism». Y un año atrás, «Living in the End Times». Aquí una mirada a algunas declaraciones suyas dadas en varias entrevistas, en las que reflexiona sobre la crisis del capitalismo, la identidad, la democracia, el cinismo, la individualidad y la libertad. Un abrebocas y punto de entrada para explorar por toda su importante obra.

INMORTALES

El problema de la clonación es que no puedes morir. Es como si tú te mataras y ellos encontraran (hablando idealmente, por supuesto ya que no es todavía científicamente posible) un trocito de carne putrefacta que un buen día fue tuyo y… pueden reproducirte. De pronto eres infinitamente reproducible. Nadie sabe cómo afectará esto a la individualidad.

LA VERDAD ESTÁ EN LA MÁSCARA

¿Se acuerda del 11 de septiembre? Fue una tragedia, y no pretendo burlarme de ello… Bien, se acuerda que algunos pasajeros, al darse cuenta de que iban a morir, pudieron hacer una última llamada a sus familias; y el mensaje fue siempre el mismo: “Voy a morir, pero recuerda que te amo”. No creo que algo de todo aquello haya sido auténtico. Es horrible, pero… Hasta pude hablar con un periodista, que investigó alguno de esos casos y descubrió que uno de los hombres que llamó a su mujer y le dijo “te amo”, estaba en ese vuelo para encontrarse con su amante. Quiero decir que no somos auténticos cuando estamos cerca de la muerte. Nos encontramos en un estado de pánico absoluto, queremos salvarnos y salvar nuestra imagen para la posteridad… Esa el la gran lección del psicoanálisis: Tenemos una máscara, y detrás de ella está nuestro rostro, pero en la máscara hay más verdad. Y los niños pequeños lo saben, haga el experimento si tiene un niño pequeño. Yo lo he hecho con mi hijo… es un poquito cruel: acérquese con la máscara puesta, el niño se asustará, quítesela: “Mira, solo es tu estúpido padre”… y el niño reirá. Pero cuando vuelva a ponerse la máscara, el niño volverá a asustarse, aunque ya sepa que detrás de ella solo está su padre. Y tiene razón: La verdad está en la máscara. Esa es otra lección de la teoría de Lacan del “sujeto descentralizado”.

EL OTRO DESCAFEINADO

El punto es, para mí, que percibimos al otro como un potencial peligro tóxico; y por eso no confío en aquel otro típico y políticamente correcto tópico americano de la “Molestia”, no nos debemos “molestar” los unos a los otros… la “Molestia” es un término que señala nuestra necesidad de no permitirle al otro acercársenos demasiado. Por eso utilizo ese motivo en mis libros, y lo mismo sucede con el consumo: siempre queremos el producto libre de su parte tóxica: queremos café pero sin cafeína, queremos cerveza sin alcohol, queremos dulces sin azúcar, y en el plano de la intersubjetividad lo que realmente queremos es el “otro descafeinado”.

UTOPÍA NOVENTERA

Está muy de moda decir que la desintegración del comunismo en 1989 significó el fin de la utopía y el ingreso a un mundo “post-ideológico”. Sin embargo, los años 90 señalaron el surgimiento de una auténtica utopía. Con el capitalismo liberal ya tenían la fórmula. Todo lo que necesitaban entonces era difundir una actitud posmoderna: nada de identidades fijas. Esa fue la utopía. Si el 11 de setiembre de 2001 tiene un significado simbólico, es justamente el de marcar el final de esta utopía. De manera que, para mí, la verdadera utopía fue la de los años 90. Teníamos todas las respuestas. Debíamos olvidar la revolución porque vivíamos en el mejor sistema posible. Lo que nos hacía falta era más tolerancia, multiculturalismo, libertad sexual. Esto terminó el 11 de setiembre.

LA CRISIS DEL CAPITALISMO

Por supuesto, la inestabilidad e irracionalidad del sistema han quedado ahora al descubierto para todo el mundo, pero deberíamos recordar que esta crisis es una crisis de confianza; estamos gastando billones de dólares en restablecer la confianza. Sin embargo, no creo en lo que piensa la izquierda: “Oh, ahora con la crisis la gente va a darse cuenta de la irracionalidad del capitalismo, quizás esto nos ayude a inventar algo distinto…” Por el contrario, creo que las crisis representan momentos muy peligrosos, y la primera reacción siempre es el miedo; la gente no renuncia a su ideología, sino que se aferra aún más desesperadamente a ella. Hay cosas que podemos aprender de las crisis, pero lamentablemente, al final, el resultado de las crisis va a ser otro ejemplo más de lo que Naomi Klein denominó en su último libro “La Doctrina del Shock”: la crisis es utilizada como estrategia para imponer las reglas del juego capitalista más radicalmente.

LA GUERRA DE IRAK

He escrito sobre ello en La tetera prestada, utilizando un viejo adagio iraquí: un tipo se queja ante otro de que le ha devuelto rota la tetera que le prestó. El otro responde que nunca tomó prestada una tetera. Luego puntualiza que la devolvió intacta. Y añade que, en cualquier caso, la tetera ya estaba rota cuanto la tomó prestada. Las justificaciones de Washington para la guerra de Irak son igualmente incongruentes. George Bush afirmó que Irak disponía de armas de destrucción masiva. Más tarde, que aunque no tuviera esas armas cooperaba con Al Qaeda y constituía una amenaza para el mundo. Al final argumentó que Sadam Husein era un dictador terrible y que eso era razón suficiente para derrocarle. En realidad, las razones eran la extensión de la democracia, la demostración de la hegemonía mundial de Estados Unidos y el control del petróleo, argumentos incongruentes entre sí que condenaban al fracaso la invasión.

SI DIOS FUESE UN PROGRAMADOR

Creo que la única forma de solucionar el problema de la Libertad Humana, la única manera de evitar la idea de que objetivamente estamos manejados por diversos mecanismos y que la libertad solo es una ilusión, es entender a la realidad como algo incompleto, como ontológicamente no del todo constituida. ¿Qué quiero decir con esto? Lo puedo explicar de manera popular, tendiendo un maravilloso paralelo con los videojuegos: En los videojuegos, la realidad no está construida completamente: vemos una casa en segundo plano, pero la casa no está terminada, no está completamente programada, porque el juego no preve que vayamos a entrar ahí; o vemos árboles difusos en el fondo de la escena, pero no podemos acercarnos y ver cómo son esos árboles: existen, pero solo en ese estado de difusión; el universo no está completamente construido. La idea, genial, es: ¿Y si nuestro mundo estuviera constituido de manera similar? Es algo que descubrió la física cuántica, con el principio de indeterminación de Heisenberg, que la realidad misma no está completamente constituida. Si nos acercamos lo suficiente, vemos que la realidad se vuelve difusa, que no está claramente identificada. En otras palabras, y ahora llega el chiste, es como si Dios fuera una especie de programador que creyó que los hombres seríamos demasiado estúpidos como para investigar la realidad hasta el final: ¿porqué iba a tomarse el trabajo de programar todo hasta el último nivel cuántico y subatómico? ¡Hay allí cosas que realmente no están determinadas! Creo que como materialistas, debemos pensar esa apertura, esa falencia ontológica, sin Dios. La realidad no está elaborada por completo; es como si hubiera agujeros blancos y negros, puntos ciegos en la realidad… y esa indeterminación de la Realidad pude, quizás, salvar la Libertad.

TODOS SOMOS CÍNICOS

Sí, perfecto, lo puedo explicar brevemente, con otra pequeña historia que dice mucho sobre la ideología de hoy. Nils Bohr (otra vez, hablando de física cuántica, y esto lo leí en su biografía) tiene una anécdota maravillosamente paradójica: Un amigo lo visitó un día en su casa de campo, y vio que sobre la puerta colgaba una herradura (como sabemos, la superstición europea dice que tener una herradura sobre la puerta impide que los malos espíritus entren en la casa). El amigo (que también era un científico) sorprendido le preguntó al ver la herradura: “¿Por qué tienes eso ahí? ¿Crees en esa superstición?” a lo que Nils Bohr respondió: “Por supuesto que no, soy una persona racional” y el amigo preguntó “¿Y por qué lo tienes?” ¿Y sabe lo que respondió Nils Bohr? “Lo tengo ahí porque escuché que funciona aunque no se crea en ello”. Así funciona, eso es democracia hoy. Todos somos cínicos, nadie cree, pero todos nos comportamos como si creyéramos.

USTED ES LA CULPABLE

Vivimos en una época única, porque estamos motivados por la ideología. Ya no existen las llamadas clásicas “Sé un cristiano” o “Sé un comunista”, “Sacrifícate”… lo que la sociedad hoy quiere de nosotros es una vaga especie de hedonismo iluminado, “Sé tu mismo”, “Sé fiel a ti mismo”, “Realiza tus potenciales”, y siempre con ese aspecto terrorista: ¡Disfruta! ¿Sabe dónde pude experimentarlo? Aquí en Zurich, compré un paquete de golosinas caras, empaquetadas herméticamente, hay que comerlas muy frescas, y me reí mucho al abrir el paquete, pues decía: “Sofort Geniessen!” (“Disfrútelas en seguida!”) Eso es ideología hoy. Literalmente, lo escucho una y otra vez de psicoanalistas: las personas tienen culpa, no porque tengan deseos prohibidos, como antes, cuando los homosexuales sentían culpa, no: las personas sienten culpa porque no son capaces de disfrutar.

SABIDURÍA A LO DALAI LAMA

Lo que no soporto es la “sabiduría” del “intelectual sabio”… Creo que vivimos en una época potencialmente peligrosa, y por eso estoy nervioso. Hay buenos motivos para estar nervioso. Creo que ya no podemos darnos más el lujo de la sabiduría a lo “Dalai Lama”, ése es el camino directo a la catástrofe.

Fuente: http://lamula.pe/2012/09/17/zizek-filosofia-cultura-sociedad/bufalino

La perspectiva bélica de la Seguridad Nacional

En décadas pasadas se difundió otra perspectiva bélica, conocida como de seguridad nacional, que comparte con la visión comunicativa del poder punitivo su carácter de ideología de guerra permanente (enemigo disperso que da pequeños golpes).  Por ello, sería una guerra sucia, contrapuesta a un supuesto modelo de guerra limpia, que estaría dado por una idealización de la Primera Guerra Mundial (1914 – 1918), curiosamente coincidente con el culto al heroísmo guerrero de los autoritarismos de entreguerras (la camaradería de trincheras, los colosos musculosos, etc.).  Se razonó que, dado que el enemigo no juega limpio, el estado no estaría obligado a respetar las leyes de la guerra, argumento con el cual se entrenaron fuerzas terroristas que no siempre permanecieron aliadas a sus entrenadores.  Con este argumento, se consideró una guerra lo que era delincuencia con motivación política y, pese a ello, tampoco se aplicaron los Convenios de Ginebra, sino que se montó el terrorismo de estado que victimizó a todos los sectores progresistas de algunas sociedades, aunque nada tuviesen que ver con actos de violencia.  La transferencia de esta lógica perversa a la pretendida guerra contra la delincuencia permite deducir que no sería necesario respetar las garantías penales y procesales por razones semejantes.  De este modo, así como la guerrilla habilitaba el terrorismo de estado y el consiguiente asesinato oficial, el delito habilitaría el crimen de estado.  Por este camino, la guerrilla habilitaba al estado a ser terrorista y el delito a ser criminal; en cualquier caso la imagen ética del estado sufre una formidable degradación y, por ende, pierde toda legitimidad.

Eugenio R. Zaffaroni, Manual de Derecho Penal, Parte General, 2da Edición, EDIAR, Bs As, 2010, Cap. 1: Poder punitivo y derecho penal, Pág. 18.
 

Confusiones peligrosas

Por Mario de Casas (Presidente del ENRE*)

En la medida en que se acerca octubre, reaparecen voceros de viejas confusiones, algunas reveladoras de lo que se pone en juego en las próximas elecciones. Candidatos, opinadores y comentaristas de la prensa opositora, que suelen presentarse como promotores de la “modernidad” o exponentes del progresismo vernáculo, proponen desde sus pertenencias partidarias o exaltan desde su “objetividad” periodística una “socialdemocracia” que nos rescataría del “populismo” que gobierna.

Lo que obliga a prestarles atención es que no sólo insisten después de fracasos propios sino que repiten la antigua e inconducente manía de traer recetas de otras latitudes y aplicarlas acríticamente como respuesta a lo que supuestamente necesitamos; en este caso hay que agregar como agravante que la socialdemocracia realmente existente rompió el pacto de la última posguerra entre capital y trabajo, y se convirtió en ejecutora de las políticas neoliberales que han deteriorado y siguen deteriorando las condiciones de vida de los sectores populares más vulnerables en distintos países de Europa occidental.

Pero hay que remontarse al tramo final de la última dictadura para encontrar las raíces ideológicas de aquellas formulaciones en estos pagos. Si bien el pensamiento socialdemócrata no era en esa época homogéneo, el grupo predominante, que después dio elementos clave del discurso a distintos partidos, incluyendo a los sectores más dinámicos del peronismo y el radicalismo –ávidos de “letra” luego del obligado ostracismo–, ya había sido colonizado por influencias que resultarían funcionales al nuevo orden. Para dar una pista: el objeto de estudio había dejado de ser la totalidad social; el “nuevo paradigma” imponía abordar la realidad en fragmentos que aparentemente nada tenían que ver entre sí.

Este fue el comienzo de un proceso discursivo que culminaría justificando –voluntariamente o no– a la democracia como mecanismo de legitimación de un poder que se había consolidado a sangre y fuego, como el control social indispensable para enfrentar la agudización de la crisis provocada por la agobiante deuda externa y los sucesivos programas de ajuste estructural: había aparecido la tesis de la democracia como forma pura, sin contenidos, que los “cientistas” sociales de la época convirtieron en blasón y que teóricamente suponía la existencia de una esfera estrictamente política desligada de la economía, la sociedad y la historia.

Tal viraje en la sociología y otras disciplinas implicó, por ejemplo, que de la problemática de los patrones de acumulación capitalista se pasara al análisis del sistema político; de aportes insoslayables del método de Marx para explicar la dinámica social, a la sociología de Alain Touraine, Agnès Heller o Ludolfo Paramio, todos teóricos del reflujo de la izquierda europea, pasando por la recuperación de autores como Hannah Arendt. Se había decretado algo así como la extinción teórica del capital y del Estado, reemplazando la contradicción entre clases sociales por una curiosa oposición entre Estado y “sociedad civil”.

A estos efectos fue fundamental una lectura sui generis del gran pensador y político italiano Antonio Gramsci, basada en una tergiversación de sus conceptos de sociedad civil y hegemonía.

Así, la consolidación de la sociedad civil que en Gramsci corresponde a una instancia más desarrollada del dominio de la burguesía –y, por lo tanto, del Estado que le responde, aquella que se basa no en la coerción sino en la hegemonía devino increíblemente en su antítesis, el fortalecimiento de la sociedad frente al Estado –reducido a la esfera del sistema político–; es decir, una especie de anarco-capitalismo: más sociedad y menos Estado.

Al escamoteo del Estado correspondió el del capital. El discurso excluyó los términos –en principio semánticamente inocuos– capital y capitalismo como parte del esfuerzo ideológico por hacer invisible el capital. La identificación de sociedad civil con la sociedad en general fue la estratagema teórica para disolver las relaciones de dominación y (re)formular la sociedad como el escenario de la igualdad jurídica, el lugar de la competencia entre individuos y grupos portadores de intereses privados. Con su “sociedad civil”, la versión socialdemócrata de Gramsci había hecho desaparecer las categorías capital, poder y clase social (esta última, lo mismo que los movimientos nacional-populares, volatilizados en eso que dio en llamarse “movimientos sociales”).

Fue el sociólogo ecuatoriano Agustín Cueva uno de los críticos del desvío que, en cuanto al concepto de hegemonía, adoptó el gramscismo autóctono. Cueva reconoce este aporte gramsciano para diferenciar las formas de gobierno de la burguesía en los distintos países de la cadena imperialista –el “centro” y la “periferia”–; pero cuestiona las imprecisiones y omisiones en su formulación que dieron lugar a por lo menos dos errores en la interpretación y uso del concepto: separar el momento de la hegemonía como proceso cultural del proceso estructurado de reproducción social (reproducción de determinado modo de producción), tomando como absoluta una autonomía de la política que es apenas relativa, e ignorar el carácter imperialista de Occidente.

Por un lado se sostenía que era posible lograr una nueva “hegemonía” (en esta nueva acepción del término) sólo con el combate ideológico, sin alterar la estructura de poder. Por otro, se desconocía que la hegemonía no es una cuestión de escala nacional, tiene su soporte en –y forma parte de– una estructura internacional; no hay en esto exageración, uno de los espejismos que produce el sistema imperialista es su falta de articulación: da la sensación de que la situación de sus eslabones más “avanzados” poco o nada tienen que ver con sus enclaves más “atrasados”, ni en el plano económico ni en el político, anverso y reverso de una misma moneda.

El concepto de hegemonía tampoco entra en la escala partidaria, como cacarean los custodios del “pluralismo”: en las denominadas democracias burguesas, los partidos serían –en el mejor de los casos– algo así como distintas expresiones de una misma hegemonía.

Lo importante es que con estas maniobras ideológicas se ocultaba nuestro problema estructural, que seguía siendo la condición de país subdesarrollado y dependiente; y si se lo llegaba a considerar, era como un problema “técnico” de competencia de los economistas, quienes para peor cultivaban en su mayoría la ortodoxia marginalista y ubicaban sus faros académicos (Chicago) otra vez muy lejos de nuestra realidad.

Cumplido su cometido, Gramsci empezó a ser olvidado y el pensamiento democrático buscó otros fundamentos en Tocqueville, Weber o Giddens, cada uno en su nivel, hasta que comenzó la sustitución por un nuevo discurso que gobernaría las ciencias sociales y aledaños en los ’90: el de la “gobernabilidad”; asimismo había llegado el momento de retomar los cuestionamientos al populismo. Mientras tanto, la derecha, desentendiéndose también de la configuración de la economía, atribuía todos los (sus) problemas a la falta de “seguridad jurídica” y de “calidad institucional”.

No es necesario destacar que buena parte de las falacias señaladas fueron cimentando gradualmente la catástrofe de diciembre de 2001.

En estos días, lo que en realidad cuestionan al gobierno los sectores dominantes, camuflados con el discurso antipopulista, es que haya roto una pretensión no escrita pero vigente durante muchos años: pedir a los trabajadores que en lo económico (es decir en cuanto a sus reivindicaciones salariales) se comporten como integrantes de los sectores subalternos de un país subdesarrollado, pero que en lo político actúen como auténticos ciudadanos escandinavos.

Es que el proyecto político en ejecución, lejos de la ficción de suponer la política aislada de estructura económica y de la historia, ha ido modificando el patrón de acumulación por el camino de la reindustrialización, y promueve un pacto social entre capitalistas y trabajadores, pero observando no sólo la razonabilidad de la recuperación salarial sino también la de la tasa de ganancia del capital.

Finalmente, afectados de un ideologismo agudo y aparentemente incurable, confunden como “aislamiento internacional” lo que no es otra cosa que la realización de una política exterior que prioriza los intereses nacionales y regionales con un importante nivel de autonomía, que permite mantener relaciones de conveniencia recíproca con todo el mundo.

Sería lamentable que confusiones de esta especie volvieran a orientar la marcha del Estado; en ese caso se convertirían en altamente peligrosas.

*ENRE = Ente Nacional Regulador de la Electricidad

URL de la nota: http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-161930-2011-02-08.html

Mixofobia y Mixofilia

Por: Zaydy Del Pino **

El concepto de espacio público se define en contraposición al ámbito privado, en donde el acceso es limitado y está basado en una serie de reglas que posibilitan la entrada, la permanencia y la expulsión de las personas. Un ejemplo es el ámbito del trabajo: hay reglas que rigen su funcionamiento y están avaladas por la constitución. Es el propietario quien se reserva el derecho de admisión, como tantas veces se lee en los carteles de varios comercios.

Zygmunt Bauman nos brinda una noción amplia:

“El espacio es público en la medida en que los hombres y las mujeres a los que se le permite la entrada y tienen probabilidades de entrar no son preseleccionados. No se requieren pases ni se registra a quien entra ni a quien sale. La presencia en un espacio público es, pues, anónima y, por consiguiente, es inevitable que quienes estén presentes en ese espacio tiendan a ser extraños entre sí y lo sean también para las personas a cuyo cargo está dicho espacio. Los espacios públicos  son lugares en los que los extraños coinciden; constituyen, por tanto, compendios y versiones condensadas de los rasgos definitorios de la vida urbana. Es en esos espacios públicos donde la vida urbana y todo aquello que la diferencia de otras formas de unión humana alcanza su máxima expresión, complementada con sus alegrías y penas, premoniciones y esperanzas, más características.”

Teniendo presente esta definición: ¿Es posible la existencia de estos espacios públicos en nuestra ciudad?

En la vida cotidiana se tiende a definir lo público como un espacio en donde no es necesario abonar una determinada suma monetaria para ingresar y ser considerado como parte constitutiva. Así, ejemplos de lo público son las escuelas, colegios, universidades y los medios de transporte.

Sin embargo, esta mirada sobre lo público sólo tiende a considerar el lado monetario, económico. La universidad pública no exige como condición un aporte económico pero sí requisitos como por ejemplo haber cursado el nivel primario y secundario respectivamente; en otras palabras, ser poseedor de un capital cultural y simbólico. En cuanto al transporte, es considerado público porque los usuarios son masivos y heterogéneos; muchas veces se deja de lado una condición previa para ser considerado usuario: abonar una determinada suma. Es, en este contexto, que se hace imprescindible formular si realmente existe un espacio público que cumpla con todas las características mencionadas por el autor.

La respuesta es afirmativa.

En la ciudad de Buenos Aires hay un espacio público por excelencia, son las denominadas plazas públicas. Se puede, incluso, considerarlas como el pulmón de la ciudad, no sólo por tratarse de espacios verdes que ayudan a combatir la contaminación ambiental sino porque permiten un lugar para el respiro frente a otros rasgos característicos de la ciudad como el transito y el consumo.

Es un lugar en donde cada habitante puede descansar del ritmo urbano. Es, en este espacio, en el cual se puede cohabitar con los demás, donde el otro no es visto con tensión; quienes habitan en las plazas no son iguales entre sí, las personas no son homogéneas, y las diferencias no son obstáculos para habitar un espacio común.

Las plazas son parte constitutiva de la ciudad porque posibilitan un sentimiento de comunidad, de unión humana. Recordemos que en el 2001 en muchos barrios de la ciudad, los vecinos empezaron a organizar reuniones en las plazas para hacerle frente a la crisis. Se establecían nuevos vínculos de comunidad, aquellos que se habían perdido durante los años precedentes.

Una plaza representativa de la ciudad es la Plaza Miserere. Es el símbolo de un espacio público habitado por personas procedentes de distintos lugares, y por lo tanto de una cultura diferente. No sólo aquellas que provienen de las ciudades del interior sino también del extranjero. Es, de este modo,  como se entremezclan los acentos, colores y cuerpos de las personas.

Néstor García Canclini nos habla de las dos multiculturalidades urbanas: en primer lugar, el pasaje de las ciudades a las megaciudades y en segundo lugar, el pasaje de la cultura urbana a la multiculturalidad. El hecho de que la Plaza Miserere sea una representación de la multiculturalidad, nos permite comprender la coexistencia de múltiples culturas en nuestra ciudad.

En palabras del citado autor: “Pareciera que en la actualidad la búsqueda no es entender qué es lo específico de la cultura urbana, qué la diferencia de la cultura rural, sino cómo se da la multiculturalidad la coexistencia de múltiples culturas en un espacio que llamamos todavía urbano.”

Es importante recalcar que las plazas también son un espacio de entretenimiento, paseo y recreación. En una ciudad como Buenos Aires las industrias culturales son un abanico de opciones, así tenemos como ejemplos el cine, el teatro, la televisión. Contrariamente a lo que sucede con espectáculos como el cine, en una plaza no es condición indispensable consumir para disfrutar y sentirse miembro. No hay que abonar una entrada.

Como lo afirma Zygmunt Bauman, no hay una preselección, ni un requisito excluyente para que un hombre, una mujer, niño, anciano, extranjero, desempleado, jubilado, etc. ingresen en un espacio público, sólo de esta manera será público con todas las letras.

El enrejamiento de las plazas: un fenómeno en aumento.

Si las plazas de Buenos Aires permiten una convivencia con el otro, con lo diferente, es central para el presente y el futuro de la vida urbana.

Siguiendo a Bauman: “La modernidad intentó aniquilar e igualar las diferencias, como la posmodernidad marcar y resaltar estas diferencias a través de la separación y el distanciamiento”.

¿Qué sucede con el enrejamiento de las plazas públicas? ¿Cómo puede explicarse este fenómeno? A partir de lo que actualmente es tendencia en algunos barrios de la ciudad, ¿es posible seguir considerando a las plazas como el espacio público por excelencia?

Los primeros enrejamientos se empezaron a llevar a cabo durante el 2001. Según el Gobierno de la Ciudad, uno de los motivos de esta decisión fue la inseguridad que se vivía: muchos delinquían en las plazas de noche. La solución estaba a la vista, y de esta manera se creyó combatir de manera efectiva a la delincuencia. Los vecinos y transeúntes de la zona podían estar tranquilos. Las plazas serían cerradas de noche, mientras de día estarían abiertas a todo el público.

Zygmunt Bauman nos propone dos conceptos fundamentales, los cuales son valiosos para explicar las tendencias actuales de la globalización y el enrejamiento de las plazas.

Estos dos conceptos son: la mixofobia y la mixofilia. La ciudad es considerada como vertedero y como un campo de batalla. Funciona como vertedero porque se busca combatir los problemas que se generan a nivel global en el contexto local, y como campo de batalla porque es una lucha entre la mixofobia y la mixofilia.

La mixofilia es el deseo de unirse y mezclarse con las diferencias, con los que no son iguales a nosotros. Estas diferencias están relacionadas con la nacionalidad de las personas, la clase social a la que pertenecen y la religión, las cuales funcionan como atracción para una comunión. Es de suponer que la mixofilia fue uno de los motores de la formación de las ciudades y el principal atractivo para los pobladores rurales que migran a las grandes ciudades: son los deseos de conocer un mundo nuevo, lleno de novedades y de personas distintas. Son estas promesas que se encienden como esperanzas. La vida cotidiana en los pueblos se desarrolla predeciblemente  porque todos sus pobladores se conocen: se sabe que al día siguiente uno se encontrará con tal persona y el encuentro con extraños se dará solamente en ocasiones especiales. A raíz de estas características,  las ciudades son promesas de novedad y aventura para los habitantes rurales.

En cambio, la mixofobia se mueve en un sentido contrario: es el miedo al otro, al diferente. En un mundo globalizado las ciudades están habitadas por personas procedentes de distintos países y es así como la Plaza Miserere está poblada por extranjeros.

Por ejemplo, durante los noventa un discurso muy frecuente fue que los inmigrantes, provenientes de países limítrofes “le quitaban el trabajo a los argentinos”, éste discurso marcaba cierta antipatía hacia el extranjero.

Pero, ¿cómo puede explicarse la mixofobia, relacionándolo con el enrejamiento de las plazas? En la respuesta, son centrales las diferencias de clase social que están presentes en nuestra sociedad.

Quienes delinquen en las plazas son las personas que están excluidas: no habitan en un hogar estable, no tienen un trabajo ni la posibilidad de acceder a una educación. Para el ciudadano común, que es poseedor de una educación, un hogar y un trabajo, se le hace intolerable que estas personas habiten en las plazas, a gusto y antojo, sin control y dispuestos a robarles sus pertenencias. Ante este problema, exigen una solución que no tarda en llegar: las plazas son enrejadas.

Partimos de considerar a las plazas como espacios públicos por excelencia. Llegamos a un punto en donde la absoluta libertad de entrada y permanencia están siendo restringidos.

La solución para resolver los problemas de la exclusión social no son los enrejamientos.

Los espacios públicos no deben ser restringidos y limitados, los que habitamos en las ciudades necesitamos más espacios en donde compartir nuestra existencia con los demás, más allá de las diferencias que se originan en la sociedad, que es la nuestra, en la cual estamos involucrados y no es ignorando e impidiendo la entrada a los que no son como nosotros, como ayudamos a contribuir los lazos de fortalecimiento y amistad entre los seres humanos.

Recordemos las palabras de Bauman: “Estas dos tendencias coexisten en la ciudad, y personalmente, no creo que tal existencia sea en sí misma una solución. Así pues, lo que podríamos, podemos y deberíamos hacer es contribuir a alterar sus proporciones: hacer algo para incrementar la mixofilia y reducir la mixofobia”.

Está en nosotros la capacidad para fortalecer los lazos de fraternidad entre los seres humanos y responsabilizarnos por el mantenimiento de nuestros espacios públicos, sin necesidad de temer que esos seres humanos “iguales” a nosotros, nos harán daño. Recordar que al fin y al cabo, las ciudades funcionan como vertederos.

** Zaydy Del Pino
Estudiante de Ciencias de la Comunicación
Universidad de Buenos Aires